Blog

BLOG

103552525_m.jpg?fit=1200%2C800&ssl=1

Los trastornos del espectro autista (TEA) son patologías del neurodesarrollo que se manifiestan como déficits en determinadas áreas fundamentales. Los requisitos para el diagnóstico de los TEA son los siguientes: A) déficit en la comunicación y la interacción social, y B) conductas e intereses restringidos y repetitivos, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición (DSM-5).

  • Déficit en la comunicación y la interacción social: Dependiendo de la edad, el nivel intelectual y las capacidades del lenguaje que presenten los individuos, las deficiencias en la comunicación social tendrán diferentes manifestaciones. El rango puede variar desde la ausencia completa del habla hasta la escasa compresión.
  • Conductas e intereses restringidos y repetitivos: Podemos destacar: estereotipias motoras simples (aleteo de manos, movimientos rápidos de los dedos), uso repetitivo de objetos (colocar juguetes alineados) y habla repetitiva. La excesiva inflexibilidad de las rutinas y patrones de comportamiento restringidos se pueden manifestar como una resistencia a los cambios. Por ejemplo: sentir angustia por cambios pequeños, insistir en seguir las reglas, rigidez de pensamiento. Los intereses muy restringidos y fijos tienden a ser anormales en su intensidad o foco.

En ocasiones, las compensaciones y las ayudas pueden ayudar a enmascarar las dificultades en algunos contextos, aunque las características diagnósticas centrales sean evidentes en el período de desarrollo. Estas características se van a manifestar de diferente forma según la gravedad de la afección autista, el nivel del desarrollo y la edad cronológica; de ahí el término espectro.

SEÑALES DE ALERTA

INMEDIATA

A los 12 meses, no balbucea ni hace gestos.

A los 18 meses, no dice palabras sencillas.

A los 24 meses, no dice frases de dos palabras.

Déficit de habilidades del lenguaje o a nivel social a cualquier edad.

 

ANTES DE LOS 12 MESES

El uso de la mirada es escaso.

No muestra anticipación cuando va a ser cogido.

No juega a juegos simples.

Falta de sonrisa social.

No manifiesta ansiedad ante los extraños sobre los 9 meses.

 

DESPUÉS DE LOS 12 MESES      

Menor contacto ocular.

Si se le llama, no responde a su nombre

No señala para pedir algo.

Respuesta inusual ante estímulos auditivos.

Falta de interés en juegos simples.

No utiliza la mirada para observar hacia donde otros señalan.

No hay imitación espontánea.

Ausencia de balbuceo comunicativo como si conversara con el adulto.

 

ENTRE LOS 18-24 MESES           

No señala con el dedo para compartir un interés

Dificultades para seguir la mirada del adulto.

No utiliza la mirada para observar hacia donde otros señalan.

No muestra un desarrollo del lenguaje comprensivo y/o expresivo adecuado.

Falta de juego funcional con juguetes o presencia de formas repetitivas de juego con objetos.

Ausencia de juego simbólico.

El interés por otros niños o hermanos es escaso.

No suele mostrar objetos.

No responde cuando se le llama.

No imita ni repite gestos o acciones que otros hacen.

Pocas expresiones para compartir afecto positivo.

Ahora no utiliza palabras que antes usaba.

 

Se ha propuesto que la edad media del diagnóstico es a los tres o cuatro años, o incluso más tarde para los niños de nivel socioeconómico bajo o sin antecedentes familiares de TEA. El período entre la sospecha inicial de TEA y el diagnóstico final puede ser un momento estresante y confuso para las familias, y la identificación e intervención tempranas pueden resolver este problema. No obstante, quizá la razón más crucial que justifica la necesidad de detectar los primeros síntomas es que permite una intervención temprana intensiva que conduce a un mejor pronóstico a largo plazo.

Alrededor del 25 % de los niños a los que más tarde se les diagnostica un trastorno del espectro autista pueden desarrollar algún lenguaje que dejan de usar repentina o gradualmente. Por lo general, esto puede ocurrir entre los 15 y los 24 meses de edad. También pueden volverse más retraídos socialmente.

El desarrollo de los niños puede cambiar de manera significativa si hay una intervención temprana.

 

Bibliografía

American Psychiatric Association – APA. (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5 (5ª. ed). Editorial Médica Panamericana.

Salgado-Cacho, J.M., Moreno-Jiménez, M. y De Diego-Otero, Y. (2021). Detection of Early Warning Signs in Autism Spectrum Disorders: A Systematic Review. Children, 8, 164.

Zwaigenbaum, L., Bauman, M.L., Stone, W.L., Yirmiya, N., Estes, A., Hansen, R.L., et al. (2015). Early Identification of Autism Spectrum Disorder: Recommendations for Practice and Research. Pediatrics.


blog-1.jpg?fit=800%2C533&ssl=1

Los pensamientos pueden llegar a ser una de las partes más íntima que componen al ser humano, nos acompañan, nos ayudan a solucionar problemas, nos permiten evaluar nuestro entorno, etc. Pero ¿Qué ocurre cuando un pensamiento comienza a ser recurrente, no nos abandona y nos sentimos obligados a prestarle nuestra total atención? En el momento que una idea comienza a transformarse en un pensamiento recurrente, podríamos estar ante lo que clínicamente conocemos como pensamientos intrusivos.

Estos pensamientos pueden llegar a generar un nivel de ansiedad tan elevado que la persona pueda resultar limitada, generando la incapacidad del individuo para filtrar y desechar este tipo de pensamientos, lo cual provoca que la repetición constante de los mismos se realice de manera obsesiva.

Estos pensamientos provocan una somatización corporal que se puede expresar mediante malestar, angustia, asco, ansiedad, etc. provocando un estado de alerta en la persona que busca conductas de seguridad, que puedan revertir o eliminar dicho malestar, recurriendo a rituales mentales o conductuales que pasan a ser repetitivas.

Se pueden desarrollar en cualquier etapa de la vital, pudiendo desarrollarse en las primeras etapas de vida, alcanzando su punto álgido en la adolescencia, que se suma a los cambios corporales, mentales y sociales normales de esta etapa evolutiva. Si a lo largo del desarrollo e implantación de estos pensamientos, no se realiza un adecuado tratamiento, pasan a instalarse como parte de la vida de la persona.

Unos de los tratamientos que más auge ha tenido en los últimos años es la exposición ante el estímulo o pensamiento que nos genera dicha inconformidad, pero la personas, al conocer que va ser sometida a un estímulo adverso funciona como disparador del nivel de ansiedad, debido a que la persona sobredimensiona el miedo y el rechazo hacia dicho estímulo. Este tratamiento consiste en permanecer ante dicho estímulo o situación aversiva hasta que la ansiedad ocasionada por este estímulo disminuye de manera considerable, sin poder realizar conductas de evitación o escape, permitiendo de esta manera comprobar que no ocurre nada.

La exposición se suele realizar generalmente en vivo, sometiendo al individuo a enfrentarse de manera presente al estímulo aversivo, pero en muchos casos la persona no puede soportar la situación y las conductas de evitación y escape se puedan tornar dominantes, o el estímulo aversivo no se encuentra fácilmente accesible, como puede ser saltar en paracaídas, volar, conducir, tormentas, etc. en estos casos se recomienda utilizar la exposición en imaginación, donde se le pide a la persona que visualice de manera gradual el estímulo aversivo.

Este tipo de exposición se suele realizar de la siguiente manera:

  • Realización de la jerarquía de estímulos
  • Se genera en el individuo un estado de relajación a través de música o relajación muscular, que permita que el paciente comience con un índice basal neutro
  • Comenzar imaginando la situación de menor grado de la jerarquía
  • Se le pide al paciente que imagine la escena de manera detallada y se pide que la mantenga mientras la ansiedad llega a su pico máximo.
  • Se le pide que realice este proceso repetidamente, para que la habituación permita el descenso del nivel de activación.
  • Una vez este ítem ha sido desensibilizado, se pasa al siguiente, escalando de esta manera por la jerarquía que se realizó.

