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Trastorno borderline: una historia al límite

“Lucía Fronteriza camina descalza por el filo de un cuchillo. Extiende los brazos en cruz y cierra los ojos, se concentra y busca un centro de gravedad que nunca encuentra. Avanza muy lentamente sabiendo que, en cualquier momento, volverá a caer. Una y otra vez.

Descender al infierno y volver a escapar. Intentar mantener el equilibrio. Ese es el reto. De hecho, en su blog está colgada la pintura de August Macke El equilibrista.

Lucía solo tiene 19 años y ya no le gusta la vida. Está de vuelta de todo. Y lo ha probado todo. Y de todo sale, sí, pero más delgada, más triste, más vacía…”

El trastorno límite de la personalidad (TLP) se caracteriza por un patrón persistente de inestabilidad que invade muchos, sino todos, los aspectos del funcionamiento del individuo, incluidos sus relaciones, su imagen personal, sus sentimientos y su conducta y la presencia de una notable impulsividad, así como el cambio frecuente y rápido de sus emociones.

Suelen tener sensaciones crónicas de vacío, conductas o gestos suicidas y comportamientos autolesivos, ira inapropiada e intensa o dificultades para controlarla, ideas paranoides transitorias o síntomas disociativos graves, y no soportan la soledad, realizando grandes esfuerzos para evitar el abandono real o imaginario (APA, 1994; Gunderson, Zanarini y Kisiel, 1991).

Actualmente, el diagnóstico del trastorno límite de personalidad (TLP) puede inducir a error, dado que presenta características comunes a otros trastornos, y en ocasiones pueden confundirse con anorexia, bulimia, depresión, toxicomanía…esto puede deberse a que estos sujetos no han sido capaces de formar un conjunto coherente e integrado de esquemas sobre sí mismos, apegándose a los demás para centrarse, es decir, al no tener una identidad bien definida y no encontrar la solución a lo que busca, se centran en buscar pistas en los demás. Por esto, cuando un paciente ingresa, suele ocurrir con frecuencia que tome como referencia al grupo de pacientes con los que se relaciona y empiece a copiar y a manifestar la sintomatología de éstos, llegando a creerla propia. Es importante realizar un diagnóstico precoz y adecuado para poder intervenir de la manera más exitosa posible y reducir en mayor medida los costes sanitarios que conlleva atender estas personas que acuden desesperadas a consulta.

Es recomendable, por lo eficaz que resulta, un tratamiento combinado de psicoterapia y fármacos para la intervención en el trastorno límite de personalidad (TLP). Respecto a la intervención farmacológica, algunos estudios han demostrado que los antidepresivos suelen pueden ser eficaces a la hora de reducir sentimientos depresivos (benzodiacepinas), y los neurolépticos (por ejemplo, haloperidol), para reducir la ansiedad, la ira, los problemas de impulsividad y los síntomas psicóticos. Por último, los anticonvulsionantes mejoran los síntomas de la depresión y el control sobre la agresión.

La intervención psicoterapéutica ha recibido numerosas aportaciones de las diversas investigaciones que han tenido como objetivo el conocer cuál resulta más adecuada para el tratamiento del trastorno límite de personalidad (TLP). Desde un enfoque cognitivo-conductual, destacaremos seguidamente algunas de ellas:

  1. La terapia cognitiva de Beck. Beck y Freeman (1990)plantean un plan de tratamiento que favorezca la alianza terapéutica, minimice la falta de adhesión al tratamiento, disminuya el pensamiento dicotómico, aborde las suposiciones básicas, aumente el control sobre las emociones, mejor el control de los impulsos y fortalezca la identidad del paciente.
  2. La terapia cognitiva centrada en los esquemas, de Young. Para Young los esquemas tempranos desadaptativos (ETDs) que caracterizan al TLP en la infancia son el temor al abandono y a la pérdida, la falta de amor, la dependencia, el no llegar a sentirse como sujeto individual, la desconfianza, la escasa autodisciplina, el temor a perder el control emocional, la culpa excesiva y la privación emocional. Desde esta terapia, estos son los esquemas que hay que identificar y cambiar.
  3. La terapia cognitivo-conductual dinámica, de Turner. La TCCD aborda el tratamiento del TLP centrándose en los componentes impulsivos-de ira del mismo. Este enfoque integra estrategias terapéuticas dinámicas para clarificar y modificar los esquemas del paciente. Enfatiza la importancia de las relaciones interpersonales en el funcionamiento humano, considerando la relación terapéutica como el principal medio para la aplicación del tratamiento. Utiliza estrategias cognitivas y conductuales para modificar las distorsiones cognitivas, clasificándolas en: estrategias que implican acción (por ejemplo uso de autorregistros), estrategias que utilizan la imaginación (exposición en imaginación) y estrategias de codificación y almacenamiento de la información (identificación y corrección de distorsiones cognitivas).
  4. La formulación clínica de caso, de Turkat. Para Turkat, los sujetos con TLP tiene un importante déficit en la solución de problemas, constituyendo su característica básica. Propone dos aspectos a considerar: tener en cuenta la naturaleza del déficit de solución de problema y que raramente el TLP permitirá al terapeuta llevar a cabo dicho tratamiento.
  5. La terapia dialéctica-conductual, de Linehan. Ha sido quizás la primera terapia cognitivo-conductual en ser evaluada empíricamente para el TLP (Linehan et al, 1991; Linehan, Heard y Armstrong, 1993) y es una de las más específicas y sistematizadas, aunque a veces pueda parecer excesivamente compleja y con demasiados procedimientos heterogéneos en la aplicación de la misma. El objetivo de la misma es reconocer y validar la vulnerabilidad emocional que presentan los pacientes y proporcionar las habilidades necesarias para la regulación de las emociones. Además, contempla el entrenamiento en habilidades para mejorar las relaciones interpersonales, el control de conductas impulsivas o que atenten contra la calidad de vida, la flexibilización de los patrones cognitivos y la mejora del sentido de la identidad personal.

Bibliografía:

Beck. A,  Freeman. A, y Davis. D et al. (1990-2004). Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad. Ediciones Paidós Ibérica, S.A. 219-248.

Caballo. V. E. (1998). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Formulación clínica, medicina conductual y trastornos de relación. Siglo XXI de España Editores, S.A. (2), 518-522.


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29 enero, 2019 Psicologia Clínica

Este trastorno de personalidad se caracteriza por un patrón general de excesiva emotividad, una búsqueda de atención que comienza al principio de la edad adulta y que se da en diversos contextos, como lo indican 5 o más de los siguientes puntos:

» No se siente cómodo en las situaciones en las que no es el centro de atención.

» Interacciona con los demás suele caracterizarse por una conducta sexualmente seductora o    provocadora.

» Expresión emocional superficial y oscilante.

» Utilización permanentemente del aspecto físico para llamar la atención sobre sí mismo.

» Modo de hablar subjetiva y carente de matices.

» Tendencia a la autodramatización, teatralidad y exagerada expresión emocional.

» Sugestionable, influenciable por los demás o por las circunstancias.

» Considera sus relaciones más íntimas de lo que son realmente.

 

EVALUACIÓN DEL TRASTORNO DE PERSONALIDAD

Los trastornos de personalidad se asocian a diferentes dificultades en emociones, conductas y pensamientos, así como en las relaciones sociales y en el funcionamiento diario, por lo que debemos evaluar para conocer la afectación que está produciendo y poder acabar con las conexiones que están manteniendo la dificultad.

Por tanto, debemos realizar una evaluación global de todos los aspectos mencionados:

» Biológico: revisión médica, analítica general y vitamínico, hormonal, exploración de la medicación.

» Condiciones médicas, enfermedades.

» Historia biográfica.

» Hábitos de vida.

» Creencias: mitos o ideas sobre el mismo, actitud hacia el mismo e incluso actitud de las familias de origen (ideas, conductas, comentarios…).

