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18 marzo, 2019 Psicologia Clínica

La fobia social se define como «un temor acusado y persistente a una o más situaciones sociales o de actuación en público en las que la persona se ve expuesta a gente desconocida o al posible escrutinio por parte de los demás. El sujeto teme actuar de alguna manera (o mostrar síntomas de ansiedad) que pueda ser humillante o embarazosa». Generalmente, los sujetos con fobia social temen que ese escrutinio sea embarazoso, humillante, les haga aparecer como tontos o sean evaluados negativamente. Esto es claramente fobia “social”, porque dichos sujetos no tienen dificultades cuando realizan las mismas tareas en privado. «La conducta se deteriora sólo cuando los demás les están observando» Además, las situaciones sociales o de actuación en público se evitan o se soportan con una ansiedad intensa, los síntomas del trastorno interfieren de manera importante con el funcionamiento del individuo en una o más áreas y/o se da un notable malestar por el hecho de padecer la fobia. Las situaciones sociales más frecuentemente temidas por los sujetos con fobia social incluyen entre otras:

  • Iniciar y/o mantener una conversación.
  • Quedar con alguien.
  • Asistir a una fiesta
  • Hacer y recibir cumplidos.
  • Asistir a reuniones o congresos.
  • Actuar ante otras personas.
  • Hablar en público.
  • Comer y/o beber en público.

El síntoma conductual más habitual de la fobia social es la evitación de las situaciones temidas. Por definición, los sujetos con fobia social temen o evitan situaciones en las que es posible la observación por parte de los demás.

 

LA EVALUACIÓN

La evaluación de la fobia social, lo mismo que de las otras fobias, debería estructurarse para considerar de forma sistemática los síntomas fisiológicos, conductuales y subjetivos y las reacciones a ellos. La gravedad de la fobia puede estimarse si nos enteramos del grado en que interfiere con la vida diaria, incluyendo la capacidad para trabajar y para llevar a cabo relaciones normales. Para la evaluación de las fobias sociales podemos servirnos de:

  • Entrevistas iniciales semi-estructurada.
  • Medidas conductuales.
  • Instrumentos de autoinforme:
  • Escala de ansiedad social, de Liebowitz (Liebowitz social anxiety scale, lsas).
  • Escala de fobia social (Social phobia scale, sps) y Escala de ansiedad ante la interacción social (Social interaction anxiety scale, sias).
  • Inventario de ansiedad y fobia social (Social phobia and anxiety inventory, spai; Turner et al., 1989).
  • Escala de ansiedad y evitación social (Social avoidance and distress scale, sad) y Temor a la evaluación negativa (Fear of negative evaluation, fne).

 

EL TRATAMIENTO

La fobia social puede ser tratada hoy día con eficacia por medio de intervenciones cognitivo-conductuales. Aunque todavía quedan muchos problemas por resolver, sí podemos señalar que la posición cognitivo-conductual plantea tratamientos empíricamente validados para la fobia social.

Tradicionalmente se ha dividido el tratamiento cognitivo-conductual de la fobia social en cuatro tipos de procedimientos: estrategias de relajación, entrenamiento en habilidades sociales, exposición y reestructuración cognitiva.

Procedimientos cognitivo-conductuales: el procedimiento más frecuentemente utilizado es la exposición, seguida por el entrenamiento en habilidades sociales y algún tipo de reestructuración cognitiva (terapia racional-emotiva, terapia cognitiva de Beck, entrenamiento en autoinstrucciones), la desensibilización sistemática y alguna clase de relajación.

El entrenamiento en habilidades sociales: es un grupo de técnicas que intenta enseñar conductas interpersonales apropiadas con el fin de mejorar la competencia interpersonal de los individuos en clases específicas de situaciones sociales. Su aplicación al tratamiento de la fobia social se basa en la idea de que las personas con fobia social carecen de las habilidades sociales adecuadas, tanto verbales como no verbales.

Estrategias de relajación: esta estrategia aplicada a la fobia social se basa en la noción de que estas técnicas proporcionarán al paciente medios para afrontar la ansiedad. La exposición a las situaciones temidas de la vida real se ha aceptado desde hace tiempo como un componente básico para la reducción eficaz del miedo y su objetivo es extinguir la respuesta condicionada de temor (RC) ante los estímulos (o situaciones sociales) condicionados (EC) al exponer repetidamente a los sujetos a estas situaciones condicionadas sin que ocurra un estímulo aversivo incondicionado (EI).

En la actualidad surgen nuevas vías para el tratamiento de la fobia social, un ejemplo lo encontramos en la implementación de la Realidad Virtual para el tratamiento de diversos trastornos, este tratamiento junto a otros pertenece a las terapias de tercera generación o tercera ola.

Por ejemplo, para la fobia de hablar en público, con la RV se pretende recrear un entorno virtual parecido a un aula o auditorio, donde puede llevarse a cabo una conferencia delante de un grupo de personas virtuales (avatares). Dichos avatares pueden presentar diferentes tipos de comportamientos y actitudes, intentando elicitar ansiedad en la persona que debe hablar ante ellos.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

American Psychiatric Association., Kupfer, D. J., Regier, D. A., Arango López, C., Ayuso-Mateos, J. L., Vieta Pascual, E., & Bagney Lifante, A. (2014). DSM5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5a ed.).

Caballo, V. E., Andrés, V., & Bas, F. (1997). Fobia social. Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos, 1, 25-87.

García-García, E. S., Rosa-Alcázar, A. I., & Olivares-Olivares, P. J. (2011). Terapia de exposición mediante realidad virtual e internet en el trastorno de ansiedad/fobia social: Una revisión cualitativa. Terapia psicológica, 29(2), 233-243.

Rodríguez, J. O. (2009). Evaluación y tratamiento de la fobia social en población infanto-juvenil de los países de habla española y portuguesa. Anuario de psicología/The UB Journal of psychology, 40(1), 7-21.


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29 enero, 2019 Psicologia Clínica

Este trastorno de personalidad se caracteriza por un patrón general de excesiva emotividad, una búsqueda de atención que comienza al principio de la edad adulta y que se da en diversos contextos, como lo indican 5 o más de los siguientes puntos:

» No se siente cómodo en las situaciones en las que no es el centro de atención.

» Interacciona con los demás suele caracterizarse por una conducta sexualmente seductora o    provocadora.

» Expresión emocional superficial y oscilante.

» Utilización permanentemente del aspecto físico para llamar la atención sobre sí mismo.

» Modo de hablar subjetiva y carente de matices.

» Tendencia a la autodramatización, teatralidad y exagerada expresión emocional.

» Sugestionable, influenciable por los demás o por las circunstancias.

» Considera sus relaciones más íntimas de lo que son realmente.

 

EVALUACIÓN DEL TRASTORNO DE PERSONALIDAD

Los trastornos de personalidad se asocian a diferentes dificultades en emociones, conductas y pensamientos, así como en las relaciones sociales y en el funcionamiento diario, por lo que debemos evaluar para conocer la afectación que está produciendo y poder acabar con las conexiones que están manteniendo la dificultad.