Un ejemplo de exposición en imaginación puede ser la siguiente manera:

  • Una vez elegido el primer ítem, escribir de manera muy detallada en un folio o de manera verbal el estímulo elegido.
  • A continuación, realizar respiraciones profundas, las cuales se realizarán durante todo el ejercicio, manteniendo una respiración lenta y pausada.
  • Se realizará una modificación de lenguaje, permitiendo que se verbalicen mensajes positivos, generando de esta manera un sentimiento de fortaleza y seguridad.
  • Comenzaremos a introducir la situación aversiva de manera paulatina, detallando cada paso y momento, permitiendo de esta manera que el pensamiento sea más realista.
  • En este punto, la somatización física puede comenzar a aparecer, en este momento mantendremos la respiración profunda y dejaremos que el cuerpo y la mente puedan ir adecuándose a dicha situación.
  • Una vez hemos podido detallar la situación y podamos enfrentarla sin realizar ningún tipo de conducta evitativa, poco a poco iremos saliendo de la imagen mental.

El objetivo principal de esta técnica es modificar mentalmente el ambiente que rodea a la persona, permitiendo que la ansiedad y las conductas de evitación puedan reducirse significativamente, llegando en muchos casos a desaparecer, mejorando de esta manera su calidad de vida, asociando emociones positivas y sensación de control a la realidad imaginada.

A través de esta técnica, el sujeto puede adquirir herramientas que le permiten enfrentar sus miedos y manejar por sí mismo los niveles de ansiedad y malestar que le pueden provocar en las diferentes situaciones de su día a día. Así como también, le permite romper mitos, generar ideas más objetivas sobre la realidad que le rodea, aceptar y adaptarse a las emociones que se generan.

 

Bibliografía

Cortes, E. B., De Las Mercedes Borda Mas, M., & Del Río Sánchez, C. (2003). La eficacia de la exposición cognitiva y la exposición a las sensaciones interoceptivas en una paciente con trastorno de pánico con agorafobia. Análisis y modificación de conducta, 29(127), 739-792. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/792193.pdf

De Las Mercedes Borda Mas, M., Ruiz, M. J. B., & Picabia, I. B. (1997). Seguimiento a largo plazo en un caso de hematofobia tratado con exposición en vivo. Análisis y modificación de conducta, 23(90), 567-592. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/7070301.pdf

Knijnik, D. Z., Kapczinski, F., Chachamovich, E., Margis, R., & Eizirik, C. L. (2004). Psicoterapia psicodinâmica em grupo para fobia social generalizada. Revista Brasileira de Psiquiatria, 26(2), 77-81. https://doi.org/10.1590/s1516-44462004000200003

Shapiro, F. (1989). Eye movement desensitization: A new treatment for post-traumatic stress disorder. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry, 20(3), 211-217. https://doi.org/10.1016/0005-7916(89)90025-6

Vellosillo, P., & Vicario, A. F. (2015). Trastorno obsesivo compulsivo. Medicine – Programa De Formación Médica Continuada Acreditado. https://doi.org/10.1016/j.med.2015.07.010


42784454_m.jpg?fit=1200%2C800&ssl=1

Vivimos en una época tan actualizada y nos hemos acostumbrado de tal manera a la tecnología, que la comunicación ha pasado de ser la interacción entre dos personas, a ser un mensaje con caracteres que en muchos casos son abreviados, llegando incluso el lenguaje visual a formar parte de nuestras vidas de una manera muy potente, recurriendo en los casos más extremos a ser reemplazado por los conocidos “memes” por ejemplo.

Pero nos hemos olvidado de que existe otro tipo de lenguaje, el no verbal; este tipo de comunicación permite transmitir los sentimientos y estados de ánimo de una persona. Una creencia muy extendida es que el lenguaje no verbal es un idioma universal, esto implica que un gesto que es realizado en Grecia tendría el mismo significado que si es realizado en cualquier otro lugar del mundo y viceversa. Esto nos lleva a pensar que, de ser así, no tendríamos muchos problemas a la hora de comunicarnos, debido a que, aunque no tengas conocimiento de un idioma, con gesticular o realizar algún tipo de expresión no verbal, la otra persona podría entender la idea que intentas trasmitir. Por ello, nos preguntamos, ¿qué tan veraz es esto?

Vamos a poner un ejemplo, aquí en España levantas la mano y le enseñas la palma de la mano a un desconocido, lo normal es que esta persona se detenga o te “choque los 5”, pero si nos trasladamos a Grecia y realizamos el mismo gesto, según lo antes mencionado, la persona debería detenerse o “chocar los 5” como en España. No obstante, la realidad es que este gesto en Grecia se conoce como “moutza”, y es tomado como una ofensa por estar relacionado con una antigua costumbre de arrojar excrementos o desechos a la cara de la persona.

Esto nos da una idea de que la universalidad del lenguaje no verbal es sólo una falsa suposición y que este tipo de lenguaje es muy similar al lenguaje verbalizado, cuya interpretación está intrínsecamente relacionada con el entorno social y cultural al que se ve expuesto el sujeto. Esto implica que la comunicación no verbal juega un factor clave en la socialización del individuo con sus semejantes, permitiendo definir su filiación y la capacidad de relacionarse con sus iguales, es un canal que permite transmitir las emociones y los sentimientos, de manera más veraz, permitiéndonos influir de otra manera en las personas de nuestro alrededor.

Pero, ¿son los gestos el único canal que tiene la comunicación no verbal para transmitir un mensaje?, ¿podemos modificar o aprender el lenguaje no verbal?, ¿la influencia cultural nos permite entender la comunicación no verbal, pero son todos los gestos igual de fáciles de interpretar?, ¿todos entendemos la comunicación no verbal del mismo modo?, ¿posee el lenguaje no verbal un componente genético en su interpretación?, todas estas preguntas nos suscitan bastante interés e intentaremos responderlas.

En primer lugar, los gestos no son el único canal que posee la comunicación no verbal; cuando una persona quiere transmitir un mensaje, en muchas ocasiones lo puede conseguir incluso de manera inconsciente por medio de los diferentes canales que posee el lenguaje no verbal, como pueden ser las expresiones fáciles, la postura, la apariencia, la háptica, la proxémica, el lenguaje corporal o kinésica, el paralenguaje y la cronémica. Todos estos canales se ven influenciados por el contexto social en el que se desarrolla el individuo.

Por ejemplo, en algunas culturas como la japonesa la háptica se ve limitada, debido a que el contacto físico está mal visto y por este motivo se evita, pero en culturas latinas el contacto físico es parte fundamental de la interacción interpersonal entre los individuos. En culturas como la alemana la proxémica juega un papel decisivo en su forma de interactuar con su entorno, el espacio y la distancia son temas de carácter riguroso, respetando tanto los horarios demarcados para realizar las cosas, ya sea por imposición externa o propia, así como la distancia que se mantiene con los individuos que conforman su ambiente. Sin embargo, en países como Malasia o Arabia Saudí el llegar tarde está normalizado y carece de importancia; siendo considerada como una falta de respeto el gesto de mirar el reloj al momento de iniciar una reunión o durante un encuentro.

Esto nos indica que la cultura y las vivencias de cada individuo moldean el lenguaje no verbal y su forma de transmitirlo al mundo, esto puede ser un indicativo de que el lenguaje no verbal se puede aprender y ampliar. Cuando un individuo se ve expuesto a múltiples culturas, su percepción y transmisión no verbal se habrá modificado, permitiendo adjudicar varios significados a un mismo gesto y poder emplearlo según la persona y el entorno en que quiera transmitirlo.

Aunque la cultura, el entorno y los individuos, son factores que determinan la buena o mala comprensión del mensaje transmitido de manera no verbal, existen posturas, gestos, expresiones, etc., que poseen mayor facilidad a la hora de interpretarlos y realizar un correcto entendimiento, como pueden ser las sonrisas, siendo indicadores de un estado de ánimo agradable. Por el contrario, existen gestos y entornos que dificultan su interpretación; un ejemplo de esto lo tenemos en el lenguaje no verbal que se utiliza en torno al amor, la seducción o el galanteo. Este tipo de gesticulación y lenguaje corporal en ocasiones lleva a interpretaciones erróneas, debido al interés particular de conseguir un fin, que en determinadas circunstancias pierden naturalidad.

Esta área del sistema de comunicación humana ha generado mucho interés en el ámbito científico. Un factor que ha llamado la atención es si existe un componente genético que facilite la transmisión e interpretación del lenguaje no verbal. Muchos investigadores sostienen que existe un determinante cromosómico, teniendo mayor facilidad en la interpretación y emisión, los individuos con cromosomas femeninos XX. Aunque no todos coinciden con estos supuestos, podría ser una explicación del porqué se dice que las mujeres poseen una mayor intuición que los hombres.