» Circunstancias de vida: trabajo, pareja, hijos, amigos, economía, etc.

» Factores psicológicos: ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima, evaluar como factores de inicio o de mantenimiento.

» Soluciones intentadas.

» Descripción subjetiva de lo que le ocurre, de su vivencia.

» Antecedentes y consecuentes: qué factores anteceden y han influido y qué factores posteriores ha provocado a corto plazo y largo plazo.

» Consumo de sustancias y/o alcohol.

» Adaptación social, escolar, laboral, etc.

Otros temas importantes a evaluar son:

  • Valorar la actividad diaria de la persona.
  • Habilidades hacer frente.
  • Habilidades sociales.
  • Activación psicofisiológica.
  • Conductas autolesivas.
  • Sensaciones en relación a conductas sociales y reacciones y pensamientos sobre las demás personas.
  • Recoger información de la familia (contrastar).

 

INTERVENCIÓN EN TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que cuando un paciente acude a consulta, lo primordial es garantizar su salud, si existe un riesgo para su vida o autolesiones severas, recomendamos derivar para un ingreso hospitalario.

En las principales técnicas de intervención por trastornos se buscan los siguientes objetivos:

» Lograr la desaparición o disminución de todas aquellas conductas problema que dificultan o impiden un adecuado funcionamiento en su medio ambiente social.

» Mejorar la repercusión emocional o trastornos del estado de ánimo asociados.

» Distorsiones cognitivas o esquemas cognitivos nucleares (Beck y Freeeman., 1995): Deberemos intervenir sobre los esquemas rígidos, inflexibles, sobreaprendidos, hiperactivos y sobre todo desadaptativos y resistentes a los cambios. Estos esquemas pueden encontrarse en el origen de pautas de conducta disfuncionales. Al comienzo pasarán inadvertidos por la persona, pero con entrenamiento aumenta la capacidad de darse cuenta y de modificarlos.

 

Tratamiento específico para el trastorno de personalidad histriónico

» Terapia cognitivo conductual: entre sus objetivos está el de modificar los esquemas disfuncionales de las personas que tienen este trastorno («no me hacen caso»), así como una modificación de la conducta asociada (trabajo fomento empatía, habilidades comunicación, regulación emocional, autocontrol conductas seductoras).


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29 enero, 2019 Psicologia Clínica

Este trastorno se caracteriza por un patrón general de preocupación por el orden, perfeccionismo, control mental e interpersonal, a expensas de la flexibilidad, espontaneidad, eficacia, que empieza al comienzo de la edad adulta y se produce en diversos contextos, como lo indican 4 o más de los siguientes ítems.

» Preocupación por detalles, normas, listas, orden, organización, horarios, hasta el punto de perder de vista el objetivo nuclear de la actividad.

» Perfeccionismo que interfiere con la finalización de las tareas. Por ejemplo, la no finalización de un proyecto porque no cumple sus auto-exigencias estrictas.

» Dedicación excesiva al trabajo y a la productividad con exclusión de las actividades de ocio y las amistades (no se puede atribuir a necesidades económicas).

» Excesiva terquedad escrupulosidad e inflexibilidad en temas de moral, ética o valores (no atribuible a la cultura o la religión).

» Incapacidad para tirar objetos gastados o inservibles, incluso cuando no poseen un valor sentimental.

» Reacio a delegar tareas o trabajos en otros, a no ser que estos se sometan de forma exacta a su forma de hacer las cosas.

» Adopta un estilo avaro en los gastos para él y para los demás: el dinero es considerado algo a acumular con vistas a catástrofes futuras.

» Muestra rigidez y obstinación.

 

EVALUACIÓN DEL TRASTORNO DE PERSONALIDAD

Debemos realizar una evaluación global de todos los aspectos mencionados:

» Biológico: revisión médica, analítica general y vitamínico, hormonal, exploración de la medicación.

» Condiciones médicas, enfermedades.

» Historia biográfica.

» Hábitos de vida.