Por tanto, debemos realizar una evaluación global de todos los aspectos mencionados:

» Biológico: revisión médica, analítica general y vitamínico, hormonal, exploración de la medicación.

» Condiciones médicas, enfermedades.

» Historia biográfica.

» Hábitos de vida.

» Creencias: mitos o ideas sobre el mismo, actitud hacia el mismo e incluso actitud de las familias de origen (ideas, conductas, comentarios…).

» Circunstancias de vida: trabajo, pareja, hijos, amigos, economía, etc.

» Factores psicológicos: ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima, evaluar como factores de inicio o de mantenimiento.

» Soluciones intentadas.

» Descripción subjetiva de lo que le ocurre, de su vivencia.

» Antecedentes y consecuentes: qué factores anteceden y han influido y qué factores posteriores ha provocado a corto plazo y largo plazo.

» Consumo de sustancias y/o alcohol.

» Adaptación social, escolar, laboral, etc.

Otros temas importantes a evaluar son:

  • Valorar la actividad diaria de la persona.
  • Habilidades hacer frente.
  • Habilidades sociales.
  • Activación psicofisiológica.
  • Conductas autolesivas.
  • Sensaciones en relación a conductas sociales y reacciones y pensamientos sobre las demás personas.
  • Recoger información de la familia (contrastar).

 

INTERVENCIÓN EN TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que cuando un paciente acude a consulta, lo primordial es garantizar su salud, si existe un riesgo para su vida o autolesiones severas, recomendamos derivar para un ingreso hospitalario.

En las principales técnicas de intervención por trastornos se buscan los siguientes objetivos:

» Lograr la desaparición o disminución de todas aquellas conductas problema que dificultan o impiden un adecuado funcionamiento en su medio ambiente social.

» Mejorar la repercusión emocional o trastornos del estado de ánimo asociados.

» Distorsiones cognitivas o esquemas cognitivos nucleares (Beck y Freeeman., 1995): Deberemos intervenir sobre los esquemas rígidos, inflexibles, sobreaprendidos, hiperactivos y sobre todo desadaptativos y resistentes a los cambios. Estos esquemas pueden encontrarse en el origen de pautas de conducta disfuncionales. Al comienzo pasarán inadvertidos por la persona, pero con entrenamiento aumenta la capacidad de darse cuenta y de modificarlos.

 

Tratamiento específico para el trastorno de personalidad histriónico

» Terapia cognitivo conductual: entre sus objetivos está el de modificar los esquemas disfuncionales de las personas que tienen este trastorno («no me hacen caso»), así como una modificación de la conducta asociada (trabajo fomento empatía, habilidades comunicación, regulación emocional, autocontrol conductas seductoras).


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29 enero, 2019 Psicologia Clínica

Este trastorno se caracteriza por un patrón general de preocupación por el orden, perfeccionismo, control mental e interpersonal, a expensas de la flexibilidad, espontaneidad, eficacia, que empieza al comienzo de la edad adulta y se produce en diversos contextos, como lo indican 4 o más de los siguientes ítems.

» Preocupación por detalles, normas, listas, orden, organización, horarios, hasta el punto de perder de vista el objetivo nuclear de la actividad.

» Perfeccionismo que interfiere con la finalización de las tareas. Por ejemplo, la no finalización de un proyecto porque no cumple sus auto-exigencias estrictas.

» Dedicación excesiva al trabajo y a la productividad con exclusión de las actividades de ocio y las amistades (no se puede atribuir a necesidades económicas).

» Excesiva terquedad escrupulosidad e inflexibilidad en temas de moral, ética o valores (no atribuible a la cultura o la religión).

» Incapacidad para tirar objetos gastados o inservibles, incluso cuando no poseen un valor sentimental.

» Reacio a delegar tareas o trabajos en otros, a no ser que estos se sometan de forma exacta a su forma de hacer las cosas.

» Adopta un estilo avaro en los gastos para él y para los demás: el dinero es considerado algo a acumular con vistas a catástrofes futuras.

» Muestra rigidez y obstinación.

 

EVALUACIÓN DEL TRASTORNO DE PERSONALIDAD

Debemos realizar una evaluación global de todos los aspectos mencionados:

» Biológico: revisión médica, analítica general y vitamínico, hormonal, exploración de la medicación.

» Condiciones médicas, enfermedades.

» Historia biográfica.

» Hábitos de vida.

» Creencias: mitos o ideas sobre el mismo, actitud hacia el mismo e incluso actitud de las familias de origen (ideas, conductas, comentarios…).

» Circunstancias de vida: trabajo, pareja, hijos, amigos, economía, etc.

» Factores psicológicos: ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima, evaluar como factores de inicio o de mantenimiento.

» Soluciones intentadas.

» Descripción subjetiva de lo que le ocurre, de su vivencia.

» Antecedentes y consecuentes: qué factores anteceden y han influido y qué factores posteriores ha provocado a corto plazo y largo plazo.

» Consumo de sustancias y/o alcohol.

» Adaptación social, escolar, laboral, etc.

Otros temas importantes a evaluar son:

  • Valorar la actividad diaria de la persona.
  • Habilidades hacer frente.
  • Habilidades sociales.
  • Activación psicofisiológica.
  • Conductas autolesivas.
  • Sensaciones en relación a conductas sociales y reacciones y pensamientos sobre las demás personas.
  • Recoger información de la familia (contrastar).

 

INTERVENCIÓN EN TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Los tratamientos de personalidad se encuentran bien establecidos y han probado su eficacia (Echeburua et al., 1999; Romero et al., 2001). Sin embargo, algunos autores señalan que la TCC es más eficaz en el trastorno límite, en el trastorno por evitación y en el trastorno dependiente, siendo menos eficaz en el esquizoide, el antisocial y el narcisista (Caballo, 2001).

Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que cuando un paciente acude a consulta, lo primordial es garantizar su salud, si existe un riesgo para su vida o autolesiones severas, recomendamos derivar para un ingreso hospitalario.

En las principales técnicas de intervención por trastornos se buscan los siguientes objetivos:

» Lograr la desaparición o disminución de todas aquellas conductas problema que dificultan o impiden un adecuado funcionamiento en su medio ambiente social.

» Mejorar la repercusión emocional o trastornos del estado de ánimo asociados.

» Distorsiones cognitivas o esquemas cognitivos nucleares (Beck y Freeeman., 1995): Deberemos intervenir sobre los esquemas rígidos, inflexibles, sobreaprendidos, hiperactivos y sobre todo desadaptativos y resistentes a los cambios. Estos esquemas pueden encontrarse en el origen de pautas de conducta disfuncionales. Al comienzo pasarán inadvertidos por la persona, pero con entrenamiento aumenta la capacidad de darse cuenta y de modificarlos.

 

Tratamiento específico para trastorno de personalidad obsesivo compulsivo

Terapia cognitivo conductual: busca modificar los esquemas disfuncionales de las personas que tienen este trastorno («debo hacerlo de tal forma», «no puedo…hasta que…», «si no lo hago…pasará…»), así como una modificación de la conducta asociada (aumento de la empatía y de la expresividad emocional, clarificación objetivos, toma de decisiones, eliminar del temor a cometer errores, acomodación de la realidad a las expectativas, entrenamiento en solución de problemas, programa de actividades).