Ahora nos adentraremos en saber qué parte del cerebro se encarga de realizar toda esta interpretación. En la comunicación no verbal, el cerebro límbico, es decir, el cuerpo calloso, el tálamo, el hipotálamo, el hipocampo, la amígdala y el mesencéfalo; forman parte de las áreas más primitivas del cerebro del ser humano, que se encarga de dirigir las emociones y el comportamiento, permitiendo otorgarles emocionalidad a las acciones y regular la aparición de los instintos. Estas áreas permiten la interpretación de las diferentes partes que componen el lenguaje no verbal, identificado las señales que el emisor emite de manera corporal, creando de esta manera un ambiente de comodidad o de peligro, permitiendo de esta manera la supervivencia del individuo.

A las partes anteriormente mencionadas podemos agregar el Área de Wernicke y el Área de Broca, en estudios anteriormente realizados, se creía que estas áreas eran independientes, una se encargaba de la interpretación y otra de la producción del lenguaje, estando muy delimitadas sus funciones, pero estudios más recientes han arrojado resultados que demuestran que la conexión entre ellas se realiza por medio del fascículo uncinado y no por medio del fascículo arqueado como se creía. Así mismo, por medio de estudios de neuroimagen se ha observado que el Área de Broca, está más implicada en la compresión del lenguaje y no en la producción de esta, como se creía, y el Área de Wernicke, está más implicada en su producción, siendo ambas áreas una parte fundamental en las funciones intelectuales superiores.

Por este motivo, en trastornos como el autismo, donde la interpretación del lenguaje no verbal, se ve afectada debido a la poca integración de las reglas sociales, diversos estudios realizados a través de la técnica de Resonancia Magnética Funcional, han demostrado que la activación cerebral de estos individuos es atípica, presentando una menor activación de las áreas corticales, teniendo que recurrir en mayor medida al lenguaje visual, para poder comprender las diferentes partes del lenguaje no verbal. De igual manera, en cuanto a la prosodia, la ironía, etc., presentaban activación de las regiones temporales bilaterales y la circunvolución frontal inferior derecha, como acción compensatoria en la tarea de interpretación de señales no verbales socialmente aceptadas.

Esta información nos permite profundizar en cómo, no solo la información que queremos trasmitir es importante, sino en la disposición y forma que externamente le proporcionamos al mensaje. Podríamos considerar que somos la envoltura de nuestros pensamientos, y ésta cubierta se va moldeando gracias a las interacciones que tenemos y el medio social y cultural en el que nos encontramos.

 

 

 

 

Bibliografía.

 

Castillo Sánchez, G. (2011). El comportamiento no verbal y el concepto de totalidad en el proceso de la comunicación. Comunicación y Medios, 0(2). https://doi.org/10.5354/0716-3991.1982.15416

Cestero Mancera, A. M. (2014). Comunicación no verbal y comunicación eficaz. ELUA, 28, 125. https://doi.org/10.14198/elua2014.28.05

Damásio, A. R. (1994). Descartes’ error: emotion, reason, and the human brain.

Juárez Torres, A. (2019). Interacción didáctica y lenguaje no verbal. Interconectando Saberes, 7. https://doi.org/10.25009/is.v0i7.2572

Moyer, M. G. (1981). Hiperritualización y comunicación no verbal. Papers. Revista de Sociologia, 15, 139. https://doi.org/10.5565/rev/papers/v15n0.1235

  1. (2020, 12 marzo). El lenguaje corporal en distintos países. Mi Viaje. https://miviaje.com/lenguaje-corporal-distintos-paises/

Baduell, M. P., Santasusana, A. V., & Salvadó, B. S. (2010). Aspectos neurolingüísticos en los trastornos del espectro autista. Relaciones neuroanatómicas y funcionales. Revista De Neurologia, 50(S03), 69. https://doi.org/10.33588/rn.50s03.2009766

Travieso, D. (2007). Experiencia háptica y propioceptiva. Estudios de Psicología, 28(2), 141–153. https://doi.org/10.1174/021093907780962917

 


blog2-2.jpg?fit=800%2C533&ssl=1

Dentro de los trastornos del neurodesarrollo que aparecen en la niñez se encuentra el Trastorno del Espectro Autista (TEA). Este trastorno se caracteriza por problemas en la comunicación e interacción social y por comportamientos e intereses rígidos y repetitivos, dentro de los cuales pueden encontrarse las alteraciones sensoriales.

¿Qué es una alteración sensorial?

A pesar de que cada persona percibe y responde de manera diferente a las sensaciones que recibe, cuando la percepción que tenemos de nuestros sentidos no hace tener una respuesta desproporcionada o exagerada, alejándose en gran medida de los esperado, esto quiere decir que hay una alteración sensorial.

¿Qué tipos de alteraciones sensoriales hay?

Puede haber una reacción sensorial atípica y/o haber problemas para percibir y diferenciar sensaciones parecidas. Dentro de las reacciones sensoriales pueden darse 3 tipos:

  • Hiperreactividad: existe una respuesta intensa y rápida a sensaciones o estímulos del ambiente, lo que lleva al niño o niña a aislarse o evitar sensaciones.
  • Hiporreactividad: no existe una respuesta del niño o niña ante la presencia de un estímulo, habiendo una baja motivación a ese elemento del ambiente.
  • Búsqueda sensorial: ocurre en niños y niñas que tienen una necesidad constante de estímulos sensoriales. Esto se debe a que, generalmente, los estímulos que normalmente les ofrece ambiente no son suficiente y, por tanto, necesitan una mayor actividad (por ejemplo, estar en movimiento constante, tocar objetos, provocar ruidos altos, repetir los mismos movimientos con un objeto, etc.).

¿En qué sentidos ocurren las alteraciones?

Las alteraciones sensoriales pueden ocurrir en uno o en varios de nuestros 5 sentidos principales: visual, auditivo, táctil, olfatorio o gustativo. Así como en el resto de nuestros sentidos: dolor, temperatura, movimiento y equilibrio.

Además de poder haber reactividad en varios sentidos, es común que un mismo niño o niña tenga hiperreactividad en un sentido e hiporreactividad en otro sentido, no siendo excluyentes. Por ejemplo: hiperreactividad auditiva y una hiporreactividad al dolor.

¿Cuáles son las alteraciones sensoriales más comunes y cuáles son su consecuencias?

Algunas de las alteraciones sensoriales más comunes son las siguientes:

  • Hiperreactividad auditiva: puede llevar al niño o niña a evitar ir o alterarse en lugares donde hay mucho ruido, así como realizar conductas como taparse los oídos, llevar audífonos o tapones para sobrellevar esas situaciones.
  • Hiperreactividad visual: puede llevar al niño o niña a conductas como evitar el contacto visual.
  • Hiperreactividad táctil: suele tener un efecto directo en problemas de alimentación, higiene y vestimenta.
  • Hiporreactividad al dolor: puede llevar a que, ante una caída o enfermedad, el niño o la niña tenga un problema y no se queje al no percibir el dolor o malestar con la intensidad habitual que llegue a alertarle de que algo sucede.

Sin embargo, las alteraciones pueden ser diferentes según el niño o la niña y también según el contexto o el ambiente. En muchas ocasiones, las alteraciones sensoriales pueden llevar a estos niños y niñas a tener comportamientos problemáticos o desadaptativos, así como dificultades en el aprendizaje, comunicación e interacción social, por lo que, a nivel general, estas tienen un alto impacto en la vida cotidiana y en su bienestar emocional.

¿Cómo se trabajan las alteraciones sensoriales?

A través de un enfoque cognitivo-conductual es recomendable realizar intervenciones que promuevan la actividad y la participación del niño o niña, teniendo en cuenta que el procesamiento sensorial es diferente y que debe ser valorado de manera específica e individualizada. También, es importante que la intervención sea llevada a cabo por un equipo interdisciplinar que permita la mejora de la participación y la calidad de vida según las necesidades del niño o niña empleando técnicas de regulación emocional y estrategias específicas bidireccionales de adaptación del niño o niña a su ambiente.

Referencias:

American Psychiatric Association. (2014). Trastorno del Espectro del Autismo. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5ª ed.). Editorial Médica Panamericana. Madrid.

