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12 abril, 2019 Psicologia Clínica

Comenzar este post mencionando lo que son los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Estos se caracterizan por un comportamiento patológico relacionado con la ingesta alimentaria y/o peso. En ocasiones pueden aparecer otras patologías asociadas como la depresión, el abuso de sustancias o los trastornos de ansiedad. La dificultad que presentan respecto al tratamiento es que la persona afectada habitualmente presenta una falta de conciencia de enfermedad y esto dificulta la adherencia al tratamiento.

¿Qué es el trastorno por atracón?

El Trastorno por Atracón  es uno de los trastornos incluidos dentro de los trastornos de la conducta alimentaria, actualmente está considerado el más frecuente entre la población obesa y parece aumentar más rápidamente en la población general frente al resto de trastornos de la conducta alimentaria, de ahí la importancia de su conocimiento.

Se caracteriza principalmente por la presencia regular de episodios de descontrol alimentario, donde la persona ingiere una gran cantidad de calorías o dicho de otra forma, atracones. Dicha ingesta superaría a lo que una persona normalmente comería en el mismo período de tiempo. Estos atracones se asocian a tres (o más) hechos como son: 1) Comer mucho más rápidamente de lo normal, 2) Comer hasta sentirse desagradablemente lleno, 3) Comer grandes cantidades de alimentos cuando no se siente hambre físicamente, 4) Comer solo debido a la vergüenza que se siente por la cantidad que se ingiere, 5) Sentirse luego a disgusto con uno mismo, deprimido o muy avergonzado

Para su diagnostico además se deben presentan al menos una vez a la semana durante tres meses,  viviéndolos con una sensación fatal de control y malestar con la situación. Cabe destacar otra característica del trastorno por atracón y es que, la persona no realiza ninguna conducta compensatoria como pueden ser vómitos, ejercicio extremo, laxantes, etc., siendo esto la peculiaridad que lo diferencia de otros trastornos de la conducta alimentaria como es la Bulimia Nerviosa (BN).

El trastorno por atracón implica además un deterioro en la calidad de vida de la persona afectada, así como problemas de adaptación social, y mayor riesgo de desarrollar obesidad y/o sobrepeso.

 

La importancia del Tratamiento psicológico

Los objetivos fundamentales que perseguimos en Albanta Logopedia y Psicología a la hora de tratar el trastorno por atracón, son:

– Reducir la frecuencia de los atracones y la disminución de la cantidad de alimentos que se ingieren en cada uno de ellos.

– Mejorar las diferentes áreas del funcionamiento psicosocial.

– Aumentar la calidad de vida

– Establecer el estado de salud de la persona que sufre el trastorno.

-Tratar si existen problemas comórbidos de ansiedad, depresión, etc.

 

Como conclusión añadir que como se ha dicho anteriormente el tema de los trastornos de la conducta alimentaria están en pleno auge por lo que es muy importante detectarlos a tiempo y tratarlos correctamente.

 

Bibliografía

Palacios, A. G. (2014). El trastorno por atracón en el DSM-5. Cuadernos de medicina psicosomática y psiquiatría de enlace, (110), 70-74.

Baile, J. I. (2014). Trastorno por atracón: reconocido oficialmente como el nuevo trastorno del comportamiento alimentario. Revista médica de Chile142(1), 128-129.

APA, 2014 American Psychiatric Association, DSM 5 – Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Editorial Panamericana; 2014.

 


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El Trastorno Delirante es un trastorno psicótico que se caracteriza por la presencia de una o más ideas delirantes sin que haya presente otra patología significativa. Las ideas delirantes son creencias, demostrablemente falsas, que aparecen por una inferencia incorrecta, no compartida por otras personas y que se mantienen por la insuficiente información que vaya en contra de la creencia. Estas ideas delirantes, deben estar presentes como mínimo un mes o más, y pueden ser cosas que pueden ocurrir (creer que mi pareja me está engañando) o cosas improbables de que aparezcan (me persiguen extraterrestres). Un aspecto importante a destacar en este trastorno es la ausencia de Insight o conciencia, es decir, la persona no es consciente de que tiene un trastorno mental y esto se relaciona con un mal pronóstico/evolución de la enfermedad porque la persona no cumple con el tratamiento que le han recomendado.

Los criterios según el DSM-5 (American Psychiatric Association) son:

  1. La presencia de una o más ideas delirantes que persisten durante un mes o más.

NOTA: Si hay alucinaciones, no son prominentes y están relacionadas con el tema delirante (por ejemplo: la sensación de estar infectado por insectos asociado con un delirio de infestación).

  1. Nunca se ha cumplido con el criterio A para la esquizofrenia.
  2. Un comportamiento no obviamente extraño o extravagante a excepción de los que atañen al delirio o sus ramificaciones.
  3. Si ocurriesen episodios maníacos o depresivos, estos han sido de menor duración en relación con los períodos delirantes.
  4. La determinación de que el trastorno no es debido a un trastorno inducido por sustancias o secundario a una enfermedad y no se puede calificar como un trastorno dismorfofóbico u obsesivo compulsivo.

 

Este trastorno presenta varios subtipos:

  • Erotomaníaco: la idea delirante se refiere a un amor romántico y espiritual más que a la atracción sexual. La idea central del delirio es que otra persona, la cual suele tener un status más elevado que el de la persona que tiene el trastorno está enamorada de ella.
  • Grandiosidad: el eje central de la idea delirante es la convicción de tener un talento extraordinario (aun no reconocido) o la sensación de haber hecho algún descubrimiento importante. Estas ideas pueden ir asociadas con contenido religioso.
  • Celotípico: la idea delirante se basa en que el cónyuge o amante de la persona le es infiel. No hay ningún motivo en el que se base la creencia. La persona con la idea delirante, está continuamente discutiendo con la pareja y hace inferencias erróneas que usa como “pruebas” y que apoyan la idea delirante.
  • Persecutorio: la persona piensa que está siendo el protagonista de una conspiración, es engañado, espiado, perseguido, envenenado o drogado para que no pueda conseguir sus metas a largo plazo. A menudo, el centro de la idea delirante suele ser alguna injusticia que tiene que resolverse legalmente, por lo que hay intentos de acudir a los tribunales e instituciones gubernamentales.
  • Somático: la persona tiene creencias acerca de funciones o sensaciones corporales propias. Se pueden presentar de distintas formas como por ejemplo la persona piensa que emite un olor insoportable, que está infectado por insectos, que tiene parásitos, que su cuerpo tiene malformaciones, o que alguna parte de su cuerpo no funciona.
  • Mixto: cuando hay varias ideas delirantes, pero no hay ninguna que sobresalga.
  • No especificado: se aplica cuando la creencia delirante no está especificada con claridad o no pertenece a algún tipo específico de los mencionados anteriormente.

 

TRATAMIENTO DEL TRASTORNO DELIRANTE

Los tratamientos dirigidos a este tipo de trastorno tienen como objetivos aliviar sus síntomas, reduciéndolos y haciendo que la otra persona pueda pensar con más claridad. Un aspecto fundamental en el tratamiento es conseguir una buena relación terapéutica para que el paciente confíe y vaya avanzando progresivamente. Para ello, debemos aceptar aquello que la persona nos cuente, pero siendo conscientes de que son creencias.