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28 enero, 2019 Psicologia Clínica

 

 

Los trastornos de personalidad se tratan de uno de los temas más complicados a la hora de trabajar en psicoterapia y de los que es fundamental hacer un buen diagnóstico y comprender la afectación de la vida cotidiana. El trastorno límite, dentro de los trastornos de personalidad, es el que más atención ha recibido en cuanto a los tratamientos estructurados. No obstante, todos los trastornos de personalidad son importantes y hay que detectarlos y tratarlos lo más precozmente, ya que se producen desde edades muy tempranas y la persona afectada suele tener importantes repercusiones en su funcionalidad y adaptabilidad, por ello debemos trabajar desde una perspectiva integral.

Los rasgos de personalidad son patrones persistentes en la forma de percibir, relacionarse y pensar acerca del entorno, además de sobre uno mismo, que se manifiestan en diferentes contextos sociales y personales.

Solo constituirán un trastorno de personalidad cuando los rasgos de personalidad sean desadaptativos, inflexibles y que se mantienen a lo largo del tiempo, produciendo un deterioro funcional significativo y/o un malestar subjetivo.

El DSM-5 añade una serie de modificaciones con respecto a los anteriores sistemas clasificatorios:

» Concepto trastorno personalidad: el DSM-5 (Apa, 2013), añade la idea de «fracaso en la adaptación» desde la idea de deterioro en la identidad propia y/o fracaso en las relaciones interpersonales. Define trastorno de personalidad como un patrón de comportamientos y experiencias internas, generalizado, estable y que se produce desde la adolescencia.

No incluye los trastornos de personalidad en un eje diferenciado al resto de trastornos mentales.

» Tiene en cuenta la funcionalidad de la persona.

Los trastornos de personalidad tradicionalmente se han clasificado por medio de clúster o categorías. Sin embargo, se ha visto la ausencia de validez empírica que tiene este sistema clasificatorio. No obstante, a continuación, señalaremos la organización en grupos o clúster, ya que es importante conocer la nomenclatura tradicional y la forma de organizar cada trastorno, para poder ver la evolución que ha sufrido.

El DSM-5 (Apa, 2013) establece la siguiente clasificación:

» Trastornos de la personalidad: Grupo A. o Trastorno de la personalidad paranoide.

  • Trastorno de la personalidad esquizoide.
  • Trastorno de la personalidad esquizotípica.

» Trastornos de la personalidad: Grupo B. o Trastorno de la personalidad antisocial.

  • Trastorno de la personalidad límite.
  • Trastorno de la personalidad histriónica.
  • Trastorno de la personalidad narcisista.

» Trastornos de la personalidad: Grupo C. o Trastorno de la personalidad evitativa.

  • Trastorno de la personalidad dependiente.
  • Trastorno de la personalidad obsesivo-compulsiva.

» Otros trastornos de la personalidad. o Cambio de la personalidad debido a otra afección médica. Especificar si: tipo lábil, tipo desinhibido, tipo agresivo, tipo apático, tipo paranoide, otro tipo (tipo combinado y tipo no especificado).

  • Otro trastorno de la personalidad especificado.
  • Trastorno de la personalidad no especificado.

 

EVALUACIÓN DE LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Los trastornos de personalidad se asocian a diferentes dificultades en emociones, conductas y pensamientos, así como en las relaciones sociales y en el funcionamiento diario, por lo que debemos evaluar para conocer la afectación que está produciendo y poder acabar con las conexiones que están manteniendo la dificultad.

Por tanto, debemos realizar una evaluación global de todos los aspectos mencionados:

» Biológico: revisión médica, analítica general y vitamínico, hormonal, exploración de la medicación.

» Condiciones médicas, enfermedades.

» Historia biográfica.

» Hábitos de vida.

» Creencias: mitos o ideas sobre el mismo, actitud hacia el mismo e incluso actitud de las familias de origen (ideas, conductas, comentarios…).

» Circunstancias de vida: trabajo, pareja, hijos, amigos, economía, etc.

» Factores psicológicos: ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima, evaluar como factores de inicio o de mantenimiento.

» Soluciones intentadas.

» Descripción subjetiva de lo que le ocurre, de su vivencia.

» Antecedentes y consecuentes: qué factores anteceden y han influido y qué factores posteriores ha provocado a corto plazo y largo plazo.

» Consumo de sustancias y/o alcohol.

» Adaptación social, escolar, laboral, etc.

Veamos los instrumentos de evaluación trastornos de personalidad:

» Cuestionario Clínico Multiaxial de Millon tres versiones (MCMI-I, MCMI-II y MCMI-III; Millon, 1983, 1987; Millon, Millon y Davis, 1994): el MCMI-III consta de 175 ítems que valora trastornos clínicos de personalidad. Obtienen puntuaciones distribuidas en 11 patrones clínicos de personalidad: esquizoide, evitativo, depresivo, dependiente, histriónico, narcisista, antisocial, pasivo-agresivo, autodestructiva y otros 3 rasgos patológicos: esquizotípico, paranoide y límite.

Consta de 4 índices que permiten evaluar la validez del protocolo y 24 escalas clínicas agrupadas de acuerdo con el nivel de gravedad: Patrones clínicos de personalidad, Patología grave de la personalidad, Síndromes clínicos y Síndromes clínicos graves.

» Inventario de personalidad multifásico de Minnesota MMPI-II (Hathaway y McKinley, 1943): consta de 567 ítems. Tiene 3 escalas de validez: mentira (tendencia a mostrarse moral y culturalmente favorable), incoherencia (tendencia a mostrar actitudes y conductas desfavorables para sí mismo), corrección (tendencia a negar o admitir determinadas conductas).

10 escalas: hipocondría, depresión, histeria, desviación psicopática, masculinidad-feminidad, paranoia, psicastenia, esquizofrenia, hipomanía, introversión social.

Escalas de contenido: ansiedad, miedos, obsesividad, depresión, preocupaciones por la salud, pensamiento extravagante, hostilidad, cinismo, conductas antisociales, comportamiento tipo A, baja autoestima, malestar social, problemas familiares, interferencia laboral, indicadores negativos de tratamiento.

» Inventario de personalidad de Eysenck EPQ (Eysenck, 1964): compuesto por 57 ítems con posibilidad de respuesta sí/no. Está compuesto por dos formas:

A: Extroversión versus introversión.

  1. Neuroticismo versus control.

Dando lugar a diferentes tipos de personalidad:

  • Colérico.
  • Melancólico.
  • Flemático.
  • Sanguíneo.

Examen Internacional de los Trastornos de la Personalidad (I.P.D.E) (Loranger et al., 1987): existen dos versiones de la entrevista. En el módulo DSM-4 encontramos 99 ítems, con un cuestionario de 77 ítems.

Otros temas importantes a evaluar son:

  • Valorar la actividad diaria de la persona.
  • Habilidades hacer frente.
  • Habilidades sociales.
  • Activación psicofisiológica.
  • Conductas autolesivas.
  • Sensaciones en relación a conductas sociales y reacciones y pensamientos sobre las demás personas.
  • Recoger información de la familia (contrastar).