Asociación Española de Profesionales del Autismo. (18 de noviembre de 2021). La diversidad sensorial en las personas con TEA. AETAPI. https://aetapi.org/guia-diversidad-sensorial/

Fonseca Angulo, R., Moreno Zuleta, N., Crissien-Quiroz, E., y Blumtritt, C. (2020). Perfil sensorial en niños con trastorno del espectro autista. Archivos Venezolanos de Farmacología y Terapéutica, 39(1), págs. 105–111. https://doi.org/10.5281/zenodo.4068178

Tárraga-Mínguez, R., Sanz-Cervera, P., Pastor-Cerezuela, G. y Fernández-Andrés, M. I. (2019). El procesamiento sensorial de las niñas y los niños con TEA: Un gran reto para la escuela inclusiva. Aula de innovación educativa, 282, 49-53.

Thye, M. D., Bednarz, H. M., Herringshaw, A. J., Sartin, E. B. y Kana, R. K. (2018). The impact of atypical sensory processing on social impairments in autism spectrum disorder. Developmental Cognitive Neuroscience, 29, 151-167. https://doi.org/10.1016/j.dcn.2017.04.010


103552525_m.jpg?fit=1200%2C800&ssl=1

El espectro de los trastornos alimentarios puede aparecer en la edad adulta en sus formas más populares como la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa. No obstante, estas no son las únicas entidades que pueden desarrollarse. Existen, aunque menos conocidos, los trastornos alimentarios en población infantil, los cuales se caracterizan por englobar una serie de conductas problemáticas relacionadas con la ingesta inadecuada, el rechazo de gran cantidad de alimentos, la adquisición de hábitos inapropiados y/o comportamientos disruptivos en el contexto de las comidas. Suelen aparecer durante el primer año de vida, aunque pueden aparecer más tarde (hasta los 6 años). La edad de inicio es un factor a tener en cuenta, pues cuanto antes empiecen los síntomas más dificultades conlleva a nivel de nutrición y desarrollo.

 

Dentro del espectro de trastornos alimentarios en edad infantil encontramos:

 

Anorexia del lactante: La anorexia en edad infantil se caracteriza porque el niño, aunque tenga apetito, se niega a comer. En este colectivo debe llamarse más correctamente “hiporexia” por la marcada disminución en la ingesta además de presentar inapetencia e incluso rechazo a cualquier ofrecimiento de alimentos y/o a los utensilios y preparación de estos. A su vez, se pueden diferenciar dos cuadros clínicos:

 

  • Anorexia común del segundo semestre: Se da en bebés a partir de seis meses de edad. Se caracteriza por una conducta de rechazo del alimento que se le oferta, por lo que las madres en general terminan por presionar al niño para que coma, lo que puede provocar un condicionamiento aversivo a esta situación. Los sujetos son bastante activos, muestran un desarrollo precoz en algunas áreas del comportamiento (observación vivaz y exploración). Según la causa puede ser simple (concomitante con cambios en la alimentación, por ejemplo, el destete o la introducción de nuevos alimentos en la dieta del bebé o asociada a enfermedades como gastroenteritis) o compleja (el problema es síntoma de otro trastorno psicopatológico más complejo).
  • Anorexia precoz severa: Aparece en bebés en los primeros meses de vida, y está vinculado con un trastorno depresivo del niño (depresión del lactante: los individuos presentan abulia, apatía, indiferencia por el contexto que les rodea e incoherencia en las respuestas ante estímulos). Genera frustración y tristeza en las madres, lo que puede agravar aún más la situación al cargar aún más el contexto depresivo del niño.

 

El tratamiento del problema se lleva a cabo mediante una intervención de corte cognitivo-conductual y psicoeducativo para la familia y técnicas conductuales que fomenten la exposición para el paciente. Es importante la exploración del ambiente familiar y del vínculo y apego con la madre.

 

Hiperfagia: Se caracteriza por un incremento exagerado del apetito y el aumento excesivo de la ingesta de comida. Está relacionada con la obesidad, que supone un riesgo a nivel evolutivo, ya que desarrolla retraso pondero-estatural (el niño presenta en este caso una ganancia de peso excesiva como consecuencia de una ingesta calórica y nutritiva inadecuada que no ayuda a su correcto desarrollo). Además, puede aparecer concomitante a la depresión en niños de edad más avanzada. Su tratamiento se basa en la modificación de factores clave como las prácticas específicas de alimentación por parte de los padres (como la introducción de alimentos para la habituación a sabores, trabajar la autorregulación y la autonomía al comer y la dieta), el fomento del ejercicio físico y psicoeducación nutricional a la familia.

 

Trastorno de evitación/restricción de la ingestión de alimentos: Se caracteriza por rehusar comer ciertos tipos de alimentos y/o ingerir una cantidad muy escasa de estos sin la influencia de factores socioculturales. En un primer momento puede confundirse con una manera caprichosa a la hora de comer típica de la edad infantil, pero a diferencia de los niños que comen de manera antojadiza, los individuos que padecen este trastorno no presentan un apetito normal y la ingesta insuficiente puede derivar en pérdida de peso sustancial, un crecimiento más lento de lo esperado, dificultades para participar en actividades sociales y, a veces, carencias nutricionales. Existen, a su vez, una serie de desórdenes que pueden ser antecedentes al trastorno:

 

  • Disfagia funcional: Supone el miedo a tragar, vomitar o ahogarse, lo cual hace que el niño se resista a comer. Puede aparecer ansiedad ante la situación de tener que comer o la sola presencia del alimento, generando situaciones de estrés. Esta conducta usualmente aparece tras un hecho precipitante, como puede ser presenciar a otra persona atragantarse mientras comía o que el mismo niño sufriera una tesitura de este tipo anteriormente.
  • Neofobia alimentaria: Ingesta de una gama limitada de alimentos con extrema resistencia a probar nuevos. Se observa que estos niños prefieren consumir alimentos suaves, principalmente preparaciones a base de hidratos de carbono (ej: purés).
  • Trastorno emocional de la ingestión de alimentos: Como síntoma secundario en niños con un desorden emocional primario en el cual la evitación/restricción de la ingesta es una característica destacada.
  • Ingesta selectiva: “Niños que comen de manera monótona y/o caprichosa”. Los niños muestran preferencias a la hora de comer ciertos alimentos y/o en ciertas situaciones (eligen ingerir solamente ciertos alimentos de una marca determinada, el lugar donde se va a llevar a cabo la alimentación, una persona específica que le alimente de una manera concreta…etc.). No obstante, este patrón de alimentación no incide negativamente en el desarrollo normal del niño.

 

El tratamiento se basa en la terapia cognitivo-conductual debido a que este trastorno tiene como base una conducta obsesivo-compulsiva. Además, tiene como objetivo introducir los alimentos problemáticos en la alimentación del paciente y fomentar, a su vez, la participación y cohesión familiar. Otra de las terapias se basa en la exposición alimentaria para el aprendizaje y la habituación de sabores. Por último, la reeducación de los padres es fundamental, y la tranquilidad es la clave para la recuperación.

 

Mericismo o rumiación: Consiste en la regurgitación repetida de alimentos en ausencia de otra enfermedad digestiva durante un periodo superior a un mes tras haber adquirido un hábito de alimentación normal. Además, estos alimentos regurgitados se pueden volver a masticar, tragar, o escupir sin mostrar síntomas de asco, repulsión o náuseas. Su causa es desconocida, pero se asocia a falta de estimulación, rechazo (deprivación materna brusca o sostenida) y/o situaciones de estrés y depresión severas.

 

El tratamiento se realiza mediante la terapia conductual (reforzamiento positivo y/o negativo. Por ejemplo, cada vez que el individuo empieza a regurgitar, añadir una sustancia desagradable en la boca, como unas gotas de vinagre o limón). Además, se evalúa la relación entre los padres y el niño, a fin de corregir las posibles deficiencias emocionales subyacentes en este trastorno.

 

Pica: Se describe como la ingesta persistente de sustancias no nutritivas durante más de un mes. Suele aparecer en el curso de la primera infancia (de 0 a 3 años). Puede ser síntoma de otro trastorno psicopatológico (deficiencia mental, autismo) o aparecer como una alteración relativamente aislada. Suele estar ligada a problemas de expresión hematológica como la anemia o a déficits nutricionales. Puede agravarse por ansiedad, depresión, falta de estimulación o aburrimiento.

 

La intervención más eficaz se basa en la educación y modificación de la conducta, con énfasis en factores psicosociales, ambientales y de intervención a nivel familiar. Entre las terapias conductistas, las que consiguen resultados más favorables son las que se fundamentan en los principios de condicionamiento instrumental (castigo, control de los estímulos y refuerzo de conductas incompatibles y de conductas alternativas), sumadas a la observación de la conducta, la prevención y la vigilancia del sujeto, además de reconocer y deshacerse de los tóxicos si es posible y un tratamiento para paliar en carencia de micronutrientes (si existe).