El tratamiento se puede basar en las siguientes líneas de intervención:

  • Terapia Cognitiva Conductual. Con ella se trabaja la modificación de las creencias delirantes y sus consecuencias emocionales y conductuales.
  • Exposición en imaginación. Cuando las ideas delirantes van asociadas a una elevada ansiedad, la exposición a estos pensamientos de forma gradual hace que disminuya la ansiedad y el paciente sea capaz de enfrentarse de una forma más óptima a sus delirios.
  • Encadenamiento de inferencias. Con esta técnica se trabajan las creencias que tiene el paciente como si fuesen verdaderas y el terapeuta haría preguntas como “que pasaría”, “en que se traduciría”, “que supondría”… Las respuestas se van encadenando formando inferencias hasta que progresivamente, el paciente identifica algunas creencias disfuncionales básicas.
  • Tratamiento psicoeducativo para los familiares con el objetivo de reducir la culpabilidad, aumentar el conocimiento de la enfermedad y desarrollar procedimientos educativos para tener un mejor manejo del paciente.
  • Entrenamiento en habilidades sociales para conseguir la integración social y la adaptación adecuada al entorno.

 

REFERENCIAS

  • Cuevas, C., Perona, S. y Martínez, MJ. (2003). Tratamiento Cognitivo-Conductual de un Paciente con Diagnóstico de Trastorno Delirante. Psicothema, 1, 120-126.
  • Cuevas-Yust, C. (2006). Terapia Cognitivo Conductual para los Delirios y Alucinaciones Resistentes a la Medicación en Pacientes Psicóticos ambulatorios. Apuntes de Psicología, 24(1), 267-292.
  • González, NC. (2014). Trastorno Delirante: ¿Es Realmente Diferente de la Esquizofrenia? [Tesis Doctoral]. Universidad Autónoma de Barcelona, Departamento de Psiquiatría, España.

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La Federación Estatal de Asociaciones de Profesionales de Atención Temprana (G.A.T) define la Atención Temprana como el conjunto de intervenciones, dirigidas a la población infantil de 0 a 6 años de edad, a la familia  y al entorno, con el objetivo de dar una respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su desarrollo o que tienen el riesgo de padecerlos. Estas intervenciones, que deben considerar la globalidad del niño, han de ser planificadas por un equipo de profesionales de orientación interdisciplinar o transdisciplinar.

Dentro de la atención infantil que trabajamos en Albanta Logopedia y Psicología tratamos o trabajamos 2 aspectos fundamentales. Por un lado el desarrollo infantil en los primeros años de edad, y por otro lado, los trastornos en el desarrollo que puedan tener los niños. Con respecto al desarrollo infantil, los objetivos que queremos conseguir son la adquisición de funciones como el control de la postura corporal, la autonomía, la comunicación, el lenguaje y la interacción social. Para ello hay que tener en cuenta que en el desarrollo infantil interactúan factores genéticos y factores ambientales ya sean de tipo biológico (estado de salud, sistema nervioso…) o de tipo psicológicos y sociales (vínculos afectivos, interacción con el entorno, cuidados, aspectos perceptivos…). Por otro lado, en los trastornos en el desarrollo la intervención tiene que poseer un carácter global, es decir, hay que tener en cuenta el momento evolutivo en el que se encuentre el niño, las necesidades del niño en todos los ámbitos, y la discapacidad que el trastorno genere. Por todo esto, en los trastornos del desarrollo hay que tener en cuenta los aspectos intrapersonales, biológicos, psicosociales y educativos de cada individuo de forma personal.

OBJETIVOS DE LA ATENCIÓN TEMPRANA.

Los objetivos generales que en Albanta tratamos en Atención Temprana son:

  • Reducir los efectos de una deficiencia o déficit sobre el conjunto global del desarrollo del niño.
  • Mejorar, en la medida de lo posible, el desarrollo evolutivo del niño.
  • Compensar o eliminar las posibles barreras que puedan aparecer y hacer que haya una adaptación favorable a las necesidades especificas.
  • Evitar o reducir la probabilidad de que aparezcan efectos o déficits secundarios que puedan estar asociados al trastorno.
  • Atender y tratar las necesidades y demandas que tenga la familia y el entorno en el que vive el niño.
  • La persona principal a la que se dirige la intervención es al niño, pero aún así, la familia supone un agente principal de intervención.

PRINCIPIOS BÁSICOS DE ATENCIÓN TEMPRANA.

Para que la atención temprana cumpla con sus objetivos, tratamos de seguirunos principios básicos:

  • Diálogo, integración y participación.
  • Interdisciplinariedad y alta cualificación profesional.
  • Coordinación.

INTERVENCIÓN EN ATENCIÓN TEMPRANA.

La intervención en atención temprana, como se hemos mencionado anteriormente, debe de ser global, por lo que ésta se divide en cuatro áreas: motora, perceptivo-cognitiva, socio-comunitaria y hábitos de autonomía. Además, los objetivos en cada una de estas áreas, se suelen dividir en intervalos de tiempo, siendo estos de 3 meses de edad cada uno hasta el primer año de vida, y posteriormente, se dividirán en 6 meses los intervalos hasta que se cumplan los 2 años. La intervención será realizada por un equipo interdisciplinar.

En el programa de intervención, siempre que sea posible la intervención deberá de realizarse en las actividades de la vida diaria del niño, ya que esto ayuda a adquirir y ampliar conocimientos a otros ámbitos de la vida del niño.

Cualquier programa de intervención pretende enriquecer el medio en el que se va a desenvolver el niño con dificultades en su desarrollo, fomentando las interacciones sociales con las personas que le rodean, por lo que el objetivo a largo plazo que se quiere conseguir es que el niño desarrolle el mayor grado de autonomía posible para que se pueda desenvolver adecuadamente en su entorno.

 

REFERENCIAS BIBIOGRÁFICAS.

  • Candel, I. (2005). Elaboración de un Programa de Atención Temprana. Revista Electrónica de Investigación Psicoeducativa, 3(3), 151-196.
  • Perera, J. (2011). Atención Temprana: Definición, Objetivos, Modelos de Intervención y Retos Planteados. Revista Síndrome de Down, 8, 140-152.
  • Federación Estatal de Asociaciones de Profesionales de Atención Temprana. Recuperado de: http://www.gat-atenciontemprana.org/

 


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Trastorno borderline: una historia al límite

“Lucía Fronteriza camina descalza por el filo de un cuchillo. Extiende los brazos en cruz y cierra los ojos, se concentra y busca un centro de gravedad que nunca encuentra. Avanza muy lentamente sabiendo que, en cualquier momento, volverá a caer. Una y otra vez.

Descender al infierno y volver a escapar. Intentar mantener el equilibrio. Ese es el reto. De hecho, en su blog está colgada la pintura de August Macke El equilibrista.

Lucía solo tiene 19 años y ya no le gusta la vida. Está de vuelta de todo. Y lo ha probado todo. Y de todo sale, sí, pero más delgada, más triste, más vacía…”

El trastorno límite de la personalidad (TLP) se caracteriza por un patrón persistente de inestabilidad que invade muchos, sino todos, los aspectos del funcionamiento del individuo, incluidos sus relaciones, su imagen personal, sus sentimientos y su conducta y la presencia de una notable impulsividad, así como el cambio frecuente y rápido de sus emociones.

Suelen tener sensaciones crónicas de vacío, conductas o gestos suicidas y comportamientos autolesivos, ira inapropiada e intensa o dificultades para controlarla, ideas paranoides transitorias o síntomas disociativos graves, y no soportan la soledad, realizando grandes esfuerzos para evitar el abandono real o imaginario (APA, 1994; Gunderson, Zanarini y Kisiel, 1991).