 

INTERVENCIÓN EN TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Los tratamientos de personalidad se encuentran bien establecidos y han probado su eficacia (Echeburua et al., 1999; Romero et al., 2001). Sin embargo, algunos autores señalan que la TCC es más eficaz en el trastorno límite, en el trastorno por evitación y en el trastorno dependiente, siendo menos eficaz en el esquizoide, el antisocial y el narcisista (Caballo, 2001).

Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que cuando un paciente acude a consulta, lo primordial es garantizar su salud, si existe un riesgo para su vida o autolesiones severas, recomendamos derivar para un ingreso hospitalario.

En las principales técnicas de intervención por trastornos se buscan los siguientes objetivos:

» Lograr la desaparición o disminución de todas aquellas conductas problema que dificultan o impiden un adecuado funcionamiento en su medio ambiente social.

» Mejorar la repercusión emocional o trastornos del estado de ánimo asociados.

» Distorsiones cognitivas o esquemas cognitivos nucleares (Beck y Freeeman., 1995): Deberemos intervenir sobre los esquemas rígidos, inflexibles, sobreaprendidos, hiperactivos y sobre todo desadaptativos y resistentes a los cambios. Estos esquemas pueden encontrarse en el origen de pautas de conducta disfuncionales. Al comienzo pasarán inadvertidos por la persona, pero con entrenamiento aumenta la capacidad de darse cuenta y de modificarlos.

 

Bibliografía

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.).Washington, DC: APA.

Echeburua, E. y Corral, P. (1999). Avances en el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos de personalidad. Análisis y Modificación de conducta.

Beck, A. y Freeman, A. (1995). Terapia cognitiva de los trastornos de la personalidad. Barcelona: Paidós.

Romero, E.Q., y Pérez, J.M.E. (2001). Tratamientos psicológicos eficaces para los trastornos de personalidad. Psicothema.


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11 enero, 2019 Psicologia Clínica

Es bien sabido por todos que la vida de una persona está llena de cambios que en ocasiones no son esperados, como una mudanza, un cambio de trabajo o de ciudad, una ruptura sentimental o el diagnóstico de una enfermedad. Cuando algo de esto sucede, nuestro cuerpo se prepara para afrontar la nueva situación pero a veces la persona se siente desbordada y cree que las exigencias de la nueva situación superan su capacidad de hacerles frente. Ante estos casos se puede desarrollar un Trastorno de Adaptación, que siempre está relacionado con algún evento estresante.

Diagnóstico:

Según el DSM-V (APA, 2014) los criterios diagnósticos para este trastorno serían:

  • Criterio A. Desarrollo de síntomas emocionales o del comportamiento en respuesta a un factor o factores estresantes identificables que se producen en los 3 meses siguientes al inicio del factor estresante.
  • Criterio B. Estos síntomas o comportamientos son clínicamente importantes y se ponen de manifiesto en una o las dos características siguientes:
    • Malestar intenso desproporcionado a la gravedad o intensidad del factor estresante, teniendo en cuenta el contexto y los factores culturales que podrían influir.
    • Deterioro significativo en lo social, laboral y otras áreas importantes del funcionamiento.
  • Criterio C. La alteración relacionada con el estrés no cumple los criterios para otro trastorno mental y no es la exacerbación de un trastorno mental preexistente.
  • Criterio D. Los síntomas no representan el duelo normal.
  • Criterio E. Una vez que el evento estresante o sus consecuencias han terminado, los síntomas no se mantienen más de otros 6 meses.

Los síntomas que pueden aparecer en este trastorno son muy variados, para eso el DMS-V establece una clasificación de los subtipos en el trastorno, estos son:

  • Con ansiedad: en este caso predominan los síntomas de preocupación o nerviosismo.
  • Con estado de ánimo depresivo: la desesperanza, las ganas de llorar o un estado de ánimo bajo son los predominantes en este subtipo.
  • Mixto, con ansiedad y estado de ánimo depresivo: los sentimientos predominantes son una combinación de los descritos anteriormente.
  • Con trastorno del comportamiento: en este caso, el trastorno se presenta con una alteración del comportamiento, en la que aparece la violación de los derechos de los demás y de las normas (vandalismo, peleas, conducción irresponsable…).
  • Con alteraciones mixtas de las emociones y el comportamiento: aparecen tanto síntomas emocionales como comportamentales.
  • No especificado: las reacciones no se ajustan en ningún subtipo anteriormente descrito (quejas somáticas, aislamiento social…).

Tratamiento:

En lo que se refiere a la intervención, en ocasiones estos trastornos se consideran menores y se cree que no es necesario su abordaje. Esta postura es incorrecta ya que sin tratamiento, en el futuro, podría desencadenar en trastornos de mayor gravedad. Igualmente no hay que olvidar, independientemente de la gravedad, que este tipo de situaciones generan malestar y sufrimiento a las personas que las padecen, afectando negativamente en su vida.

En la actualidad existen diferentes tratamientos para este trastorno, siendo los de enfoque cognitivo conductual los que cuentan con mayor aval científico, concretamente el Programa de Inoculación del Estrés de Meichenbaum (1985), que se explica a continuación.

Este programa consta de sesiones en las que se trabajan diferentes aspectos a través de las técnicas cognitivas y conductuales más frecuentes.

En una primera sesión se trabajaría la psicoeducación, con una explicación de qué es el estrés, cómo funciona y cómo reacciona nuestro cuerpo en esas situaciones. Después el programa incluye el aprendizaje y la práctica de técnicas de desactivación entre las que se incluyen: respiración diafragmática, entrenamiento autógeno, relajación muscular profunda y técnicas de imaginación.

El programa incluye también técnicas cognitivas que se trabajarán a lo largo de varias sesiones, estas serán: reestructuración cognitiva para trabajar las distorsiones o errores de pensamiento del paciente, así como las ideas irracionales; debate del pensamiento, autoinstrucciones y parada del pensamiento. Se trabajan técnicas asertivas o entrenamiento en habilidades sociales que consiste en explicar al paciente qué es el comportamiento asertivo, que conozca los derechos asertivos básicos, así como aprender a decir no o a pedir un cambio de conducta cuando algo no es de su agrado. Otras sesiones, de este programa, se dedican a enseñar y practicar con el paciente técnicas destinadas al manejo y administración del tiempo.

Por último, las sesiones finales se destinan para tratar las características de personalidad y como estas se relacionan con el manejo del estrés y la salud. En estas sesiones de trabaja también la ira/hostilidad, el uso del humor y el optimismo.

Referencias

American Psychiatric Association., Kupfer, D. J., Regier, D. A., Arango López, C., Ayuso-Mateos, J. L., Vieta Pascual, E., & Bagney Lifante, A. (2014). DSM-5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed.). Madrid: Médica Panamericana.

Caballo, V., Salazar, I. y Carrobles, J.A. (2014). Manual de Psicopatología y Trastornos Psicológicos (2ª ed.). Madrid: Pirámide.


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13 diciembre, 2018 Psicologia Clínica

El trastorno bipolar es una enfermedad crónica que produce un deterioro funcional en los pacientes que la padecen. La prevalencia, si incluimos el trastorno bipolar I y II, oscila entre el 2-4 % de la población (Kessler et al., 1994, 2005, 2012).