 

Potomanía: Ingesta compulsiva de agua y/o líquidos sin una causa orgánica demostrable y requiriendo la presencia de la figura materna. Se acompaña de polaquiuria durante el día y la noche, que suele ser de escasa cantidad y que refleja una irritación o inflamación del tracto urinario. En ocasiones puede aparecer también la disminución de apetito. Aunque puede aparecer como síntoma de otras enfermedades orgánicas (ej: diabetes), en este caso el niño no presenta disfunciones de este tipo. Por la forma característica en que se manifiesta podría ser considerada un trastorno del control de impulsos o un desorden de carácter obsesivo-compulsivo.

 

Su tratamiento consiste principalmente en la restricción de la ingesta de líquidos en presencia del terapeuta y la figura materna, junto con técnicas para reducir la ansiedad y el malestar que aparecen una vez que el niño no pueda “saciar su sed” en estas circunstancias. En los casos en los que los pacientes cuentan con mayor edad, se debe aplicar también la reestructuración cognitiva.

 

Si crees que tu pequeño puede tener alguno de estos problemas, en Albanta podemos atenderte. Tenemos un equipo compuesto por Psicólogos y Nutricionistas que te atenderán encantados. No dudes en ponerte en contacto con nosotros y pedir cita para ayudarte.

 

Bibliografía:

Almenara-Vargas, C. (2005). Trastornos de la alimentación en la infancia. Persona, (008), 187-201.

Birch, L. L. (2002). Acquisition of food preferences and eating patterns in children. En: C. G. Fairburn, y K. D. Brownell (Ed.) Eating disorders and obesity. A comprehensive hand book (pp.326-348).

Bravo, P., y Hodgson, M.I. (2011). Trastornos alimentarios del lactante y preescolar. Revista chilena de pediatría, 82(2), 87-92.

Calvo Quirós, C. (2008) Factores socioeconómicos, culturales y asociados al sistema de salud que influyen en el amamantamiento. Revista Enfermería Actual en Costa Rica (en línea). octubre 2008 – marzo 2009. no 15.

Castrillón, I. y Giraldo, O. (2014). Prácticas de alimentación de los padres y conducta alimentarias en niños: ¿Existe información suficiente para el abordaje de los problemas de alimentación? Revista de Psicologia Universidad de Antioquia, 6 (1), 57-74.

Chatoor, I.; Harrison, J.; Ganiban, J. & Hirsch, R. (2000). A diagnostic classification of feeding disorders of infancy and early childhood. Ponencia en la Annual Conference of the Society for Research on Eating Disorders. Prien, Alemania, 9-12 de noviembre.

Domínguez Vásquez, P., Olivares Cortés, S. y Santos, J. (2009). Influencia familiar sobre la conducta alimentaria y su relación con la obesidad infantil.

Dueñas Disotuar Y., Murray Hurtado, M., Rubio Morell, B., Murjani Bharwani, H.S. y Jiménez Sosa A. (2015). Trastornos de la conducta alimentaria en la edad pediátrica: una patología en auge. Nutrición Hospitalaria, 32(5):2091-2097.

Maciá Antón, D. (1985). Tratamiento conductual-cognitivo de un caso de potomanía. Análisis y Modificación de Conducta. Vo. 11. n°29.

Maiz Aldalur, E., Carmen Maganto Mateo, C. y Balluerka Lasa, N. (2014). Neofobia y otros trastornos restrictivos alimentarios en la infancia y consumo de frutas y verduras: revisión Revista Española de Nutrición Comunitaria 2014;20 (4):150-157.

Marchi, M. y Cohen, P. (1990) Comportamientos alimentarios de la primera infancia y trastornos alimentarios en los adolescentes. Revista de la Academia Americana de Psiquiatria Infantil y Adolescente Vol. 29, n°1, 112-117.

Pedreira, J.L. (1999). Los trastornos de la conducta alimentaria. Visión desde la psicopatología del desarrollo “mi hija/o no ME come nada”. Barcelona, España. Editorial Olalla.


20467386_m.jpg?fit=1200%2C700&ssl=1

 Una relación se sustenta en 4 factores fundamentales e interdependientes:

  • Referido a la responsabilidad e interés derivados de querer estar con la otra persona y a la decisión activa de mantener una estabilidad con ella.
  • Entendida como el apoyo mutuo en el plano afectivo y comunicacional acompañado del sentimiento de seguridad y confianza en el otro y en la relación.
  • Pasión. Referida a las conductas que buscan generar en el otro atracción e interés. Esta puede dividirse en pasión romántica y pasión erótica.

Si algo tienen en común todas las relaciones de pareja, independientemente de los límites y acuerdos que se pacten, es que es una tarea complicada, a la vez que agradecida, pues exigen un esfuerzo diario por seguir la propia vida teniendo presente a la otra persona, funcionando como equipo y en un proyecto de vida común.

Las dificultades estarán presentes en todas las relaciones de pareja en algún momento. Sin embargo, el detonante del conflicto tendrá que ver con un pobre repertorio de recursos de afrontamiento y lo que lo mantendrá será la incapacidad de establecer una comunicación asertiva que favorezca la reconciliación.

Por otro lado, los factores que definirán el éxito de una relación serán:

  • Que cada miembro sienta satisfacción a nivel personal con la relación de pareja que mantiene.
  • Sensación de apoyo mutuo.
  • Sensación de autonomía y crecimiento personal de ambos.
  • Existencia de planes en común relacionados con ocio y placer.

Que una relación tienda sea más funcional o disfuncional va a depender de variables como las personalidades de cada uno, el contexto en el que viven, el tipo de dificultades que se presenten y la capacidad de afrontamiento que tomen cada uno y como pareja.

En síntesis, veamos qué características definirían, a rasgos generales, a una relación de pareja sana frente a una disfuncional:

  • En una relación de pareja sana…: La distribución de poder es clara y simétrica; se produce una expresión adecuada para ambos de los sentimientos positivos sin olvidar la expresión de los sentimientos negativos; la comunicación es asertiva y abierta, sin ambigüedades o indirectas, lo que lleva a la resolución de conflictos de una manera exitosa; hay apoyo y validación a lo que el otro siente y piensa.

 

  • En una relación de pareja disfuncional…: La distribución de poder no es simétrica, hay alguien cediendo constantemente por evitar conflictos; la expresión de sentimientos positivos es más bien escasa y la expresión de sentimientos negativos es más bien dañina y muy dolorosa; la comunicación no es abierta y clara, sino que priman las descalificaciones, indirectas, insinuaciones y hay frecuentemente incongruencias entre lo que se dice y cómo se dice, lo que lleva a un conflicto o profundo o inexistente; hay escaso apoyo y validación a los sentimientos y pensamientos del otro.

En Albanta podemos ayudarte si no te sientes tan feliz como quisieras en tu relación de pareja. Atendemos todo tipo de situaciones: problemas de comunicación, dificultades en la esfera sexual, acompañamiento durante la separación/divorcio, orientación en la educación de los hijos/as… Pide tu cita.

 

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:

Cáceres, J. (1994). Reaprender a vivir en pareja. Valencia: Promolibro.

Feliu, M. H. y Gúel M. A. (1992). Las relaciones de pareja. Técnicas para la convivencia. Barcelona: Martínez Roca.

Navran, L. (1967). Communication and adjustment in marriage. Family process, 6, 173-184.

Yela, C. (1997). Curso temporal de los componentes básicos del amor a lo largo de la relación de pareja. Psicothema, 9(1), 1-15.

 


82083493_m.jpg?fit=1200%2C800&ssl=1

Los problemas de comunicación en pareja son uno de los temas más habituales en terapia de pareja. A veces ocurre como resultado de una época de malestar derivada de otros problemas, en otras ocasiones es la base del conflicto y otras veces se desarrolla como un hábito ineficaz.

En general, lo que ocurre en los problemas de comunicación no es una ausencia de ésta, pues no es posible que no exista comunicación: la no comunicación ya transmite un mensaje. Más bien tiene que ver con que la forma de comunicarse no es la adecuada y, por mucho que se intenta, no sólo no mejora la situación, sino que probablemente empeora.

La base del tratamiento estará en atender no sólo al lenguaje verbal, sino también al lenguaje no verbal. Además, también son importantes el lenguaje interior de cada miembro de la pareja, las creencias y las ideas preconcebidas, pues son predecesoras del mensaje que se transmitirá al otro.