Actualmente, el diagnóstico del trastorno límite de personalidad (TLP) puede inducir a error, dado que presenta características comunes a otros trastornos, y en ocasiones pueden confundirse con anorexia, bulimia, depresión, toxicomanía…esto puede deberse a que estos sujetos no han sido capaces de formar un conjunto coherente e integrado de esquemas sobre sí mismos, apegándose a los demás para centrarse, es decir, al no tener una identidad bien definida y no encontrar la solución a lo que busca, se centran en buscar pistas en los demás. Por esto, cuando un paciente ingresa, suele ocurrir con frecuencia que tome como referencia al grupo de pacientes con los que se relaciona y empiece a copiar y a manifestar la sintomatología de éstos, llegando a creerla propia. Es importante realizar un diagnóstico precoz y adecuado para poder intervenir de la manera más exitosa posible y reducir en mayor medida los costes sanitarios que conlleva atender estas personas que acuden desesperadas a consulta.

Es recomendable, por lo eficaz que resulta, un tratamiento combinado de psicoterapia y fármacos para la intervención en el trastorno límite de personalidad (TLP). Respecto a la intervención farmacológica, algunos estudios han demostrado que los antidepresivos suelen pueden ser eficaces a la hora de reducir sentimientos depresivos (benzodiacepinas), y los neurolépticos (por ejemplo, haloperidol), para reducir la ansiedad, la ira, los problemas de impulsividad y los síntomas psicóticos. Por último, los anticonvulsionantes mejoran los síntomas de la depresión y el control sobre la agresión.

La intervención psicoterapéutica ha recibido numerosas aportaciones de las diversas investigaciones que han tenido como objetivo el conocer cuál resulta más adecuada para el tratamiento del trastorno límite de personalidad (TLP). Desde un enfoque cognitivo-conductual, destacaremos seguidamente algunas de ellas:

  1. La terapia cognitiva de Beck. Beck y Freeman (1990)plantean un plan de tratamiento que favorezca la alianza terapéutica, minimice la falta de adhesión al tratamiento, disminuya el pensamiento dicotómico, aborde las suposiciones básicas, aumente el control sobre las emociones, mejor el control de los impulsos y fortalezca la identidad del paciente.
  2. La terapia cognitiva centrada en los esquemas, de Young. Para Young los esquemas tempranos desadaptativos (ETDs) que caracterizan al TLP en la infancia son el temor al abandono y a la pérdida, la falta de amor, la dependencia, el no llegar a sentirse como sujeto individual, la desconfianza, la escasa autodisciplina, el temor a perder el control emocional, la culpa excesiva y la privación emocional. Desde esta terapia, estos son los esquemas que hay que identificar y cambiar.
  3. La terapia cognitivo-conductual dinámica, de Turner. La TCCD aborda el tratamiento del TLP centrándose en los componentes impulsivos-de ira del mismo. Este enfoque integra estrategias terapéuticas dinámicas para clarificar y modificar los esquemas del paciente. Enfatiza la importancia de las relaciones interpersonales en el funcionamiento humano, considerando la relación terapéutica como el principal medio para la aplicación del tratamiento. Utiliza estrategias cognitivas y conductuales para modificar las distorsiones cognitivas, clasificándolas en: estrategias que implican acción (por ejemplo uso de autorregistros), estrategias que utilizan la imaginación (exposición en imaginación) y estrategias de codificación y almacenamiento de la información (identificación y corrección de distorsiones cognitivas).
  4. La formulación clínica de caso, de Turkat. Para Turkat, los sujetos con TLP tiene un importante déficit en la solución de problemas, constituyendo su característica básica. Propone dos aspectos a considerar: tener en cuenta la naturaleza del déficit de solución de problema y que raramente el TLP permitirá al terapeuta llevar a cabo dicho tratamiento.
  5. La terapia dialéctica-conductual, de Linehan. Ha sido quizás la primera terapia cognitivo-conductual en ser evaluada empíricamente para el TLP (Linehan et al, 1991; Linehan, Heard y Armstrong, 1993) y es una de las más específicas y sistematizadas, aunque a veces pueda parecer excesivamente compleja y con demasiados procedimientos heterogéneos en la aplicación de la misma. El objetivo de la misma es reconocer y validar la vulnerabilidad emocional que presentan los pacientes y proporcionar las habilidades necesarias para la regulación de las emociones. Además, contempla el entrenamiento en habilidades para mejorar las relaciones interpersonales, el control de conductas impulsivas o que atenten contra la calidad de vida, la flexibilización de los patrones cognitivos y la mejora del sentido de la identidad personal.

Bibliografía:

Beck. A,  Freeman. A, y Davis. D et al. (1990-2004). Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad. Ediciones Paidós Ibérica, S.A. 219-248.

Caballo. V. E. (1998). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Formulación clínica, medicina conductual y trastornos de relación. Siglo XXI de España Editores, S.A. (2), 518-522.


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18 marzo, 2019 Psicologia Clínica

La fobia social se define como «un temor acusado y persistente a una o más situaciones sociales o de actuación en público en las que la persona se ve expuesta a gente desconocida o al posible escrutinio por parte de los demás. El sujeto teme actuar de alguna manera (o mostrar síntomas de ansiedad) que pueda ser humillante o embarazosa». Generalmente, los sujetos con fobia social temen que ese escrutinio sea embarazoso, humillante, les haga aparecer como tontos o sean evaluados negativamente. Esto es claramente fobia “social”, porque dichos sujetos no tienen dificultades cuando realizan las mismas tareas en privado. «La conducta se deteriora sólo cuando los demás les están observando» Además, las situaciones sociales o de actuación en público se evitan o se soportan con una ansiedad intensa, los síntomas del trastorno interfieren de manera importante con el funcionamiento del individuo en una o más áreas y/o se da un notable malestar por el hecho de padecer la fobia. Las situaciones sociales más frecuentemente temidas por los sujetos con fobia social incluyen entre otras:

  • Iniciar y/o mantener una conversación.
  • Quedar con alguien.
  • Asistir a una fiesta
  • Hacer y recibir cumplidos.
  • Asistir a reuniones o congresos.
  • Actuar ante otras personas.
  • Hablar en público.
  • Comer y/o beber en público.

El síntoma conductual más habitual de la fobia social es la evitación de las situaciones temidas. Por definición, los sujetos con fobia social temen o evitan situaciones en las que es posible la observación por parte de los demás.

 

LA EVALUACIÓN

La evaluación de la fobia social, lo mismo que de las otras fobias, debería estructurarse para considerar de forma sistemática los síntomas fisiológicos, conductuales y subjetivos y las reacciones a ellos. La gravedad de la fobia puede estimarse si nos enteramos del grado en que interfiere con la vida diaria, incluyendo la capacidad para trabajar y para llevar a cabo relaciones normales. Para la evaluación de las fobias sociales podemos servirnos de:

  • Entrevistas iniciales semi-estructurada.
  • Medidas conductuales.
  • Instrumentos de autoinforme:
  • Escala de ansiedad social, de Liebowitz (Liebowitz social anxiety scale, lsas).
  • Escala de fobia social (Social phobia scale, sps) y Escala de ansiedad ante la interacción social (Social interaction anxiety scale, sias).
  • Inventario de ansiedad y fobia social (Social phobia and anxiety inventory, spai; Turner et al., 1989).
  • Escala de ansiedad y evitación social (Social avoidance and distress scale, sad) y Temor a la evaluación negativa (Fear of negative evaluation, fne).

 

EL TRATAMIENTO

La fobia social puede ser tratada hoy día con eficacia por medio de intervenciones cognitivo-conductuales. Aunque todavía quedan muchos problemas por resolver, sí podemos señalar que la posición cognitivo-conductual plantea tratamientos empíricamente validados para la fobia social.