» Creencias: mitos o ideas sobre el mismo, actitud hacia el mismo e incluso actitud de las familias de origen (ideas, conductas, comentarios…).

» Circunstancias de vida: trabajo, pareja, hijos, amigos, economía, etc.

» Factores psicológicos: ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima, evaluar como factores de inicio o de mantenimiento.

» Soluciones intentadas.

» Descripción subjetiva de lo que le ocurre, de su vivencia.

» Antecedentes y consecuentes: qué factores anteceden y han influido y qué factores posteriores ha provocado a corto plazo y largo plazo.

» Consumo de sustancias y/o alcohol.

» Adaptación social, escolar, laboral, etc.

Otros temas importantes a evaluar son:

  • Valorar la actividad diaria de la persona.
  • Habilidades hacer frente.
  • Habilidades sociales.
  • Activación psicofisiológica.
  • Conductas autolesivas.
  • Sensaciones en relación a conductas sociales y reacciones y pensamientos sobre las demás personas.
  • Recoger información de la familia (contrastar).

 

INTERVENCIÓN EN TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Los tratamientos de personalidad se encuentran bien establecidos y han probado su eficacia (Echeburua et al., 1999; Romero et al., 2001). Sin embargo, algunos autores señalan que la TCC es más eficaz en el trastorno límite, en el trastorno por evitación y en el trastorno dependiente, siendo menos eficaz en el esquizoide, el antisocial y el narcisista (Caballo, 2001).

Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que cuando un paciente acude a consulta, lo primordial es garantizar su salud, si existe un riesgo para su vida o autolesiones severas, recomendamos derivar para un ingreso hospitalario.

En las principales técnicas de intervención por trastornos se buscan los siguientes objetivos:

» Lograr la desaparición o disminución de todas aquellas conductas problema que dificultan o impiden un adecuado funcionamiento en su medio ambiente social.

» Mejorar la repercusión emocional o trastornos del estado de ánimo asociados.

» Distorsiones cognitivas o esquemas cognitivos nucleares (Beck y Freeeman., 1995): Deberemos intervenir sobre los esquemas rígidos, inflexibles, sobreaprendidos, hiperactivos y sobre todo desadaptativos y resistentes a los cambios. Estos esquemas pueden encontrarse en el origen de pautas de conducta disfuncionales. Al comienzo pasarán inadvertidos por la persona, pero con entrenamiento aumenta la capacidad de darse cuenta y de modificarlos.

 

Tratamiento específico para trastorno de personalidad obsesivo compulsivo

Terapia cognitivo conductual: busca modificar los esquemas disfuncionales de las personas que tienen este trastorno («debo hacerlo de tal forma», «no puedo…hasta que…», «si no lo hago…pasará…»), así como una modificación de la conducta asociada (aumento de la empatía y de la expresividad emocional, clarificación objetivos, toma de decisiones, eliminar del temor a cometer errores, acomodación de la realidad a las expectativas, entrenamiento en solución de problemas, programa de actividades).


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28 enero, 2019 Psicologia Clínica

 

 

Los trastornos de personalidad se tratan de uno de los temas más complicados a la hora de trabajar en psicoterapia y de los que es fundamental hacer un buen diagnóstico y comprender la afectación de la vida cotidiana. El trastorno límite, dentro de los trastornos de personalidad, es el que más atención ha recibido en cuanto a los tratamientos estructurados. No obstante, todos los trastornos de personalidad son importantes y hay que detectarlos y tratarlos lo más precozmente, ya que se producen desde edades muy tempranas y la persona afectada suele tener importantes repercusiones en su funcionalidad y adaptabilidad, por ello debemos trabajar desde una perspectiva integral.

Los rasgos de personalidad son patrones persistentes en la forma de percibir, relacionarse y pensar acerca del entorno, además de sobre uno mismo, que se manifiestan en diferentes contextos sociales y personales.

Solo constituirán un trastorno de personalidad cuando los rasgos de personalidad sean desadaptativos, inflexibles y que se mantienen a lo largo del tiempo, produciendo un deterioro funcional significativo y/o un malestar subjetivo.