Es un trastorno que se caracteriza por variaciones en el estado de ánimo que se producen de forma cíclica, en el que la persona afectada pasa por episodios o fases depresivas y maníacas o hipomaníacas, intercalándose períodos más o menos largos de eutimia o de estabilización, dependiendo del subtipo de trastorno bipolar que la persona tenga.

La edad media de inicio del trastorno bipolar se encuentra entre la segunda mitad de los 20 hasta los 30 años (Kupfer et al., 2002). El trastorno bipolar tipo I suele tener una edad de inicio menor que el tipo II (Baldessarini et al., 2010).

Las personas afectadas por un trastorno bipolar están deprimidas casi el 50 % de su vida y el 11 % del tiempo tienen síntomas maníacos o hipomaníacos (Post et al., 2003). El trastorno bipolar es una enfermedad que cursa con episodios depresivos, maníacos, mixtos intercalándose con períodos de eutimia. Winokur (1989) señala que solo existe alrededor de un 15 % de pacientes que presenten únicamente un solo episodio, siendo el número más frecuente de recaídas a lo largo de la vida entre de 7 y 22 (Gitlin et al., 1995).

 

Episodio maníaco (DSM-5)

Período concreto de tiempo de estado de ánimo anormal y permanentemente elevado, expansivo, irritable, además de un aumento anormal y persistente de la actividad o la energía. Duración mínima de 1 semana, presente la mayor parte del día, casi todos los días (en caso de requerir hospitalización el criterio temporal es indiferente).

Deterioro significativo en el funcionamiento social o laboral.

Durante el período de alteración del estado de ánimo y aumento de la energía o la actividad existen 3 (o más) de los síntomas siguientes (4 si el estado de ánimo es solo irritable) o un grado significativo y representan un cambio notorio del comportamiento habitual:

  • Autoestima aumentada o sentimiento de grandeza.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • Verborrea o presión para mantener la conversación.
  • Fuga de ideas o experiencia subjetiva de que los pensamientos van a gran velocidad.
  • Aumento de la actividad dirigida a un objetivo o agitación psicomotora.
  • Participación excesiva en actividades que tienen muchas posibilidades de consecuencias negativas.

 

Episodio de depresión mayor (DSM-5)

5 (o más) de los síntomas siguientes han estado presentes durante el mismo período de 2 semanas y representan un cambio del funcionamiento anterior; al menos uno de los síntomas es (1) estado de ánimo deprimido o (2) pérdida de interés o de placer.

  • Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días, según se desprende de la información subjetiva o a través de la observación de terceros.
  • Reducción significativa del interés o el placer por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, casi todos los días.
  • Reducción peso importante sin hacer dieta o aumento de peso o disminución o aumento del apetito casi todos los días.
  • Insomnio o hipersomnia casi todos los días.
  • Agitación o retraso psicomotor casi todos los días.
  • Fatiga o pérdida de la energía casi todos los días.
  • Sentimientos de inutilidad o de culpabilidad excesiva o inapropiada (que puede ser delirante) casi todos los días.
  • Reducción de la capacidad para pensar o concentrarse, o de tomar decisiones, casi todos los días.
  • Pensamientos, ideas, planes de muerte.

Deterioro significativo en el funcionamiento social o laboral.

 

Episodio hipomaníaco (DSM-5)

Período definido de estado de ánimo anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable, y un aumento anormal y persistente de la actividad o la energía, que dura como mínimo 4 días consecutivos y está presente la mayor parte del día, casi todos los días.

Durante el período de alteración del estado de ánimo y aumento de la energía y actividad, han persistido 3 (o más) de los síntomas siguientes (4 si el estado de ánimo es solo irritable), representan un cambio notorio del comportamiento habitual y han estado presentes en un grado significativo:

  • Aumento de la autoestima o sentimiento de grandeza.
  • Reducción de la necesidad de dormir
  • Verborrea o presión para mantener la conversación.
  • Fuga de ideas o experiencia subjetiva de que los pensamientos van a gran velocidad.
  • Facilidad de distracción.
  • Aumento de la actividad dirigida a un objetivo o agitación psicomotora.
  • Participación excesiva en actividades que tienen muchas posibilidades de consecuencias negativas

Modificación en el funcionamiento que no es característico del individuo cuando no presenta síntomas.

La alteración del estado de ánimo y el cambio en el funcionamiento son observables por parte de otras personas.

El episodio no es suficientemente grave para causar una alteración significativa del funcionamiento social o laboral, o necesitar hospitalización. Si existen características psicóticas, el episodio es entonces maníaco.

 

Trastorno bipolar tipo I.

El diagnóstico de trastorno bipolar tipo I exige que se cumplan los criterios siguientes para un episodio maníaco: antes o después del episodio maníaco pueden haber existido episodios hipomaníacos o episodios de depresión mayor.

 

Trastorno bipolar tipo II

El trastorno bipolar II requiere la presencia a lo largo de la vida de, al menos, un episodio de depresión mayor y, al menos, un episodio hipomaníaco.

Sin embargo, se ha dejado de considerar una afección «más leve» que el trastorno bipolar I, en gran parte por la cantidad de tiempo que los individuos con esta afección pasan con depresión y porque la inestabilidad del humor que experimentan se acompaña normalmente de un importante deterioro del funcionamiento laboral y social.

 

Trastorno ciclotímico

Presencia, durante al menos 2 años (niños 1 año), de numerosos períodos de síntomas hipomaníacos y numerosos períodos de síntomas depresivos, que no cumplen los criterios para un episodio depresivo mayor, hipomanía o manía.

 

Conciencia de enfermedad

En el trastorno bipolar, en la fase de hipomanía o manía, en numerosas ocasiones y sobre todo en los primeros episodios, los pacientes no son conscientes de que están entrando o están en una fase. Se trata de un síntoma típico de esta fase la ausencia de conciencia de enfermedad, por lo que es importante trabajarlo y educar al paciente al respecto, ya que en estos momentos tienden a abandonar la medicación porque se sienten bien, por lo menos al principio de la manía.

 

Pródromos de la enfermedad

Se trata de un conjunto de manifestaciones clínicas que alertan del comienzo o aproximación de un episodio de trastorno bipolar. Se sabe que es durante ese momento cuando se pueden tomar medidas terapéuticas que reduzcan el efecto de la enfermedad.

Existen pródromos comunes y también individuales de cada persona.

 

El estrés en el trastorno bipolar

El papel del estrés en el trastorno bipolar está ampliamente aceptado y numerosas investigaciones han asociado el curso y número de recaídas con los sucesos vitales estresantes, sin embargo, otros autores no descartan que las existencias de estos eventos vitales negativos puedan encontrarse desarrollados y precedidos por la propia sintomatología del trastorno (Kessing et al., 2004).

Las últimas novedades señalan que en el inicio del mismo o en los primeros episodios se encuentran muchas de las recaídas asociadas a factores ambientales mientras que con el paso del tiempo y de los reiterados episodios cada vez se encuentra una mayor independencia de esos factores ambientales y más asociados por tanto a factores biológicos o genéticos (Hammen y Gitlin, 1997).