Tradicionalmente se ha dividido el tratamiento cognitivo-conductual de la fobia social en cuatro tipos de procedimientos: estrategias de relajación, entrenamiento en habilidades sociales, exposición y reestructuración cognitiva.

Procedimientos cognitivo-conductuales: el procedimiento más frecuentemente utilizado es la exposición, seguida por el entrenamiento en habilidades sociales y algún tipo de reestructuración cognitiva (terapia racional-emotiva, terapia cognitiva de Beck, entrenamiento en autoinstrucciones), la desensibilización sistemática y alguna clase de relajación.

El entrenamiento en habilidades sociales: es un grupo de técnicas que intenta enseñar conductas interpersonales apropiadas con el fin de mejorar la competencia interpersonal de los individuos en clases específicas de situaciones sociales. Su aplicación al tratamiento de la fobia social se basa en la idea de que las personas con fobia social carecen de las habilidades sociales adecuadas, tanto verbales como no verbales.

Estrategias de relajación: esta estrategia aplicada a la fobia social se basa en la noción de que estas técnicas proporcionarán al paciente medios para afrontar la ansiedad. La exposición a las situaciones temidas de la vida real se ha aceptado desde hace tiempo como un componente básico para la reducción eficaz del miedo y su objetivo es extinguir la respuesta condicionada de temor (RC) ante los estímulos (o situaciones sociales) condicionados (EC) al exponer repetidamente a los sujetos a estas situaciones condicionadas sin que ocurra un estímulo aversivo incondicionado (EI).

En la actualidad surgen nuevas vías para el tratamiento de la fobia social, un ejemplo lo encontramos en la implementación de la Realidad Virtual para el tratamiento de diversos trastornos, este tratamiento junto a otros pertenece a las terapias de tercera generación o tercera ola.

Por ejemplo, para la fobia de hablar en público, con la RV se pretende recrear un entorno virtual parecido a un aula o auditorio, donde puede llevarse a cabo una conferencia delante de un grupo de personas virtuales (avatares). Dichos avatares pueden presentar diferentes tipos de comportamientos y actitudes, intentando elicitar ansiedad en la persona que debe hablar ante ellos.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

American Psychiatric Association., Kupfer, D. J., Regier, D. A., Arango López, C., Ayuso-Mateos, J. L., Vieta Pascual, E., & Bagney Lifante, A. (2014). DSM5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5a ed.).

Caballo, V. E., Andrés, V., & Bas, F. (1997). Fobia social. Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos, 1, 25-87.

García-García, E. S., Rosa-Alcázar, A. I., & Olivares-Olivares, P. J. (2011). Terapia de exposición mediante realidad virtual e internet en el trastorno de ansiedad/fobia social: Una revisión cualitativa. Terapia psicológica, 29(2), 233-243.

Rodríguez, J. O. (2009). Evaluación y tratamiento de la fobia social en población infanto-juvenil de los países de habla española y portuguesa. Anuario de psicología/The UB Journal of psychology, 40(1), 7-21.


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29 enero, 2019 Psicologia Clínica

Este trastorno de personalidad se caracteriza por un patrón general de excesiva emotividad, una búsqueda de atención que comienza al principio de la edad adulta y que se da en diversos contextos, como lo indican 5 o más de los siguientes puntos:

» No se siente cómodo en las situaciones en las que no es el centro de atención.

» Interacciona con los demás suele caracterizarse por una conducta sexualmente seductora o    provocadora.

» Expresión emocional superficial y oscilante.

» Utilización permanentemente del aspecto físico para llamar la atención sobre sí mismo.

» Modo de hablar subjetiva y carente de matices.

» Tendencia a la autodramatización, teatralidad y exagerada expresión emocional.

» Sugestionable, influenciable por los demás o por las circunstancias.

» Considera sus relaciones más íntimas de lo que son realmente.

 

EVALUACIÓN DEL TRASTORNO DE PERSONALIDAD

Los trastornos de personalidad se asocian a diferentes dificultades en emociones, conductas y pensamientos, así como en las relaciones sociales y en el funcionamiento diario, por lo que debemos evaluar para conocer la afectación que está produciendo y poder acabar con las conexiones que están manteniendo la dificultad.

Por tanto, debemos realizar una evaluación global de todos los aspectos mencionados:

» Biológico: revisión médica, analítica general y vitamínico, hormonal, exploración de la medicación.

» Condiciones médicas, enfermedades.

» Historia biográfica.

» Hábitos de vida.

» Creencias: mitos o ideas sobre el mismo, actitud hacia el mismo e incluso actitud de las familias de origen (ideas, conductas, comentarios…).

» Circunstancias de vida: trabajo, pareja, hijos, amigos, economía, etc.

» Factores psicológicos: ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima, evaluar como factores de inicio o de mantenimiento.

» Soluciones intentadas.

» Descripción subjetiva de lo que le ocurre, de su vivencia.

» Antecedentes y consecuentes: qué factores anteceden y han influido y qué factores posteriores ha provocado a corto plazo y largo plazo.

» Consumo de sustancias y/o alcohol.

» Adaptación social, escolar, laboral, etc.

Otros temas importantes a evaluar son:

  • Valorar la actividad diaria de la persona.
  • Habilidades hacer frente.
  • Habilidades sociales.
  • Activación psicofisiológica.
  • Conductas autolesivas.
  • Sensaciones en relación a conductas sociales y reacciones y pensamientos sobre las demás personas.
  • Recoger información de la familia (contrastar).

 

INTERVENCIÓN EN TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que cuando un paciente acude a consulta, lo primordial es garantizar su salud, si existe un riesgo para su vida o autolesiones severas, recomendamos derivar para un ingreso hospitalario.

En las principales técnicas de intervención por trastornos se buscan los siguientes objetivos:

» Lograr la desaparición o disminución de todas aquellas conductas problema que dificultan o impiden un adecuado funcionamiento en su medio ambiente social.

» Mejorar la repercusión emocional o trastornos del estado de ánimo asociados.

» Distorsiones cognitivas o esquemas cognitivos nucleares (Beck y Freeeman., 1995): Deberemos intervenir sobre los esquemas rígidos, inflexibles, sobreaprendidos, hiperactivos y sobre todo desadaptativos y resistentes a los cambios. Estos esquemas pueden encontrarse en el origen de pautas de conducta disfuncionales. Al comienzo pasarán inadvertidos por la persona, pero con entrenamiento aumenta la capacidad de darse cuenta y de modificarlos.

 

Tratamiento específico para el trastorno de personalidad histriónico

» Terapia cognitivo conductual: entre sus objetivos está el de modificar los esquemas disfuncionales de las personas que tienen este trastorno («no me hacen caso»), así como una modificación de la conducta asociada (trabajo fomento empatía, habilidades comunicación, regulación emocional, autocontrol conductas seductoras).


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29 enero, 2019 Psicologia Clínica

Este trastorno se caracteriza por un patrón general de preocupación por el orden, perfeccionismo, control mental e interpersonal, a expensas de la flexibilidad, espontaneidad, eficacia, que empieza al comienzo de la edad adulta y se produce en diversos contextos, como lo indican 4 o más de los siguientes ítems.

» Preocupación por detalles, normas, listas, orden, organización, horarios, hasta el punto de perder de vista el objetivo nuclear de la actividad.

» Perfeccionismo que interfiere con la finalización de las tareas. Por ejemplo, la no finalización de un proyecto porque no cumple sus auto-exigencias estrictas.

» Dedicación excesiva al trabajo y a la productividad con exclusión de las actividades de ocio y las amistades (no se puede atribuir a necesidades económicas).

» Excesiva terquedad escrupulosidad e inflexibilidad en temas de moral, ética o valores (no atribuible a la cultura o la religión).