El DSM-5 añade una serie de modificaciones con respecto a los anteriores sistemas clasificatorios:

» Concepto trastorno personalidad: el DSM-5 (Apa, 2013), añade la idea de «fracaso en la adaptación» desde la idea de deterioro en la identidad propia y/o fracaso en las relaciones interpersonales. Define trastorno de personalidad como un patrón de comportamientos y experiencias internas, generalizado, estable y que se produce desde la adolescencia.

No incluye los trastornos de personalidad en un eje diferenciado al resto de trastornos mentales.

» Tiene en cuenta la funcionalidad de la persona.

Los trastornos de personalidad tradicionalmente se han clasificado por medio de clúster o categorías. Sin embargo, se ha visto la ausencia de validez empírica que tiene este sistema clasificatorio. No obstante, a continuación, señalaremos la organización en grupos o clúster, ya que es importante conocer la nomenclatura tradicional y la forma de organizar cada trastorno, para poder ver la evolución que ha sufrido.

El DSM-5 (Apa, 2013) establece la siguiente clasificación:

» Trastornos de la personalidad: Grupo A. o Trastorno de la personalidad paranoide.

  • Trastorno de la personalidad esquizoide.
  • Trastorno de la personalidad esquizotípica.

» Trastornos de la personalidad: Grupo B. o Trastorno de la personalidad antisocial.

  • Trastorno de la personalidad límite.
  • Trastorno de la personalidad histriónica.
  • Trastorno de la personalidad narcisista.

» Trastornos de la personalidad: Grupo C. o Trastorno de la personalidad evitativa.

  • Trastorno de la personalidad dependiente.
  • Trastorno de la personalidad obsesivo-compulsiva.

» Otros trastornos de la personalidad. o Cambio de la personalidad debido a otra afección médica. Especificar si: tipo lábil, tipo desinhibido, tipo agresivo, tipo apático, tipo paranoide, otro tipo (tipo combinado y tipo no especificado).

  • Otro trastorno de la personalidad especificado.
  • Trastorno de la personalidad no especificado.

 

EVALUACIÓN DE LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Los trastornos de personalidad se asocian a diferentes dificultades en emociones, conductas y pensamientos, así como en las relaciones sociales y en el funcionamiento diario, por lo que debemos evaluar para conocer la afectación que está produciendo y poder acabar con las conexiones que están manteniendo la dificultad.

Por tanto, debemos realizar una evaluación global de todos los aspectos mencionados:

» Biológico: revisión médica, analítica general y vitamínico, hormonal, exploración de la medicación.

» Condiciones médicas, enfermedades.

» Historia biográfica.

» Hábitos de vida.

» Creencias: mitos o ideas sobre el mismo, actitud hacia el mismo e incluso actitud de las familias de origen (ideas, conductas, comentarios…).

» Circunstancias de vida: trabajo, pareja, hijos, amigos, economía, etc.

» Factores psicológicos: ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima, evaluar como factores de inicio o de mantenimiento.

» Soluciones intentadas.

» Descripción subjetiva de lo que le ocurre, de su vivencia.

» Antecedentes y consecuentes: qué factores anteceden y han influido y qué factores posteriores ha provocado a corto plazo y largo plazo.

» Consumo de sustancias y/o alcohol.

» Adaptación social, escolar, laboral, etc.

Veamos los instrumentos de evaluación trastornos de personalidad:

» Cuestionario Clínico Multiaxial de Millon tres versiones (MCMI-I, MCMI-II y MCMI-III; Millon, 1983, 1987; Millon, Millon y Davis, 1994): el MCMI-III consta de 175 ítems que valora trastornos clínicos de personalidad. Obtienen puntuaciones distribuidas en 11 patrones clínicos de personalidad: esquizoide, evitativo, depresivo, dependiente, histriónico, narcisista, antisocial, pasivo-agresivo, autodestructiva y otros 3 rasgos patológicos: esquizotípico, paranoide y límite.