En este artículo veremos algunas pautas para mejorar la comunicación en pareja. Como básico, es importante conocer los 3 estilos relaciones que existen:

  • Estilo pasivo. Ocurre cuando la persona tiende a no defender sus derechos e intereses por miedo al rechazo, evitar el conflicto… Puede dar lugar a que los demás se intenten a provechar de uno, con el resentimiento que eso puede traer.
  • Estilo agresivo. Tiene lugar cuando la persona tiende, con su comportamiento y comunicación, a la amenaza y reproche, sin tener en cuenta los intereses y derechos del otro. Esto puede generar en los demás, entre otras cosas, resentimiento.
  • Estilo asertivo. Describe a personas que tratan de defender sus derechos e intereses sin imponer su criterio a los demás. Fomenta una mayor sensación de control y satisfacción sobre las relaciones.

 

Algunas pautas para tratar de desarrollar un estilo asertivo serían:

  • Encontrar el momento oportuno para hablar. No sólo importan nuestras ganas o desganas para hablar, también las del otro. No sería buena idea tratar de empezar conversaciones importantes cuando la otra persona está cansada, en una cena familiar o cuando va a empezar la película que tantas ganas tenía de ver.
  • Abordar los temas de uno en uno y respetar los turnos de palabra.
  • No acumular emociones negativas. Existe la creencia de que las emociones entendidas como negativas (tristeza, enfado, decepción) es mejor ocultarlas que comunicarlas a nuestra pareja. Nada más lejos de la realidad. Es importante no expresar las emociones en un momento de gran ira, pero expresarlas en su tiempo para evitar que más adelante aparezcan de una forma explosiva.
  • Evitar las insinuaciones. Utilizar un lenguaje claro y respetuoso permite que uno sienta liberación de las emociones que le generan malestar y el otro puede entender lo ocurrido y tener la oportunidad de cambio. Trata de expresar lo que no te ha gustado desde la fórmula “Yo he sentido…” “yo pienso…”, “a mí me gustaría que…”.
  • No olvidar decir también lo positivo. A veces la comunicación está tan viciada, que cuando el otro hace algo de nuestro agrado damos por hecho que es su “obligación”. Expresar abiertamente lo que nos ha gustado favorece un clima positivo en la pareja y aumenta la probabilidad de que el otro repita esa conducta.
  • Ofrecer alternativas. Tan importante es hablar de lo que ha fallado como explicar de qué forma nos podríamos sentir mejor. En este sentido, es positivo acentuar la posibilidad de lograr el cambio entre los dos y tener paciencia, pues la mayoría de cambios no pueden ser instantáneos.

 

¿Crees que tu relación de pareja necesitaría ayuda profesional? Aquí te dejo algunas preguntas que puedes hacerte para saberlo.

¿Hay libertad y respeto suficiente entre mi pareja y yo para expresar tanto los sentimientos positivos como los negativos? ¿Tendemos a ser asertivos? ¿Hay momentos de mal humor con demasiada frecuencia? ¿Conocemos técnicas para gestionar los momentos de conflicto?

 

En Albanta podemos ayudarte si crees que tú o tu relación de pareja lo necesita. Pide tu cita y prueba.

Nuestro objetivo ¡Tu bienestar!

 

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:

Cáceres, J. (1994). Reaprender a vivir en pareja. Valencia: Promolibro.

Castanyer, O. (2014). Aplicaciones de la asertividad. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Liberman, R. P., Wheeler, E. G., de Visser, L.A., Kuehnel, J. y Kuehnel, T. (1987). Manual de terapia de pareja (9ª ed.). Madrid: Desclee de Brouwer.

Santos-Iglesias, P. y Sierra, J. C. (2010). El papel de la asertividad sexual en la sexualidad humana: una revisión sistemática. International Journal of Clinical and Health Psychology, 10(3), 553-577.

Watzlawick, P., Bavelas, J. y Jackson, D. (2002). Teoría de la comunicación humana. Barcelona: Herder Editorial.

Watzlawick, P., Weakland, J. H. y Fisch, R. (1974). Change: Principles of Problem Formation and Problem Resolution. Nueva York: Norton.


103552525_m.jpg?fit=1200%2C800&ssl=1

El divorcio tiene lugar cuando uno o ambos miembros deciden poner fin al vínculo emocional y al contrato legal que hasta ese momento les unía como pareja bajo un propósito de vida común. Por norma general, no ocurre como consecuencia de un solo hecho sino que suele ser multicausal. Durante este proceso se describen los estilos de afrontamiento de cada una de las partes para enfrentarse a la situación y resolver las complicaciones que surjan de manera adecuada.

Sin embargo, no suele ser un proceso fácil: los procesos de divorcio/separación suponen una de las mayores crisis a las que se enfrenta una persona. Al ser una etapa de cambios y decisiones importantes, afectará a todo el núcleo cercano a la pareja o matrimonio: amigos, familia extensa y, por supuesto, hijos.

A veces se encuentra entre las causas de la separación la falta de entendimiento, la comunicación improductiva y la dificultad para establecer acuerdos. Esto puede suponer también gran dificultad durante resolución de la relación y es posible que se precise de apoyo psicológico.

Tal y como describieron Wallerstein y Kelly (1980), de manera general existen 4 maneras en las que una pareja puede llegar a tomar la decisión de separarse:

  • Como una decisión tomada de manera impulsiva.
  • En respuesta a una situación altamente estresante de la que no se percibe control.
  • Entender la separación como la mejor opción para ambos y tomar la decisión mutuamente.
  • Acudiendo a terapia de pareja, ésta decide poner fin a la relación y continúan la terapia como acompañamiento durante el proceso.

Estos mismos autores describieron que en alguna de las dos primeras habría mayor probabilidad de encontrarnos ante una separación conflictiva.

Pese a que las rupturas suelan producirse tras la sucesión de múltiples causas, ¿existen en la literatura motivos por los que sea más común decidir divorciarse? La respuesta es sí:

  • Darse cuenta de que existen estilos de vida, principios y valores di diferentes y poco compatibles.
  • Sentimiento de haber perdido intimidad, relacionado con haber abandonado el tiempo en común a favor de otras obligaciones familiares, laborales o sociales.
  • Sensación de falta de expresión afectiva, donde el cariño recibido por el otro no es el esperado.
  • Aburrimiento, falta de ocio en común.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), se estima que solo en el año 2020 hubo 77.200 divorcios y que, por tanto, hubo muchos/as hijos/as que tuvieron que hacer frente a la ruptura de sus padres. Sin embargo, aún son muchos los matrimonios que muestran reticencia a separarse por la preocupación de cómo lo asumirán sus hijos/as. ¿Qué nos ofrece la literatura en relación a estos miedos de los padres y madres? Se ha comprobado que aquellos hijos e hijas cuyos padres seguían juntos pero con un nivel elevado de hostilidad eran menos felices y tenían más problemas de adaptación, que aquellos hijos e hijas cuyos padres habían decidido divorciarse de manera pacífica.

Lo que extraemos de aquí es que si la separación conyugal se hace de manera asertiva, respetuosa y tratando de sortear el conflicto hostil, no producirá dolor, o al menos no tanto, en los/as hijos/as. No es el hecho de vivir juntos o separados lo que puede llegar a provocar un dolor irremediable, sino el hecho de que haya sentimientos explícitamente negativos entre los padres, estar presenciando continuamente discusiones conyugales y percibir que la relación entre ambos esté muy deteriorada.