» Incapacidad para tirar objetos gastados o inservibles, incluso cuando no poseen un valor sentimental.

» Reacio a delegar tareas o trabajos en otros, a no ser que estos se sometan de forma exacta a su forma de hacer las cosas.

» Adopta un estilo avaro en los gastos para él y para los demás: el dinero es considerado algo a acumular con vistas a catástrofes futuras.

» Muestra rigidez y obstinación.

 

EVALUACIÓN DEL TRASTORNO DE PERSONALIDAD

Debemos realizar una evaluación global de todos los aspectos mencionados:

» Biológico: revisión médica, analítica general y vitamínico, hormonal, exploración de la medicación.

» Condiciones médicas, enfermedades.

» Historia biográfica.

» Hábitos de vida.

» Creencias: mitos o ideas sobre el mismo, actitud hacia el mismo e incluso actitud de las familias de origen (ideas, conductas, comentarios…).

» Circunstancias de vida: trabajo, pareja, hijos, amigos, economía, etc.

» Factores psicológicos: ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima, evaluar como factores de inicio o de mantenimiento.

» Soluciones intentadas.

» Descripción subjetiva de lo que le ocurre, de su vivencia.

» Antecedentes y consecuentes: qué factores anteceden y han influido y qué factores posteriores ha provocado a corto plazo y largo plazo.

» Consumo de sustancias y/o alcohol.

» Adaptación social, escolar, laboral, etc.

Otros temas importantes a evaluar son:

  • Valorar la actividad diaria de la persona.
  • Habilidades hacer frente.
  • Habilidades sociales.
  • Activación psicofisiológica.
  • Conductas autolesivas.
  • Sensaciones en relación a conductas sociales y reacciones y pensamientos sobre las demás personas.
  • Recoger información de la familia (contrastar).

 

INTERVENCIÓN EN TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Los tratamientos de personalidad se encuentran bien establecidos y han probado su eficacia (Echeburua et al., 1999; Romero et al., 2001). Sin embargo, algunos autores señalan que la TCC es más eficaz en el trastorno límite, en el trastorno por evitación y en el trastorno dependiente, siendo menos eficaz en el esquizoide, el antisocial y el narcisista (Caballo, 2001).

Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que cuando un paciente acude a consulta, lo primordial es garantizar su salud, si existe un riesgo para su vida o autolesiones severas, recomendamos derivar para un ingreso hospitalario.

En las principales técnicas de intervención por trastornos se buscan los siguientes objetivos:

» Lograr la desaparición o disminución de todas aquellas conductas problema que dificultan o impiden un adecuado funcionamiento en su medio ambiente social.

» Mejorar la repercusión emocional o trastornos del estado de ánimo asociados.

» Distorsiones cognitivas o esquemas cognitivos nucleares (Beck y Freeeman., 1995): Deberemos intervenir sobre los esquemas rígidos, inflexibles, sobreaprendidos, hiperactivos y sobre todo desadaptativos y resistentes a los cambios. Estos esquemas pueden encontrarse en el origen de pautas de conducta disfuncionales. Al comienzo pasarán inadvertidos por la persona, pero con entrenamiento aumenta la capacidad de darse cuenta y de modificarlos.

 

Tratamiento específico para trastorno de personalidad obsesivo compulsivo

Terapia cognitivo conductual: busca modificar los esquemas disfuncionales de las personas que tienen este trastorno («debo hacerlo de tal forma», «no puedo…hasta que…», «si no lo hago…pasará…»), así como una modificación de la conducta asociada (aumento de la empatía y de la expresividad emocional, clarificación objetivos, toma de decisiones, eliminar del temor a cometer errores, acomodación de la realidad a las expectativas, entrenamiento en solución de problemas, programa de actividades).


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28 enero, 2019 Psicologia Clínica

 

 

Los trastornos de personalidad se tratan de uno de los temas más complicados a la hora de trabajar en psicoterapia y de los que es fundamental hacer un buen diagnóstico y comprender la afectación de la vida cotidiana. El trastorno límite, dentro de los trastornos de personalidad, es el que más atención ha recibido en cuanto a los tratamientos estructurados. No obstante, todos los trastornos de personalidad son importantes y hay que detectarlos y tratarlos lo más precozmente, ya que se producen desde edades muy tempranas y la persona afectada suele tener importantes repercusiones en su funcionalidad y adaptabilidad, por ello debemos trabajar desde una perspectiva integral.

Los rasgos de personalidad son patrones persistentes en la forma de percibir, relacionarse y pensar acerca del entorno, además de sobre uno mismo, que se manifiestan en diferentes contextos sociales y personales.

Solo constituirán un trastorno de personalidad cuando los rasgos de personalidad sean desadaptativos, inflexibles y que se mantienen a lo largo del tiempo, produciendo un deterioro funcional significativo y/o un malestar subjetivo.

El DSM-5 añade una serie de modificaciones con respecto a los anteriores sistemas clasificatorios:

» Concepto trastorno personalidad: el DSM-5 (Apa, 2013), añade la idea de «fracaso en la adaptación» desde la idea de deterioro en la identidad propia y/o fracaso en las relaciones interpersonales. Define trastorno de personalidad como un patrón de comportamientos y experiencias internas, generalizado, estable y que se produce desde la adolescencia.

No incluye los trastornos de personalidad en un eje diferenciado al resto de trastornos mentales.

» Tiene en cuenta la funcionalidad de la persona.

Los trastornos de personalidad tradicionalmente se han clasificado por medio de clúster o categorías. Sin embargo, se ha visto la ausencia de validez empírica que tiene este sistema clasificatorio. No obstante, a continuación, señalaremos la organización en grupos o clúster, ya que es importante conocer la nomenclatura tradicional y la forma de organizar cada trastorno, para poder ver la evolución que ha sufrido.

El DSM-5 (Apa, 2013) establece la siguiente clasificación:

» Trastornos de la personalidad: Grupo A. o Trastorno de la personalidad paranoide.

  • Trastorno de la personalidad esquizoide.
  • Trastorno de la personalidad esquizotípica.

» Trastornos de la personalidad: Grupo B. o Trastorno de la personalidad antisocial.

  • Trastorno de la personalidad límite.
  • Trastorno de la personalidad histriónica.
  • Trastorno de la personalidad narcisista.

» Trastornos de la personalidad: Grupo C. o Trastorno de la personalidad evitativa.

  • Trastorno de la personalidad dependiente.
  • Trastorno de la personalidad obsesivo-compulsiva.

» Otros trastornos de la personalidad. o Cambio de la personalidad debido a otra afección médica. Especificar si: tipo lábil, tipo desinhibido, tipo agresivo, tipo apático, tipo paranoide, otro tipo (tipo combinado y tipo no especificado).

  • Otro trastorno de la personalidad especificado.
  • Trastorno de la personalidad no especificado.

 

EVALUACIÓN DE LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Los trastornos de personalidad se asocian a diferentes dificultades en emociones, conductas y pensamientos, así como en las relaciones sociales y en el funcionamiento diario, por lo que debemos evaluar para conocer la afectación que está produciendo y poder acabar con las conexiones que están manteniendo la dificultad.

Por tanto, debemos realizar una evaluación global de todos los aspectos mencionados:

» Biológico: revisión médica, analítica general y vitamínico, hormonal, exploración de la medicación.

» Condiciones médicas, enfermedades.

» Historia biográfica.

» Hábitos de vida.

» Creencias: mitos o ideas sobre el mismo, actitud hacia el mismo e incluso actitud de las familias de origen (ideas, conductas, comentarios…).

» Circunstancias de vida: trabajo, pareja, hijos, amigos, economía, etc.