Consta de 4 índices que permiten evaluar la validez del protocolo y 24 escalas clínicas agrupadas de acuerdo con el nivel de gravedad: Patrones clínicos de personalidad, Patología grave de la personalidad, Síndromes clínicos y Síndromes clínicos graves.

» Inventario de personalidad multifásico de Minnesota MMPI-II (Hathaway y McKinley, 1943): consta de 567 ítems. Tiene 3 escalas de validez: mentira (tendencia a mostrarse moral y culturalmente favorable), incoherencia (tendencia a mostrar actitudes y conductas desfavorables para sí mismo), corrección (tendencia a negar o admitir determinadas conductas).

10 escalas: hipocondría, depresión, histeria, desviación psicopática, masculinidad-feminidad, paranoia, psicastenia, esquizofrenia, hipomanía, introversión social.

Escalas de contenido: ansiedad, miedos, obsesividad, depresión, preocupaciones por la salud, pensamiento extravagante, hostilidad, cinismo, conductas antisociales, comportamiento tipo A, baja autoestima, malestar social, problemas familiares, interferencia laboral, indicadores negativos de tratamiento.

» Inventario de personalidad de Eysenck EPQ (Eysenck, 1964): compuesto por 57 ítems con posibilidad de respuesta sí/no. Está compuesto por dos formas:

A: Extroversión versus introversión.

  1. Neuroticismo versus control.

Dando lugar a diferentes tipos de personalidad:

  • Colérico.
  • Melancólico.
  • Flemático.
  • Sanguíneo.

Examen Internacional de los Trastornos de la Personalidad (I.P.D.E) (Loranger et al., 1987): existen dos versiones de la entrevista. En el módulo DSM-4 encontramos 99 ítems, con un cuestionario de 77 ítems.

Otros temas importantes a evaluar son:

  • Valorar la actividad diaria de la persona.
  • Habilidades hacer frente.
  • Habilidades sociales.
  • Activación psicofisiológica.
  • Conductas autolesivas.
  • Sensaciones en relación a conductas sociales y reacciones y pensamientos sobre las demás personas.
  • Recoger información de la familia (contrastar).

 

INTERVENCIÓN EN TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Los tratamientos de personalidad se encuentran bien establecidos y han probado su eficacia (Echeburua et al., 1999; Romero et al., 2001). Sin embargo, algunos autores señalan que la TCC es más eficaz en el trastorno límite, en el trastorno por evitación y en el trastorno dependiente, siendo menos eficaz en el esquizoide, el antisocial y el narcisista (Caballo, 2001).

Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que cuando un paciente acude a consulta, lo primordial es garantizar su salud, si existe un riesgo para su vida o autolesiones severas, recomendamos derivar para un ingreso hospitalario.

En las principales técnicas de intervención por trastornos se buscan los siguientes objetivos:

» Lograr la desaparición o disminución de todas aquellas conductas problema que dificultan o impiden un adecuado funcionamiento en su medio ambiente social.

» Mejorar la repercusión emocional o trastornos del estado de ánimo asociados.

» Distorsiones cognitivas o esquemas cognitivos nucleares (Beck y Freeeman., 1995): Deberemos intervenir sobre los esquemas rígidos, inflexibles, sobreaprendidos, hiperactivos y sobre todo desadaptativos y resistentes a los cambios. Estos esquemas pueden encontrarse en el origen de pautas de conducta disfuncionales. Al comienzo pasarán inadvertidos por la persona, pero con entrenamiento aumenta la capacidad de darse cuenta y de modificarlos.

 

Bibliografía

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.).Washington, DC: APA.

Echeburua, E. y Corral, P. (1999). Avances en el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos de personalidad. Análisis y Modificación de conducta.

Beck, A. y Freeman, A. (1995). Terapia cognitiva de los trastornos de la personalidad. Barcelona: Paidós.

Romero, E.Q., y Pérez, J.M.E. (2001). Tratamientos psicológicos eficaces para los trastornos de personalidad. Psicothema.


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