 

Terapia cognitivo conductual

El objetivo es aplicar los principios cognitivo-conductuales a los pacientes para que se adhieran a la medicación y adquieran habilidades o reduzcan los problemas que acarrea el trastorno bipolar. La terapia cognitivo conductual ha mostrado beneficios añadidos como incidir en la explicación de cada paciente sobre los puntos de vista que tienen sobre el trastorno y en el aprendizaje de estrategias de afrontamiento en tratamientos estructurados (Scott et al., 2007).

González Isasi (2014), publica un estudio con 40 pacientes bipolares refractarios, aleatorizados a grupo psicoeducación con terapia cognitivo conductual versus grupo control. Encontró que el grupo experimental tuvo menos hospitalizaciones que el grupo control en la evaluación a los 12 meses, menor sintomatología depresiva y ansiosa a los

6 meses, 12 meses y 5 años. A los 5 años, el 88,9 % de los pacientes del grupo control y el 20 % de los pacientes del grupo experimental, mostraron síntomas afectivos y/o dificultades en el funcionamiento socio-laboral.

Para la realización correcta de una terapia cognitivo conductual con un paciente bipolar debemos conocer la tipología de trastorno bipolar que tiene y adecuarnos en cada momento al estado anímico del paciente.

 

Eutimia:

Durante este momento en el que el paciente se encuentra estabilizado es el momento de aprovechar para enseñarle estrategias de detección precoz de pródromos o señales que anteceden a los síntomas, enseñarles técnicas de afrontamiento y hacer contratos conductuales. El objetivo es detectarlos de la forma más rápida posible para evitar que se produzca un episodio. Entre las estrategias de detección precoz de pródromos:

  • Listado pródromos típicos del trastorno
  • Listado propio (ejecución autoregistro)

Hay que estar atentos a síntomas propios, puede ser indicativo de que comienza episodio y pueden no encontrarse recogidos en ningún listado (ponerse zapatillas, pendiente en oreja…).

  • Listado de pródromos realizados por la familia

Se le pide a la familia que realice un listado de los pródromos que han observado en otras ocasiones en su familiar; se les pide que incluyan todos, aunque parezcan insignificantes, para ayudarles podemos darles un registro tipo paciente (depresión, manía, disforia e hipomanía) y el listado de pródromos típicos de cada fase.

  • Técnica pirámide (pródromos, síntomas y modo de actuar en cada nivel)

El sueño es un síntoma fundamental en el trastorno bipolar, es importante prestar atención a este nivel como pródromo y como síntoma. Por ello se le darán al paciente normas de higiene de sueño, técnicas de control de tiempo de cama y de pensamientos distorsionados asociados a cada fase (ayudar a detectar cuando aparezcan y entender como síntomas):

  • Ejemplo pródromo maníaco: «No necesito dormir», «dormir es una pérdida de tiempo».
  • Ejemplo pródromo depresivo: «Quiero dormir para no pensar», «No tengo fuerzas para nada, solo quiero dormir»

 

Estado disfórico o depresivo

En este caso debemos seguir tanto los objetivos como los programas de tratamiento cognitivo conductuales que se emplean con la depresión, pero teniendo en cuenta las siguientes cuestiones:

  • Precaución a los virajes.
  • No tiene por qué existir una relación con un factor estresante o desencadenante.
  • La depresión puede no estar acompañada de sensación de tristeza, sino de vacío o indiferencia.
  • Siempre pedir que acuda al psiquiatra para que revise la medicación en ese momento.

 

También debemos planificar:

  • Actividades agradables (graduales).
  • Hábitos de vida regulares: estructuración (aumentar actividad de forma gradual, alimentación, higiene, sueño).

Distorsiones cognitivas (tratamiento similar al llevado a cabo durante períodos depresivos):

  • Listado distorsiones cognitivas
  • Detección
  • Técnica triple columna
  • Técnica de resolución de problemas de D’Zurilla y Nezu
  • Técnica del dominio-placer (graduales).
  • Evitación del aislamiento.
  • Control y supervisión de ideas suicidas.

 

Estado maníaco o hipomaníaco

  • En este caso debemos llevar a cabo un programa dirigido a reducir la hiperactividad y velocidad de pensamiento.
  • Planificación de hábitos de vida regulares: estructuración (reducir actividad, alimentación, higiene, sueño).
  • Normas higiene sueño.
  • Comparación del estado actual con el listado síntomas (realizado durante la eutimia por el paciente).
  • Gráficos de vida.
  • Distorsiones cognitivas (registro cogniciones, emociones).
  • Control y supervisión ideas suicidas.
  • Relajación.
  • Fomentar ambiente relajado (evitar disputas, ruidos, música y televisión alta).
  • Control de gastos.
  • Supervisión de nuevos proyectos o decisiones (técnica de las 3 opiniones externas).
  • Fomentar que el paciente tome conciencia de lo que está pasando y de las consecuencias asociadas al estado maníaco-hipomaníaco.

 

BIBLIOGRAFÍA

Colom, F. y Vieta, E. (2004). Manual de psicoeducación para el trastorno bipolar. Barcelona: Editorial Ars Médica.

Tratamientos psicológicos eficaces para el trastorno bipolar. Psicothema, 13(3), 511-522. Becoña, E. y Lorenzo, C. (2001).

American Psychiatric Association (APA). (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). Washington, DC: APA.


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10 diciembre, 2018 Psicologia Clínica

TRASTORNO DE ANSIEDAD POR SEPARACIÓN

Es un trastorno de ansiedad que se presenta en general en niños y adolescentes, caracterizado por un ansiedad excesiva cuando no están con las principales personas a quienes están apegados, como los padres, los cuidadores o la pareja cuando es el caso, llegando a ser incapaces de quedarse solos, ir a la escuela o a algún otro lugar sin compañía. Estos chicos buscan estar siempre cerca de sus padres o cuidadores por miedo a la separación, pues temen que ocurra algo catastrófico como la muerte, un secuestro o un accidente grave, temas de los cuales frecuentemente presentan pesadillas.

Aunque en el desarrollo normal estas características pueden aparecer, inician alrededor de los 7 meses de edad, alcanzan su mayor intensidad después del primer año de vida y van disminuyendo alrededor de los 2 años y medio de edad. Cuando ocurre después de esta etapa se considera anormal.