» Factores psicológicos: ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima, evaluar como factores de inicio o de mantenimiento.

» Soluciones intentadas.

» Descripción subjetiva de lo que le ocurre, de su vivencia.

» Antecedentes y consecuentes: qué factores anteceden y han influido y qué factores posteriores ha provocado a corto plazo y largo plazo.

» Consumo de sustancias y/o alcohol.

» Adaptación social, escolar, laboral, etc.

Veamos los instrumentos de evaluación trastornos de personalidad:

» Cuestionario Clínico Multiaxial de Millon tres versiones (MCMI-I, MCMI-II y MCMI-III; Millon, 1983, 1987; Millon, Millon y Davis, 1994): el MCMI-III consta de 175 ítems que valora trastornos clínicos de personalidad. Obtienen puntuaciones distribuidas en 11 patrones clínicos de personalidad: esquizoide, evitativo, depresivo, dependiente, histriónico, narcisista, antisocial, pasivo-agresivo, autodestructiva y otros 3 rasgos patológicos: esquizotípico, paranoide y límite.

Consta de 4 índices que permiten evaluar la validez del protocolo y 24 escalas clínicas agrupadas de acuerdo con el nivel de gravedad: Patrones clínicos de personalidad, Patología grave de la personalidad, Síndromes clínicos y Síndromes clínicos graves.

» Inventario de personalidad multifásico de Minnesota MMPI-II (Hathaway y McKinley, 1943): consta de 567 ítems. Tiene 3 escalas de validez: mentira (tendencia a mostrarse moral y culturalmente favorable), incoherencia (tendencia a mostrar actitudes y conductas desfavorables para sí mismo), corrección (tendencia a negar o admitir determinadas conductas).

10 escalas: hipocondría, depresión, histeria, desviación psicopática, masculinidad-feminidad, paranoia, psicastenia, esquizofrenia, hipomanía, introversión social.

Escalas de contenido: ansiedad, miedos, obsesividad, depresión, preocupaciones por la salud, pensamiento extravagante, hostilidad, cinismo, conductas antisociales, comportamiento tipo A, baja autoestima, malestar social, problemas familiares, interferencia laboral, indicadores negativos de tratamiento.

» Inventario de personalidad de Eysenck EPQ (Eysenck, 1964): compuesto por 57 ítems con posibilidad de respuesta sí/no. Está compuesto por dos formas:

A: Extroversión versus introversión.

  1. Neuroticismo versus control.

Dando lugar a diferentes tipos de personalidad:

  • Colérico.
  • Melancólico.
  • Flemático.
  • Sanguíneo.

Examen Internacional de los Trastornos de la Personalidad (I.P.D.E) (Loranger et al., 1987): existen dos versiones de la entrevista. En el módulo DSM-4 encontramos 99 ítems, con un cuestionario de 77 ítems.

Otros temas importantes a evaluar son:

  • Valorar la actividad diaria de la persona.
  • Habilidades hacer frente.
  • Habilidades sociales.
  • Activación psicofisiológica.
  • Conductas autolesivas.
  • Sensaciones en relación a conductas sociales y reacciones y pensamientos sobre las demás personas.
  • Recoger información de la familia (contrastar).

 

INTERVENCIÓN EN TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Los tratamientos de personalidad se encuentran bien establecidos y han probado su eficacia (Echeburua et al., 1999; Romero et al., 2001). Sin embargo, algunos autores señalan que la TCC es más eficaz en el trastorno límite, en el trastorno por evitación y en el trastorno dependiente, siendo menos eficaz en el esquizoide, el antisocial y el narcisista (Caballo, 2001).

Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que cuando un paciente acude a consulta, lo primordial es garantizar su salud, si existe un riesgo para su vida o autolesiones severas, recomendamos derivar para un ingreso hospitalario.

En las principales técnicas de intervención por trastornos se buscan los siguientes objetivos:

» Lograr la desaparición o disminución de todas aquellas conductas problema que dificultan o impiden un adecuado funcionamiento en su medio ambiente social.

» Mejorar la repercusión emocional o trastornos del estado de ánimo asociados.

» Distorsiones cognitivas o esquemas cognitivos nucleares (Beck y Freeeman., 1995): Deberemos intervenir sobre los esquemas rígidos, inflexibles, sobreaprendidos, hiperactivos y sobre todo desadaptativos y resistentes a los cambios. Estos esquemas pueden encontrarse en el origen de pautas de conducta disfuncionales. Al comienzo pasarán inadvertidos por la persona, pero con entrenamiento aumenta la capacidad de darse cuenta y de modificarlos.

 

Bibliografía

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.).Washington, DC: APA.

Echeburua, E. y Corral, P. (1999). Avances en el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos de personalidad. Análisis y Modificación de conducta.

Beck, A. y Freeman, A. (1995). Terapia cognitiva de los trastornos de la personalidad. Barcelona: Paidós.

Romero, E.Q., y Pérez, J.M.E. (2001). Tratamientos psicológicos eficaces para los trastornos de personalidad. Psicothema.


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11 enero, 2019 Psicologia Clínica

Es bien sabido por todos que la vida de una persona está llena de cambios que en ocasiones no son esperados, como una mudanza, un cambio de trabajo o de ciudad, una ruptura sentimental o el diagnóstico de una enfermedad. Cuando algo de esto sucede, nuestro cuerpo se prepara para afrontar la nueva situación pero a veces la persona se siente desbordada y cree que las exigencias de la nueva situación superan su capacidad de hacerles frente. Ante estos casos se puede desarrollar un Trastorno de Adaptación, que siempre está relacionado con algún evento estresante.

Diagnóstico:

Según el DSM-V (APA, 2014) los criterios diagnósticos para este trastorno serían:

  • Criterio A. Desarrollo de síntomas emocionales o del comportamiento en respuesta a un factor o factores estresantes identificables que se producen en los 3 meses siguientes al inicio del factor estresante.
  • Criterio B. Estos síntomas o comportamientos son clínicamente importantes y se ponen de manifiesto en una o las dos características siguientes:
    • Malestar intenso desproporcionado a la gravedad o intensidad del factor estresante, teniendo en cuenta el contexto y los factores culturales que podrían influir.
    • Deterioro significativo en lo social, laboral y otras áreas importantes del funcionamiento.
  • Criterio C. La alteración relacionada con el estrés no cumple los criterios para otro trastorno mental y no es la exacerbación de un trastorno mental preexistente.
  • Criterio D. Los síntomas no representan el duelo normal.
  • Criterio E. Una vez que el evento estresante o sus consecuencias han terminado, los síntomas no se mantienen más de otros 6 meses.

Los síntomas que pueden aparecer en este trastorno son muy variados, para eso el DMS-V establece una clasificación de los subtipos en el trastorno, estos son:

  • Con ansiedad: en este caso predominan los síntomas de preocupación o nerviosismo.
  • Con estado de ánimo depresivo: la desesperanza, las ganas de llorar o un estado de ánimo bajo son los predominantes en este subtipo.
  • Mixto, con ansiedad y estado de ánimo depresivo: los sentimientos predominantes son una combinación de los descritos anteriormente.
  • Con trastorno del comportamiento: en este caso, el trastorno se presenta con una alteración del comportamiento, en la que aparece la violación de los derechos de los demás y de las normas (vandalismo, peleas, conducción irresponsable…).
  • Con alteraciones mixtas de las emociones y el comportamiento: aparecen tanto síntomas emocionales como comportamentales.
  • No especificado: las reacciones no se ajustan en ningún subtipo anteriormente descrito (quejas somáticas, aislamiento social…).