Llegados a este punto, ¿cómo comunicar a los/as hijos/as la decisión de separarse tratando de causar el menor daño posible? Estas son algunas pautas:

  • Independientemente de si la decisión se ha tomado de manera consensuada o de manera unilateral, es esencial recalcar la idea de que es una decisión tomada por ambos progenitores.
  • No debemos informar a los/as hijos/as de la decisión hasta que sea firme e irrevocable. Informarles también de esto les ayudará a no generar ilusiones con que pueda haber arrepentimiento: la decisión ha sido muy meditada y se ha tomado con el objetivo de mejorar el bienestar de toda la familia.
  • Es importante adecuar el mensaje a la edad de cada hijo e hija y darles sólo información que puedan entender.
  • Es normal que ellos/as precisen también de un tiempo para comprender la decisión y adaptarse al cambio. Debemos transmitirles comprensión y ofrecerles hacer las preguntas que necesiten y hablar de sus inquietudes y miedos todas las veces que lo deseen.
  • No hay que esconderles cómo van a ser sus vidas de ahora en adelante; es mejor aportarles información para reducir el nivel de incertidumbre y que no se sientan tan perdidos/as. Es importante aclararles con quién van a vivir, cómo será su relación con el progenitor que deja de vivir en el domicilio familiar… Explicarles que, al inicio, será un proceso difícil para toda la familia y que habrá que adaptarse poco a poco al cambio, pero que todo irá bien después.
  • No debemos hacer promesas que no se puedan (o no se esté seguro) de que se puedan llegar a cumplir.
  • Evitar reacciones emocionales intensas como gritar o llorar, así como buscar culpables o inocentes.
  • Tratando de que se sientan seguros/as y que perciban que es una situación que importa a ambos progenitores, es fundamental que en la comunicación de la noticia estén presentes ambos miembros y asegurarles que tanto un progenitor como el otro los sigue queriendo igual y que estarán presentes en todo lo que necesiten.
  • Respetar la rutina de los hijos. Mantener sin cambios la rutina habitual del niño: casa, amigos, actividades. etc.
  • Mantenerse en contacto por el bien de los hijos e hijas con el fin de compartir preocupaciones y coordinarse en las tareas, especialmente en temas de educación y salud.

¿Qué ocurriría si, por el contrario, no se consigue llegar a una separación armoniosa? ¿Cómo lo vivirían los/as hijos/as?

  • Encontramos que un alto nivel de hostilidad aumenta el riesgo de efectos negativos en los menores que, en función de la edad y las características de personalidad, manifestarán de forma internalizante (síntomas depresivos, por ejemplo) o externalizante (problemas de conducta, por ejemplo). Del mismo modo, en los adultos podrán surgir repercusiones asociadas, tales como depresión, ansiedad o problemas de autoestima.
  • Se ha comprobado como el predictor más potente de inadaptación infantil en casos de divorcio, el conflicto interparental. Se han descrito efectos incluso en la salud física.
  • Dificultades en la regulación emocional.
  • Los efectos negativos (por ejemplo, depresión) en los niños y niñas como consecuencia de haber estado expuestos a situaciones de hostilidad entre los padres se han observado hasta la edad adulta.

 

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:

Arch Marin, Mila  (2010). Divorcio conflictivo y consecuencias en los hijos: implicaciones para las recomendaciones de guarda y custodia. Papeles del Psicólogo, 31(2), 183-190. [fecha de Consulta 5 de Julio de 2022]. ISSN: 0214-7823. Disponible en:   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=77813509004

Cámara, K. A. y Resnick, G. (1988). Interparental conflict and cooperation: factors on moderating children’s post-divorce adjustment. En E. M. Hetherington y J. D. Arasteh (Eds.), Impact of divorce stepparenting, sand stepparenting on children (pp. 169-195). Hillsdale: Erlbaum.

Gigy, L. y Kelly, J. B. (1992). Reasons for divorce: Perspectives of divorcing men and women. Journal of divorce, 18(1/2), 169-187.

INE: Instituto Nacional de Estadística (2020). Estadística de nulidades, separaciones y divorcios. [Entrada en una página web]. Recuperado de https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=estadistica_C&cid=1254736176798&menu=ultiDatos&idp=1254735573206

Laucirica, N., Villar, G. y Abal, M. (2001). Guía para padres y madres en situación de separación y/o divorcio: cómo actuar con los hijos e hijas. Vitoria-Gasteiz: Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.


albanta-spicologos2.jpg?fit=1200%2C800&ssl=1

Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG): Evaluación y Tratamiento

Para efectuar el diagnóstico de Trastorno de Ansiedad Generalizada, los especialistas se basan en los criterios diagnósticos del DSM-V o del CIE-10, dos clasificaciones de las enfermedades consensuadas por especialistas de diferentes nacionalidades y reconocido prestigio.

Según los Criterios del  DSM-V para el diagnóstico del Trastorno Ansiedad Generalizada se caracteriza por: (Fuente: American Psychiatric Association)

Ansiedad y preocupaciones excesivas (anticipación aprensiva), que se produce durante más días de los que ha estado ausente durante un mínimo de seis meses, en relación con diversos sucesos o actividades (como en la actividad laboral o escolar).

Al individuo le es difícil controlar la preocupación.

La ansiedad y la preocupación se asocian a tres (o más) de los seis síntomas siguientes (y al menos algunos síntomas han estado presentes durante más días de los que han estado ausentes durante los últimos seis meses (Nota: En los niños, solamente se requiere un ítem):

  • Inquietud o sensación de estar atrapado o con los nervios de punta.
  • Fácilmente fatigado.
  • Dificultad para concentrarse o quedarse con la mente en blanco
  • Irritabilidad.
  • Tensión muscular.
  • Problemas de sueño (dificultad para dormirse o para continuar durmiendo, o sueño inquieto e insatisfactorio).

La ansiedad, la preocupación o los síntomas físicos causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un médicamente) ni a otra afectación médica (p. ej., hipertiroidismo).

La alteración no se explica mejor por otro trastorno mental (p. ej., ansiedad o preocupación de tener ataques de pánico en el trastorno de pánico, valoración negativa en el trastorno de ansiedad social (fobia social), contaminación u otras obsesiones en el trastorno obsesivo-compulsivo, separación de las figuras de apego en el trastorno de ansiedad por separación, recuerdo de sucesos traumáticos en el trastorno de estrés postraumático, aumento de peso en la anorexia nerviosa, dolencias físicas en el trastorno de síntomas somáticos, percepción de imperfecciones en el trastorno dismórfico corporal, tener una enfermedad grave en el trastorno de ansiedad por enfermedad, o el contenido de creencias delirantes en la esquizofrenia o el trastorno delirante.

 

De otro lado, según los Criterios CIE-10 para el diagnóstico del Trastorno de Ansiedad Generalizada se caracteriza por:  (Fuente: Organización Mundial de la Salud)

La característica esencial de este trastorno es una ansiedad generalizada y persistente, que no está limitada y ni siquiera predomina en ninguna circunstancia ambiental en particular (es decir, se trata de una “angustia libre flotante”). Como en el caso de otros trastornos de ansiedad los síntomas predominantes son muy variables, pero lo más frecuente son quejas de sentirse constantemente nervioso, con temblores, tensión muscular, sudo-ración, mareos, palpitaciones, vértigos y molestias epigástricas. A menudo se ponen de manifiesto temores a que uno mismo o Un familiar vaya a caer enfermo o a tener un accidente, junto con otras preocupaciones y presentimientos muy diversos. Este trastorno es más frecuente en mujeres y está a menudo relacionado con estrés ambiental crónico. Su curso es variable, pero tiende á ser fluctuante y crónico.

Pautas para el diagnóstico

El afectado debe tener síntomas de ansiedad la mayor parte de los días durante al menos varias semanas seguidas. Entre ellos deben estar presentes rasgos de:

Aprensión (preocupaciones acerca de calamidades venideras, sentirse “al límite”, dificultades de concentración, etc.).

Tensión muscular (agitación e inquietud psicomotrices, cefaleas de tensión, temblores, incapacidad de relajarse).

Hiperactividad vegetativa (mareos, sudoración, taquicardia o taquipnea, molestias epigástricas, vértigo, sequedad de boca, etc.).

En los niños suelen ser llamativas la necesidad constante de seguridad y las quejas somáticas recurrentes.

La presencia transitoria (durante pocos días seguidos) de otros síntomas, en particular de depresión, no descarta un diagnóstico principal de trastorno de ansiedad generalizada, pero no deben satisfacerse las pautas de episodio depresivo, trastorno de ansiedad fóbica, trastorno de pánico o trastorno obsesivo-compulsivo.

 

Tratamiento ansiedad generalizada

Este tipo de trastorno de ansiedad no se asocia a un estímulo concreto, la ansiedad se manifiesta generalizadamente y de forma persistente.

Se trata de una sensación aprensiva ante las pequeñas situaciones de la vida cotidiana.

Es el trastorno de ansiedad más prevalente pero no es el trastorno por el que más ayuda buscan las personas afectadas (25 %) y los que lo realizan lo hacen unos 10-15 años después de comenzar con la sintomatología (Echeburúa, 1993). La persona se encuentra con una tensión motora habitualmente, con una hiperactivación a nivel vegetativo y con un estado de alerta excesivo constante.