A continuación se describen los criterios diagnósticos del DSM-5:

  • Miedo o ansiedad excesiva e inapropiada para el nivel de desarrollo del individuo, concerniente a su separación de aquellas personas por las que siente apego. Se pone de manifiesto por al menos tres de las siguientes circunstancias:
    • Malestar excesivo y recurrente cuando se prevé o se vive una separación del hogar o de las figuras de mayor apego.
    • Preocupación excesiva y persistente por la posible pérdida de las figuras de mayor apego o de que estas puedan sufrir un posible daño, como una enfermedad, calamidades o muerte.
    • Preocupación excesiva y persistente por la posibilidad de que un acontecimiento adverso (por ejemplo, perderse, ser raptado, tener un accidente, enfermar…) cause la separación de una figura de gran apego.
    • Resistencia o rechazo persistente a salir lejos de casa, a la escuela, al trabajo o a otro lugar por miedo a la separación.
    • Miedo excesivo y persistente o resistencia a estar solo o sin las figuras de mayor apego en casa o en otros lugares.
    • Resistencia o rechazo persistente a dormir fuera de casa o a pasar la noche sin estar cerca de una figura de gran apego.
    • Pesadillas repetidas sobre el tema de la separación.
    • Quejas repetidas de síntomas físicos (por ejemplo, dolor de cabeza, dolor de estómago, náuseas o vómitos) cuando se produce o se prevé la separación de las figuras de mayor apego.
  • El miedo, la ansiedad o la evitación es persistente dura al menos cuatro semanas en niños y adolescentes y típicamente seis o más meses en adultos.
  • La alteración causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, académico, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
  • La alteración no se explica mejor por otro trastorno mental.

Tratamiento

El tratamiento de los trastornos de ansiedad en niños y adolescentes suele administrarse a través de paquetes de intervención cognitivo-conductual; esta estrategia ha demostrado validez empírica. Sin embargo, la intervención deberá adaptarse al nivel de desarrollo cognitivo del niño y a sus características individuales. La familia será otro bastón importante dentro de la intervención psicológica.

Los paquetes de intervención cognitivo-conductual suelen incluir los siguientes componentes:

  • Entrenamiento en relajación
  • Exposición progresiva hacia los estímulos o situaciones estresantes (desensibilización sistemática, exposición, implosión…).
  • Modelado y entrenamiento en habilidades sociales.
  • Técnicas de condicionamiento operante.
  • Reestructuración cognitiva.
  • Estrategias de resolución de problemas.

Con respecto de las técnicas de intervención conductual, se describen la continuación las más utilizadas en niños y adolescentes:

La desensibilización sistemática consiste en exponer al sujeto ante la situación que le crea la ansiedad. Se hace de forma progresiva, de tal manera que al principio se le hace imaginar la situación o estímulo para llegar a exponerlo ante él. Junto con esta exposición se le aplica otro estímulo positivo para que asocie dicha situación a algo bueno.

Las técnicas de exposición consisten en enfrentar al sujeto de forma prolongada ante el estímulo o situación que le crea la ansiedad para que se produzca una respuesta de habituación. Por otro lado, el modelado se lleva a cabo siguiendo el procedimiento que se describe a continuación: al sujeto que sufre la ansiedad se le enseña de manera real, a través de vídeos, de dibujos o incluso de manera imaginada, cómo otras personas se enfrentan positivamente al estímulo o a la situación que le crea la ansiedad. De esta manera se dará un aprendizaje positivo de enfrentamiento.

Las técnicas de manejo de contingencias consisten en la entrega al sujeto de refuerzos positivos cuando se le expone ante el estímulo o la situación que le crea la ansiedad, los cuales se le retiran cuando no accede a exponerse.

Por último, las técnicas de autocontrol consisten en enseñar al sujeto algunas estrategias para enfrentarse de forma positiva a las situaciones que le crean ansiedad controlando las respuestas fisiológicas que le provoca.

En los casos en los que la evitación forme parte de los factores de mantenimiento del trastorno se incluirán técnicas de exposición. Será necesario graduar la exposición a la ansiedad para evitar la sensibilización ante el estímulo y no su habitación.

Por último, el establecimiento de un vínculo terapéutico seguro es una de las principales garantías de éxito de la terapia en trastornos de ansiedad, dadas las características de vulnerabilidad de los niños y adolescentes con este tipo de trastornos. Es también de utilidad aplicar otro tipo de estrategias, como técnicas proyectivas o el uso del juego simbólico, sobre todo en niños que no tienen un buen desarrollo del lenguaje.


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Antes de hablar de la intervención resulta fundamental tener claro la gran diversidad que se ha comentado que existe, en el anterior artículo, en dicho trastorno.

Esta diversidad es la que va a guiar el proceso de intervención. Desde nuestra formación académica se nos advierte de la importancia de crear un proceso terapéutico que realmente este fundamentado en la individualización del tratamiento. Sin embargo, la experiencia y abundante literatura acerca de los trastornos psicológicos permite que en ocasiones el profesional pueda aplicar técnicas, manuales, o programas de manera similar a los distintos pacientes; al igual que durante nuestro proceso formativo se nos ha destacado la importancia de buscar una motivación real en el paciente. Cuando se habla de TEA, tenemos que tener en cuenta que hablamos de menores, cuyos intereses son restringidos; por tanto, nuestra intervención debe basarse justamente en crear un programa cuya base sea dicho interés.

Por ejemplo, un chico con TEA que tenga un interés superior en todo lo relacionado con los coches puede orientarnos en crear programas específicos para mejorar atención, motricidad, lectoescritura… basado en material de medios de transporte. Buscando siempre que el menor haga una tarea motivadora para él, pero que al mismo tiempo consiga superar nuestros objetivos de tratamiento.

Es por este motivo, que los profesionales dedicados al TEA requieren de una alta creatividad y paciencia, ya que requiere de numeroso material que quizás sirva para un solo chico.

En Albanta Logopedia y Psicologóa pensamos que la intervención, al igual que en el resto de trastornos, debe basarse en potenciar los puntos fuertes de estos sujetos permitiendo mejorar sus dificultades. Es bien conocido por todos, que las personas con TEA tienen mejor procesamiento visual que verbal, de este modo desde que son pequeños se potencia las explicaciones, normas, agendas a nivel visual; no pretendiendo que se creen frases eternas transcritas de forma visual, sino imágenes funcionales que le permitan entender mejor qué está pasando a su alrededor.

Incluso la comunicación, se fomenta de forma visual. La logopedia tiene una labor fundamental dentro de este ámbito, desde atención temprana, los profesionales deben propiciar que el menor aumente su intencionalidad comunicativa, quizás al inicio simplemente se busca que el menor coja la mano de su madre y la acerque hacia el juguete que no alcanza, pero que sin duda es un proceso comunicativo.

En ocasiones, los sujetos con TEA presentan alteraciones en el lenguaje verbal es por esto que los logopedas incorporar sistemas de comunicación aumentativos o alternativos, a través de las imágenes. Como su propio nombre indica, la función de este sistema es aumentar el lenguaje o potenciarlo, así como en el caso de los sujetos no verbales conseguir que comuniquen sus intereses, sentimientos… Es importante, que la sociedad también abra su mente respecto a este tema, ya que en ocasiones pensamos que una persona que no controle la comunicación verbal no puede comunicarse obviando otros medios de comunicación que sin duda resultan funcionales.

Resulta complicado determinar qué áreas deben ser tratadas en sujetos con TEA, pero de forma general se puede concretar algunas de las que tratamos en Albanta Logopedia y Psicología:

  • Aspectos sociales, es importante crear historias sociales con apoyos visuales que muestren una explicación de cómo debe comportarse el sujeto ante determinadas situaciones de la vida diaria. Los sujetos con TEA quieren relacionarse con su medio, pero en ocasiones presentan grandes dificultades en cuánto no entienden qué pasa o cómo deben reaccionar.
  • Procesos cognitivos, como atención, teoría de la mente, …
  • Regulación emocional, que identifiquen, expresen de forma adecuada tanto sus emociones como las del resto.
  • Potenciar actividades de juego, qué entiendan el juego simbólico, funcional, así como compartan el juego con sus iguales.
  • Fomentar y potenciar la comunicación, verbal y no verbal.
  • Mejorar la expresión verbal.
  • Aspectos académicos.
  • Actividades de la vida diaria.