Tratamiento:

En lo que se refiere a la intervención, en ocasiones estos trastornos se consideran menores y se cree que no es necesario su abordaje. Esta postura es incorrecta ya que sin tratamiento, en el futuro, podría desencadenar en trastornos de mayor gravedad. Igualmente no hay que olvidar, independientemente de la gravedad, que este tipo de situaciones generan malestar y sufrimiento a las personas que las padecen, afectando negativamente en su vida.

En la actualidad existen diferentes tratamientos para este trastorno, siendo los de enfoque cognitivo conductual los que cuentan con mayor aval científico, concretamente el Programa de Inoculación del Estrés de Meichenbaum (1985), que se explica a continuación.

Este programa consta de sesiones en las que se trabajan diferentes aspectos a través de las técnicas cognitivas y conductuales más frecuentes.

En una primera sesión se trabajaría la psicoeducación, con una explicación de qué es el estrés, cómo funciona y cómo reacciona nuestro cuerpo en esas situaciones. Después el programa incluye el aprendizaje y la práctica de técnicas de desactivación entre las que se incluyen: respiración diafragmática, entrenamiento autógeno, relajación muscular profunda y técnicas de imaginación.

El programa incluye también técnicas cognitivas que se trabajarán a lo largo de varias sesiones, estas serán: reestructuración cognitiva para trabajar las distorsiones o errores de pensamiento del paciente, así como las ideas irracionales; debate del pensamiento, autoinstrucciones y parada del pensamiento. Se trabajan técnicas asertivas o entrenamiento en habilidades sociales que consiste en explicar al paciente qué es el comportamiento asertivo, que conozca los derechos asertivos básicos, así como aprender a decir no o a pedir un cambio de conducta cuando algo no es de su agrado. Otras sesiones, de este programa, se dedican a enseñar y practicar con el paciente técnicas destinadas al manejo y administración del tiempo.

Por último, las sesiones finales se destinan para tratar las características de personalidad y como estas se relacionan con el manejo del estrés y la salud. En estas sesiones de trabaja también la ira/hostilidad, el uso del humor y el optimismo.

Referencias

American Psychiatric Association., Kupfer, D. J., Regier, D. A., Arango López, C., Ayuso-Mateos, J. L., Vieta Pascual, E., & Bagney Lifante, A. (2014). DSM-5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed.). Madrid: Médica Panamericana.

Caballo, V., Salazar, I. y Carrobles, J.A. (2014). Manual de Psicopatología y Trastornos Psicológicos (2ª ed.). Madrid: Pirámide.


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13 diciembre, 2018 Psicologia Clínica

El trastorno bipolar es una enfermedad crónica que produce un deterioro funcional en los pacientes que la padecen. La prevalencia, si incluimos el trastorno bipolar I y II, oscila entre el 2-4 % de la población (Kessler et al., 1994, 2005, 2012).

Es un trastorno que se caracteriza por variaciones en el estado de ánimo que se producen de forma cíclica, en el que la persona afectada pasa por episodios o fases depresivas y maníacas o hipomaníacas, intercalándose períodos más o menos largos de eutimia o de estabilización, dependiendo del subtipo de trastorno bipolar que la persona tenga.

La edad media de inicio del trastorno bipolar se encuentra entre la segunda mitad de los 20 hasta los 30 años (Kupfer et al., 2002). El trastorno bipolar tipo I suele tener una edad de inicio menor que el tipo II (Baldessarini et al., 2010).

Las personas afectadas por un trastorno bipolar están deprimidas casi el 50 % de su vida y el 11 % del tiempo tienen síntomas maníacos o hipomaníacos (Post et al., 2003). El trastorno bipolar es una enfermedad que cursa con episodios depresivos, maníacos, mixtos intercalándose con períodos de eutimia. Winokur (1989) señala que solo existe alrededor de un 15 % de pacientes que presenten únicamente un solo episodio, siendo el número más frecuente de recaídas a lo largo de la vida entre de 7 y 22 (Gitlin et al., 1995).

 

Episodio maníaco (DSM-5)

Período concreto de tiempo de estado de ánimo anormal y permanentemente elevado, expansivo, irritable, además de un aumento anormal y persistente de la actividad o la energía. Duración mínima de 1 semana, presente la mayor parte del día, casi todos los días (en caso de requerir hospitalización el criterio temporal es indiferente).

Deterioro significativo en el funcionamiento social o laboral.

Durante el período de alteración del estado de ánimo y aumento de la energía o la actividad existen 3 (o más) de los síntomas siguientes (4 si el estado de ánimo es solo irritable) o un grado significativo y representan un cambio notorio del comportamiento habitual:

  • Autoestima aumentada o sentimiento de grandeza.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • Verborrea o presión para mantener la conversación.
  • Fuga de ideas o experiencia subjetiva de que los pensamientos van a gran velocidad.
  • Aumento de la actividad dirigida a un objetivo o agitación psicomotora.
  • Participación excesiva en actividades que tienen muchas posibilidades de consecuencias negativas.

 

Episodio de depresión mayor (DSM-5)

5 (o más) de los síntomas siguientes han estado presentes durante el mismo período de 2 semanas y representan un cambio del funcionamiento anterior; al menos uno de los síntomas es (1) estado de ánimo deprimido o (2) pérdida de interés o de placer.

  • Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días, según se desprende de la información subjetiva o a través de la observación de terceros.
  • Reducción significativa del interés o el placer por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, casi todos los días.
  • Reducción peso importante sin hacer dieta o aumento de peso o disminución o aumento del apetito casi todos los días.
  • Insomnio o hipersomnia casi todos los días.
  • Agitación o retraso psicomotor casi todos los días.
  • Fatiga o pérdida de la energía casi todos los días.
  • Sentimientos de inutilidad o de culpabilidad excesiva o inapropiada (que puede ser delirante) casi todos los días.
  • Reducción de la capacidad para pensar o concentrarse, o de tomar decisiones, casi todos los días.
  • Pensamientos, ideas, planes de muerte.

Deterioro significativo en el funcionamiento social o laboral.

 

Episodio hipomaníaco (DSM-5)

Período definido de estado de ánimo anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable, y un aumento anormal y persistente de la actividad o la energía, que dura como mínimo 4 días consecutivos y está presente la mayor parte del día, casi todos los días.

Durante el período de alteración del estado de ánimo y aumento de la energía y actividad, han persistido 3 (o más) de los síntomas siguientes (4 si el estado de ánimo es solo irritable), representan un cambio notorio del comportamiento habitual y han estado presentes en un grado significativo:

  • Aumento de la autoestima o sentimiento de grandeza.
  • Reducción de la necesidad de dormir
  • Verborrea o presión para mantener la conversación.
  • Fuga de ideas o experiencia subjetiva de que los pensamientos van a gran velocidad.
  • Facilidad de distracción.
  • Aumento de la actividad dirigida a un objetivo o agitación psicomotora.
  • Participación excesiva en actividades que tienen muchas posibilidades de consecuencias negativas

Modificación en el funcionamiento que no es característico del individuo cuando no presenta síntomas.

La alteración del estado de ánimo y el cambio en el funcionamiento son observables por parte de otras personas.

El episodio no es suficientemente grave para causar una alteración significativa del funcionamiento social o laboral, o necesitar hospitalización. Si existen características psicóticas, el episodio es entonces maníaco.

 

Trastorno bipolar tipo I.

El diagnóstico de trastorno bipolar tipo I exige que se cumplan los criterios siguientes para un episodio maníaco: antes o después del episodio maníaco pueden haber existido episodios hipomaníacos o episodios de depresión mayor.