Programa de tratamiento cognitivo conductual:

  • Psicoeducación sobre respuestas de miedo y su función y explicación a nivel biológico. Esta estrategia fomenta el autocontrol y conocimiento de las formas habituales de responder el organismo y el motivo filogenético por el que lo realiza. Útil para que la persona entienda la reacción de su cuerpo y modifique las expectativas que puede tener sobre la evolución que pueden tener esas sensaciones y respuestas, con lo que favorecemos que no se asusten y anticipen cambios que no pueden producirse.
  • Exposición in vivo. Se basa en la idea de evitar el escape o la evitación de las situaciones que provocan el miedo o la ansiedad. La evitación provoca que la persona al salir de la situación no pueda comprobar o experimentar sensaciones diferentes al miedo/ansiedad y modificarlas a través de la habituación, la extinción y recondicionamiento. Al permanecer en la situación y a través de la práctica se puede modificar el pensamiento y las expectativas de lo que la persona cree que ocurrirá si permanece en esa situación.

Para ello, se pide al paciente que realice junto al terapeuta un listado de aquellos estímulos que le generan miedo, señalando el grado de ansiedad que le provoca a través de Unidades Subjetivas de Ansiedad (USA): unidades de ansiedad. Se recomienda pautar exposiciones a partir de unidades intermedias.

  • Autoexposición sobre base a una educación previa. Se trata de una técnica de exposición en la que se comienza enseñando al paciente para que ejecute de forma independiente y correcta la técnica.
  • Reestructuración cognitiva. Se valoran las distorsiones cognitivas que tienen influencia en su estado de ánimo y se trabajan alternativas que le generen otro tipo de estado de ánimo y que son más realistas. Por ejemplo, discutir pensamientos negativos (búsqueda de alternativas).
  • Práctica programada. Con esta técnica se programan en consulta una serie de aproximaciones a la conducta/objeto, etc., que el paciente evita.
  • Desensibilización sistemática en imaginación. Se trata de una técnica desarrollada por Wolpe en la década de los 50, se utiliza mediante la inhibición recíproca, es decir, dos respuestas que se inhiban recíprocamente, de forma que se busque la producción de respuestas incompatibles a la ansiedad frente a estímulos sugestivos de la misma, de manera que se impida la evitación y el escape.

Esta técnica se compone de relajación y una presentación gradual de estímulos que provocan la respuesta de ansiedad. Por tanto, está compuesta por los siguientes elementos:

  • Implantación respuestas antagónicas de la ansiedad (relajación).
  • Jerarquización de estímulos que producen miedo y su presentación gradual, siendo fundamental dedicar un tiempo adecuado a esta presentación.
  • Generalización.
  • Relajación/respiración diafragmática.

Puede utilizarse de forma complementaria para que el paciente tenga estrategias de afrontamiento y autocontrol, de forma que pueda rebajar la ansiedad y de esta forma las respuestas vegetativas. Hay que tener precaución para que no se utilice como una forma de evitación cognitiva activa.

  • Relajación/respiración diafragmática.

 

Bibliografía.

  • Echeburúa, E. (1993). Evaluación y tratamiento del trastorno por ansiedad generalizada. Psicología conductual, 1(2), 233-254.

97946739_m-1.jpg?fit=1200%2C800&ssl=1

El sueño es una parte fundamental de la vida y está íntimamente relacionado con el bienestar de las personas. Actualmente, el insomnio es un problema de salud que afecta a un alto porcentaje de la población, unido a la dificultad para su diagnóstico por parte de los médicos de familia, bien por falta de tiempo o de formación. Se estima que más de un 50% de los pacientes que acuden a Atención Primaria hacen referencia al insomnio si se les pregunta, siendo el 30% los que lo mencionan por iniciativa propia.

  • Entre un 10 y un 15% de la población general padece insomnio crónico.
  • Los médicos y estudiantes de medicina refieren altos niveles de insomnio, entre un 45 y un 47%, seguidos de conductores de autobuses, trabajadores de la limpieza y profesores, un 18% cada uno de ellos.
  • Un 70% de los estudiantes universitarios sufre trastornos del sueño.

El sueño correcto y reparador es indicador de salud, y se relaciona la mala calidad del sueño con obesidad, consumo de tabaco y enfermedades crónicas. El insomnio es factor de riesgo para la aparición de trastornos del estado de ánimo como ansiedad, depresión o consumo de sustancias. Las consecuencias de la falta de sueño se manifiestan en varias esferas de la vida de las personas:

  • Descenso del rendimiento laboral y/o académico.
  • Mayor predisposición a las enfermedades.
  • Incremento del riesgo de accidentes.
  • Asociación a condiciones médicas tales como artritis, reflujo gastro-esofágico, insuficiencia cardiaca congestiva, enfermedad obstructiva pulmonar, diabetes, problemas de próstata, alteraciones musculo-esqueléticas, etc.

El tratamiento del insomnio puede ser farmacológico o no farmacológico, este último, psicológico. Desde el punto de vista psicológico, la terapia cognitivo-conductual es la elección para el tratamiento del insomnio, eficaz para promover la eficiencia y la continuidad del sueño. La terapia se combina con la higiene del sueño, consistente en una serie de recomendaciones sobre prácticas y factores ambientales que podrían afectar a la calidad del sueño. Algunas de estas indicaciones serían:

  • Evitar productos que contienen cafeína al menos 4 horas antes de acostarse.
  • Evitar la nicotina al menos 1 hora antes de acostarse o si se despierta a media noche.
  • Evitar el alcohol en las horas próximas a irse a dormir.
  • Evitar comidas copiosas inmediatamente antes de irse a la cama. También evitar acostarse con hambre.
  • Evitar practicar ejercicio intenso en las 2 horas previas a irse a la cama.
  • Mantener el dormitorio tranquilo y ordenado, intentando que la cama sea lo más cómoda posible.
  • Evitar temperaturas extremas en el dormitorio. Evitar en la medida de lo posible ruidos y luces durante toda la noche.
  • Evitar utilizar la cama para otras tareas que no sea dormir. Mantener unos horarios regulares de vigilia-sueño.

Otras medidas fundamentales de higiene del sueño centradas en el insomnio son las siguientes:

  1. Irse a la cama sólo cuando se tenga sueño.
  2. Levantarse todos los días, incluidos los fines de semana, a la misma hora.
  3. Evitar quedarse en la cama despierto más tiempo del necesario.
  4. Evitar las siestas durante el día.
  5. Reducir o evitar el consumo del alcohol, cafeína, hipnóticos.
  6. Evitar comidas copiosas antes de acostarse.
  7. Mantener condiciones ambientales adecuadas para dormir (temperatura, ventilación, ruidos, luz).
  8. Evitar actividades estresantes en las horas previas de acostarse.
  9. Realizar un ejercicio físico moderado al final de la tarde.
  10. Practicar ejercicios de relajación antes de acostarse.
  11. Tomar baños de agua a temperatura corporal por su efecto relajante.

Es necesario incidir en la importancia del tratamiento psicológico como alternativa a los fármacos. Para obtener efectividad es necesario utilizar dichas pautas de higiene del sueño como complemento a la terapia, y nunca en sustitución a la misma.

García-López, S. J. y Navarro-Bravo, B. (2017). Higiene del sueño en estudiantes universitarios: conocimientos y hábitos. Revisión de la bibliografía. Revista Clínica de Medicina de Familia, 10 (3).


EN LINARES
Avenida de Andalucía, 2 A - 1ºB. 23700 Linares ( Jaén)

Fijo : 953 60 26 27
Móvil: 626 02 08 30

EN JAÉN
Avenida de Andalucía, 2 - 1ºE. 23006 Jaén

Fijo: 953 88 00 09
Movil: 623 52 57 74

HORARIOS:
Lunes a Viernes de 09:00-14:00
Lunes a Viernes de 16:00-21:00

Centro sanitario autorizado por la Consejería de Salud con NICA 25978 en Linares y NICA 24909 en Jaén

NICOLÁS GARRIDO MARTINEZ ha recibido una ayuda de la Unión Europea con cargo al Programa Operativo FEDER de Andalucía 2014-2020, financiada como parte de la respuesta de la Unión a la pandemia de COVID-19 (REACT-UE), para compensar el sobrecoste energético de gas natural y/o electricidad a pymes y autónomos especialmente afectados por el incremento de los precios del gas natural y la electricidad provocados por el impacto de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania.

Jándalo Robótix - Lixteo ❤ hechoenespaña.com

informacion@albanta-psicologos.com

Ir al contenido