Estos entre otros muchos ámbitos deben ser objeto de intervención en dicho trastorno, ámbitos que cualquier sujeto neurotipico también debe trabajar, pero en el caso de los sujetos con TEA es importante que todo el material este adaptado en bases a sus necesidades de apoyo pertinentes.


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Trastorno del Espectro Autista (TEA)

Actualmente, no existen censos o estudios oficiales que otorguen información acerca de la prevalencia actual de TEA en España, pero es cierto que los profesionales del ámbito sanitario alertan sobre un posible aumento de los casos detectados y diagnosticados, rompiendo ciertos mitos que hasta el momento existían como que existe una mayor prevalencia de dicho trastorno en varones respecto a mujeres. Según Autism-Europe (2015) se considera que existe una proporción de 1 caso de TEA cada 100 nacimientos. Sin embargo, estos valores se quedan cortos en comparación con otros estudios recientes, por ejemplo, el Centro para el Control y prevención de Enfermedades, estiman una prevalencia que 1 de cada 59 niños en EEUU presenta dicho trastorno.

El diagnóstico suele aparecer en torno a los dos años de vida, siendo prolongable hasta incluso la edad adulta. ¿Por qué ocurre eso? Hablar de autismo requiere hablar de una gran diversidad de posibles manifestaciones, es lo que hace del autismo un trastorno complicado de definir o identificar, pero tan fascinante para la mayoría de los profesionales entregados a este ámbito.

Sería absurdo hablar de un patrón de comportamiento común en toda la humanidad, al igual que resulta absurdo pretender que todas las personas que presenten TEA tengan el mismo comportamiento, personalidad e intereses.

Es común encontrar afirmaciones como que las personas con TEA presentan aislamiento social, rechazo al contacto, conductas agresivas o que tienen discapacidad intelectual asociada, como en la mayoría de los casos las afirmaciones que se basan en generalizaciones son falsas.

Es obvio, que desde la sanidad se pretenda crear un esquema básico que recoja ciertas características comunes en estos sujetos, pero la presencia de algunas de estas características de forma aislada no conlleva a tener TEA, así como todas las personas que tienen TEA no presentan dificultad en todos los ámbitos que a continuación se mencionan:

Según el DSM 5 y de forma resumida, las principales características del TEA son:

  • Deficiencias persistentes en la comunicación social y en la interacción social en diversos contextos (Contacto visual, acercamiento social “anormal”, dificultades para ajustar el comportamiento en diversos contextos sociales…).
  • Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades (Movimientos, utilización de objetos o habla estereotipados o repetitivos, inflexibilidad de rutinas, intereses muy restringidos y fijos que son anormales en cuanto a su intensidad o foco de interés, hiper- o hiporreactividad a los estímulos sensoriales o interés inhabitual por aspectos sensoriales del entorno…).
  • Dicho trastorno aparece desde las primeras fases del desarrollo.

Especificar si:

  • Con o sin déficit intelectual acompañante.
  • Con o sin deterioro del lenguaje acompañante.

Como se puede observar las características engloban comportamientos bastantes generales, mostrando una gran diversidad si mostramos las posibles combinaciones de las mismas.

Es importante que antes de mostrar prejuicios o ciertas ideas arcaicas, se tengan un acercamiento real a estos sujetos porque sin duda conocer de cerca personas con TEA nos ayude a entender la gran diversidad y el gran error de la generalización de patrones.


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12 noviembre, 2018 Psicologia Clínica

A mediados de este año 2018 la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentaba la undécima edición de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud (CIE-11), en la que se incluían numerosas novedades, entre ellas, la incorporación del trastorno por videojuegos (“Gaming disorder”) –referido al uso de juegos digitales o videojuegos, ya sea mediante conexión a Internet o sin ella-, dentro del epígrafe de trastornos debidos a comportamientos adictivos.

Por este motivo, el Instituto de la Mente Infantil (Child Mind Institute) -organización estadounidense sin ánimo de lucro, cuyo fin es el de facilitar las vidas de los niños y las familias que lidian con la salud mental y los trastornos del aprendizaje-, ha publicado un artículo a través del cual aborda esta problemática, analizando los motivos por los que algunos videojuegos crean adicción y estableciendo una serie de recomendaciones para padres sobre límites de uso.

El Instituto advierte del fuerte atractivo que tienen estas recompensas sorpresa para los niños.

Otra característica que desencadena el impulso de continuar el juego es el efecto near-miss (“casi ganancias”), una estrategia que induce un sesgo cognitivo en la persona: al hacerle creer que ha estado a punto de ganar –mostrándole sus fallos y los puntos que ha obtenido-, siente que terminará ganando si continúa jugando.

Asimismo, uno de los mayores atractivos de los videojuegos es su componente social: los niños pueden jugar en tiempo real con uno o varios amigos a la vez, lo que incrementa su nivel de diversión. Sin embargo, esto puede generar otros problemas, como por ejemplo, el sentimiento de exclusión al no haber podido jugar a la hora establecida por el resto de jugadores.

Dado todo lo anterior, el Instituto pone de relieve la dificultad que supone detener el juego, por lo que señala la necesidad de establecer ciertos límites. En esta línea, establece un listado de acciones que los niños no pueden perderse y cuyo cumplimiento deben garantizar los padres:

– Salir e interactuar con los amigos en la vida real.

– Participar en las actividades extraescolares que les gusta.

– Mantenerse al día con las clases y realizar los deberes escolares.

– Fomentar relaciones positivas con todos los miembros de la familia.

– Dormir la cantidad de horas suficientes.

Un tiempo de juego saludable sería aquel que no interrumpa ninguna de estas acciones. Por ejemplo, dos horas durante el fin de semana, o los días en los que no hay colegio. También entre semana podrían jugar una menor cantidad de tiempo, tal vez media hora por la tarde noche, siempre que hayan realizado sus tareas primero, y con supervisión de los padres.

Otro aspecto que los padres deben controlar es el comportamiento de sus hijos e hijas cuando juegan a videojuegos, especialmente los sociales. En este contexto, cuando los niños se sienten competitivos -o menospreciados- y su adrenalina aumenta, pueden reaccionar de forma exagerada y decir cosas que normalmente no dirían cara a cara. Palabras malsonantes e insultos entre amigos, puede ser una actitud demasiado frecuente en estos casos.

A este respecto, el Instituto indica la relevancia de que los niños comprendan que las normas de conducta en la vida diaria son las mismas en los videojuegos. Es de especial importancia, dado que los hábitos que se desarrollan al jugar, pueden generalizarse en otros entornos, como la escuela.

El artículo concluye poniendo el foco, una vez más, en la relevancia de establecer límites claros desde el principio y hacer que se cumplan.

Fuente: Child Mind Institute


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