 

Trastorno bipolar tipo II

El trastorno bipolar II requiere la presencia a lo largo de la vida de, al menos, un episodio de depresión mayor y, al menos, un episodio hipomaníaco.

Sin embargo, se ha dejado de considerar una afección «más leve» que el trastorno bipolar I, en gran parte por la cantidad de tiempo que los individuos con esta afección pasan con depresión y porque la inestabilidad del humor que experimentan se acompaña normalmente de un importante deterioro del funcionamiento laboral y social.

 

Trastorno ciclotímico

Presencia, durante al menos 2 años (niños 1 año), de numerosos períodos de síntomas hipomaníacos y numerosos períodos de síntomas depresivos, que no cumplen los criterios para un episodio depresivo mayor, hipomanía o manía.

 

Conciencia de enfermedad

En el trastorno bipolar, en la fase de hipomanía o manía, en numerosas ocasiones y sobre todo en los primeros episodios, los pacientes no son conscientes de que están entrando o están en una fase. Se trata de un síntoma típico de esta fase la ausencia de conciencia de enfermedad, por lo que es importante trabajarlo y educar al paciente al respecto, ya que en estos momentos tienden a abandonar la medicación porque se sienten bien, por lo menos al principio de la manía.

 

Pródromos de la enfermedad

Se trata de un conjunto de manifestaciones clínicas que alertan del comienzo o aproximación de un episodio de trastorno bipolar. Se sabe que es durante ese momento cuando se pueden tomar medidas terapéuticas que reduzcan el efecto de la enfermedad.

Existen pródromos comunes y también individuales de cada persona.

 

El estrés en el trastorno bipolar

El papel del estrés en el trastorno bipolar está ampliamente aceptado y numerosas investigaciones han asociado el curso y número de recaídas con los sucesos vitales estresantes, sin embargo, otros autores no descartan que las existencias de estos eventos vitales negativos puedan encontrarse desarrollados y precedidos por la propia sintomatología del trastorno (Kessing et al., 2004).

Las últimas novedades señalan que en el inicio del mismo o en los primeros episodios se encuentran muchas de las recaídas asociadas a factores ambientales mientras que con el paso del tiempo y de los reiterados episodios cada vez se encuentra una mayor independencia de esos factores ambientales y más asociados por tanto a factores biológicos o genéticos (Hammen y Gitlin, 1997).

 

Terapia cognitivo conductual

El objetivo es aplicar los principios cognitivo-conductuales a los pacientes para que se adhieran a la medicación y adquieran habilidades o reduzcan los problemas que acarrea el trastorno bipolar. La terapia cognitivo conductual ha mostrado beneficios añadidos como incidir en la explicación de cada paciente sobre los puntos de vista que tienen sobre el trastorno y en el aprendizaje de estrategias de afrontamiento en tratamientos estructurados (Scott et al., 2007).

González Isasi (2014), publica un estudio con 40 pacientes bipolares refractarios, aleatorizados a grupo psicoeducación con terapia cognitivo conductual versus grupo control. Encontró que el grupo experimental tuvo menos hospitalizaciones que el grupo control en la evaluación a los 12 meses, menor sintomatología depresiva y ansiosa a los

6 meses, 12 meses y 5 años. A los 5 años, el 88,9 % de los pacientes del grupo control y el 20 % de los pacientes del grupo experimental, mostraron síntomas afectivos y/o dificultades en el funcionamiento socio-laboral.

Para la realización correcta de una terapia cognitivo conductual con un paciente bipolar debemos conocer la tipología de trastorno bipolar que tiene y adecuarnos en cada momento al estado anímico del paciente.

 

Eutimia:

Durante este momento en el que el paciente se encuentra estabilizado es el momento de aprovechar para enseñarle estrategias de detección precoz de pródromos o señales que anteceden a los síntomas, enseñarles técnicas de afrontamiento y hacer contratos conductuales. El objetivo es detectarlos de la forma más rápida posible para evitar que se produzca un episodio. Entre las estrategias de detección precoz de pródromos:

  • Listado pródromos típicos del trastorno
  • Listado propio (ejecución autoregistro)

Hay que estar atentos a síntomas propios, puede ser indicativo de que comienza episodio y pueden no encontrarse recogidos en ningún listado (ponerse zapatillas, pendiente en oreja…).

  • Listado de pródromos realizados por la familia

Se le pide a la familia que realice un listado de los pródromos que han observado en otras ocasiones en su familiar; se les pide que incluyan todos, aunque parezcan insignificantes, para ayudarles podemos darles un registro tipo paciente (depresión, manía, disforia e hipomanía) y el listado de pródromos típicos de cada fase.

  • Técnica pirámide (pródromos, síntomas y modo de actuar en cada nivel)

El sueño es un síntoma fundamental en el trastorno bipolar, es importante prestar atención a este nivel como pródromo y como síntoma. Por ello se le darán al paciente normas de higiene de sueño, técnicas de control de tiempo de cama y de pensamientos distorsionados asociados a cada fase (ayudar a detectar cuando aparezcan y entender como síntomas):

  • Ejemplo pródromo maníaco: «No necesito dormir», «dormir es una pérdida de tiempo».
  • Ejemplo pródromo depresivo: «Quiero dormir para no pensar», «No tengo fuerzas para nada, solo quiero dormir»

 

Estado disfórico o depresivo

En este caso debemos seguir tanto los objetivos como los programas de tratamiento cognitivo conductuales que se emplean con la depresión, pero teniendo en cuenta las siguientes cuestiones:

  • Precaución a los virajes.
  • No tiene por qué existir una relación con un factor estresante o desencadenante.
  • La depresión puede no estar acompañada de sensación de tristeza, sino de vacío o indiferencia.
  • Siempre pedir que acuda al psiquiatra para que revise la medicación en ese momento.

 

También debemos planificar:

  • Actividades agradables (graduales).
  • Hábitos de vida regulares: estructuración (aumentar actividad de forma gradual, alimentación, higiene, sueño).

Distorsiones cognitivas (tratamiento similar al llevado a cabo durante períodos depresivos):

  • Listado distorsiones cognitivas
  • Detección
  • Técnica triple columna
  • Técnica de resolución de problemas de D’Zurilla y Nezu
  • Técnica del dominio-placer (graduales).
  • Evitación del aislamiento.
  • Control y supervisión de ideas suicidas.

 

Estado maníaco o hipomaníaco

  • En este caso debemos llevar a cabo un programa dirigido a reducir la hiperactividad y velocidad de pensamiento.
  • Planificación de hábitos de vida regulares: estructuración (reducir actividad, alimentación, higiene, sueño).
  • Normas higiene sueño.
  • Comparación del estado actual con el listado síntomas (realizado durante la eutimia por el paciente).
  • Gráficos de vida.
  • Distorsiones cognitivas (registro cogniciones, emociones).
  • Control y supervisión ideas suicidas.
  • Relajación.
  • Fomentar ambiente relajado (evitar disputas, ruidos, música y televisión alta).
  • Control de gastos.
  • Supervisión de nuevos proyectos o decisiones (técnica de las 3 opiniones externas).
  • Fomentar que el paciente tome conciencia de lo que está pasando y de las consecuencias asociadas al estado maníaco-hipomaníaco.

 

BIBLIOGRAFÍA

Colom, F. y Vieta, E. (2004). Manual de psicoeducación para el trastorno bipolar. Barcelona: Editorial Ars Médica.

Tratamientos psicológicos eficaces para el trastorno bipolar. Psicothema, 13(3), 511-522. Becoña, E. y Lorenzo, C. (2001).

American Psychiatric Association (APA). (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Washington, DC: APA.


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