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25 agosto, 2019 Sin categoría

A lo largo del día el ser humano experimenta multitud de emociones las cuales condicionan cómo se encuentra en cada instante, constituyendo un papel muy importante en el comportamiento, aprendizaje, creatividad e interacción social … (Ortega, 2010)

Es por ello, que según Bisquerra (2004, p. 243) la educación emocional debe ser entendida como “un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como elemento indispensable del desarrollo cognitivo, construyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la persona integral […]. Se propone el desarrollo de conocimientos y habilidades sobre las emociones con objeto de capacitar al individuo para afrontar mejor los retos que se plantean en la vida cotidiana. Todo ello tiene como finalidad aumentar el bienestar personal y social”.

La educación emocional está estrechamente relacionada con el concepto de inteligencia emocional, el cual fue descrito por primera vez en 1990 por Peter Solovey y John Mayer. Sin embargo, fue con el libro de Inteligencia Emocional (1996) de Daniel Goleman cuando el concepto tomó gran relevancia. Para Goleman la inteligencia emocional consiste en:

  1. Conocer las propias emociones.
  2. Manejar las emociones.
  3. Motivarse a sí mismo
  4. Reconocer las emociones de los demás.
  5. Establecer relaciones buenas con los demás.

Ser conscientes de nuestras emociones y de las de los demás nos permite construir cerebros más sanos, lo cual ayuda a tener un mayor nivel de bienestar y felicidad. El mundo emocional de los niños es complejo, debemos ofrecerles herramientas que les ayuden a identificar qué siente y cómo les afecta a través de la escucha activa, el diálogo, el desarrollo de la empatía, la comunicación no verbal, reaccionar sin violencia etc. (De Andrés, 2005).

Es por ello, que en los últimos años se está reclamando cambios en Educación con respecto a este tema, ya que tradicionalmente se han centrado en el desarrollo cognitivo olvidando la dimensión emocional. De esta forma se quiere preparar al alumnado de una forma integral.

Entre los motivos que justifican la necesidad de desarrollar la inteligencia emocional desde edades tempranas están (Elía, Tobías y Friedlander, 2003):

  • Las competencias socio-emocionales son un aspecto básico del desarrollo humano y de la preparación para la
  • Los medios de comunicación transmiten contenidos con una elevada carga emocional, que el receptor debe aprender a
  • La necesidad de aprender a regular las emociones negativas para prevenir comportamientos de
  • La necesidad de preparar a los niños en estrategias de afrontamiento para enfrentarse a situaciones adversas con mayores probabilidades de éxito.

Como cualquier otro tipo de inteligencia se puede desarrollar con la práctica. A continuación, se exponen algunas estrategias para estimular la inteligencia emocional entre los más pequeños:

  1. Dejar que los menores expresen sus emociones y sentimientos y, como guías de ellos, escucharlos y expresar las propias. El autoconocimiento y la autoconciencia son fundamentales para el desarrollo de la inteligencia emocional.
  2. Mostrarle que son importantes.
  3. Hacerles entender que en la vida no siempre se puede tener lo que se quiere y que en ocasiones conseguir un objetivo cuesta esfuerzo y trabajo.
  4. Enseñarles que cuando se presenta un problema, lo primero que hay que hacer es reflexionar y posteriormente actuar de una forma pacífica, sin lastimar a nadie.
  5. Enseñarles a ver las cosas desde una perspectiva optimista.
  6. Dar ejemplo en que la mejor manera de solucionar los conflictos es conversando.
  7. Resaltar los aspectos positivos por encima de los negativos, así como aplaudir los avances que se produzcan.

Referencias:

  • Bisquerra, R. (2004). Diseño, aplicación y evaluación de programas de educación emocional. En M. J. Iglesias, C. Hué y A. Couce (Eds.), El reto de la educación emocional en nuestra sociedad (pp. 121-161). A Coruña: Universidad de A Coruña.
  • De Andrés, C. (2005). La educación emocional en edades tempranas y el interés de su aplicación en la escuela. Tendencias pedagógicas, 10, 107-124. Recuperado de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1407971
  • Elía, Tobías y Friedlander (2003). Educar con inteligencia emocional. Cómo conseguir que nuestros hijos sean sociables, felices y responsables. Barcelona: Plaza y Janés.
  • Goleman, D. (1996). Inteligencia Emocional. Barcelona:
  • Ortega, M. C. (2010). La educación emocional y sus implicaciones en la salud. Revista Española de Orientación y Psicopedagogía, 21(2), 462-470. Recuperado de http://revistas.uned.es/index.php/reop/article/view/11559

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