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12 abril, 2019 Psicologia Clínica

Comenzar este post mencionando lo que son los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Estos se caracterizan por un comportamiento patológico relacionado con la ingesta alimentaria y/o peso. En ocasiones pueden aparecer otras patologías asociadas como la depresión, el abuso de sustancias o los trastornos de ansiedad. La dificultad que presentan respecto al tratamiento es que la persona afectada habitualmente presenta una falta de conciencia de enfermedad y esto dificulta la adherencia al tratamiento.

¿Qué es el trastorno por atracón?

El Trastorno por Atracón  es uno de los trastornos incluidos dentro de los trastornos de la conducta alimentaria, actualmente está considerado el más frecuente entre la población obesa y parece aumentar más rápidamente en la población general frente al resto de trastornos de la conducta alimentaria, de ahí la importancia de su conocimiento.

Se caracteriza principalmente por la presencia regular de episodios de descontrol alimentario, donde la persona ingiere una gran cantidad de calorías o dicho de otra forma, atracones. Dicha ingesta superaría a lo que una persona normalmente comería en el mismo período de tiempo. Estos atracones se asocian a tres (o más) hechos como son: 1) Comer mucho más rápidamente de lo normal, 2) Comer hasta sentirse desagradablemente lleno, 3) Comer grandes cantidades de alimentos cuando no se siente hambre físicamente, 4) Comer solo debido a la vergüenza que se siente por la cantidad que se ingiere, 5) Sentirse luego a disgusto con uno mismo, deprimido o muy avergonzado

Para su diagnostico además se deben presentan al menos una vez a la semana durante tres meses,  viviéndolos con una sensación fatal de control y malestar con la situación. Cabe destacar otra característica del trastorno por atracón y es que, la persona no realiza ninguna conducta compensatoria como pueden ser vómitos, ejercicio extremo, laxantes, etc., siendo esto la peculiaridad que lo diferencia de otros trastornos de la conducta alimentaria como es la Bulimia Nerviosa (BN).

El trastorno por atracón implica además un deterioro en la calidad de vida de la persona afectada, así como problemas de adaptación social, y mayor riesgo de desarrollar obesidad y/o sobrepeso.

 

La importancia del Tratamiento psicológico

Los objetivos fundamentales que perseguimos en Albanta Logopedia y Psicología a la hora de tratar el trastorno por atracón, son:

– Reducir la frecuencia de los atracones y la disminución de la cantidad de alimentos que se ingieren en cada uno de ellos.

– Mejorar las diferentes áreas del funcionamiento psicosocial.

– Aumentar la calidad de vida

– Establecer el estado de salud de la persona que sufre el trastorno.

-Tratar si existen problemas comórbidos de ansiedad, depresión, etc.

 

Como conclusión añadir que como se ha dicho anteriormente el tema de los trastornos de la conducta alimentaria están en pleno auge por lo que es muy importante detectarlos a tiempo y tratarlos correctamente.

 

Bibliografía

Palacios, A. G. (2014). El trastorno por atracón en el DSM-5. Cuadernos de medicina psicosomática y psiquiatría de enlace, (110), 70-74.

Baile, J. I. (2014). Trastorno por atracón: reconocido oficialmente como el nuevo trastorno del comportamiento alimentario. Revista médica de Chile142(1), 128-129.

APA, 2014 American Psychiatric Association, DSM 5 – Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Editorial Panamericana; 2014.

 


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El Trastorno Delirante es un trastorno psicótico que se caracteriza por la presencia de una o más ideas delirantes sin que haya presente otra patología significativa. Las ideas delirantes son creencias, demostrablemente falsas, que aparecen por una inferencia incorrecta, no compartida por otras personas y que se mantienen por la insuficiente información que vaya en contra de la creencia. Estas ideas delirantes, deben estar presentes como mínimo un mes o más, y pueden ser cosas que pueden ocurrir (creer que mi pareja me está engañando) o cosas improbables de que aparezcan (me persiguen extraterrestres). Un aspecto importante a destacar en este trastorno es la ausencia de Insight o conciencia, es decir, la persona no es consciente de que tiene un trastorno mental y esto se relaciona con un mal pronóstico/evolución de la enfermedad porque la persona no cumple con el tratamiento que le han recomendado.

Los criterios según el DSM-5 (American Psychiatric Association) son:

  1. La presencia de una o más ideas delirantes que persisten durante un mes o más.

NOTA: Si hay alucinaciones, no son prominentes y están relacionadas con el tema delirante (por ejemplo: la sensación de estar infectado por insectos asociado con un delirio de infestación).

  1. Nunca se ha cumplido con el criterio A para la esquizofrenia.
  2. Un comportamiento no obviamente extraño o extravagante a excepción de los que atañen al delirio o sus ramificaciones.
  3. Si ocurriesen episodios maníacos o depresivos, estos han sido de menor duración en relación con los períodos delirantes.
  4. La determinación de que el trastorno no es debido a un trastorno inducido por sustancias o secundario a una enfermedad y no se puede calificar como un trastorno dismorfofóbico u obsesivo compulsivo.

 

Este trastorno presenta varios subtipos:

  • Erotomaníaco: la idea delirante se refiere a un amor romántico y espiritual más que a la atracción sexual. La idea central del delirio es que otra persona, la cual suele tener un status más elevado que el de la persona que tiene el trastorno está enamorada de ella.
  • Grandiosidad: el eje central de la idea delirante es la convicción de tener un talento extraordinario (aun no reconocido) o la sensación de haber hecho algún descubrimiento importante. Estas ideas pueden ir asociadas con contenido religioso.
  • Celotípico: la idea delirante se basa en que el cónyuge o amante de la persona le es infiel. No hay ningún motivo en el que se base la creencia. La persona con la idea delirante, está continuamente discutiendo con la pareja y hace inferencias erróneas que usa como “pruebas” y que apoyan la idea delirante.
  • Persecutorio: la persona piensa que está siendo el protagonista de una conspiración, es engañado, espiado, perseguido, envenenado o drogado para que no pueda conseguir sus metas a largo plazo. A menudo, el centro de la idea delirante suele ser alguna injusticia que tiene que resolverse legalmente, por lo que hay intentos de acudir a los tribunales e instituciones gubernamentales.
  • Somático: la persona tiene creencias acerca de funciones o sensaciones corporales propias. Se pueden presentar de distintas formas como por ejemplo la persona piensa que emite un olor insoportable, que está infectado por insectos, que tiene parásitos, que su cuerpo tiene malformaciones, o que alguna parte de su cuerpo no funciona.
  • Mixto: cuando hay varias ideas delirantes, pero no hay ninguna que sobresalga.
  • No especificado: se aplica cuando la creencia delirante no está especificada con claridad o no pertenece a algún tipo específico de los mencionados anteriormente.

 

TRATAMIENTO DEL TRASTORNO DELIRANTE

Los tratamientos dirigidos a este tipo de trastorno tienen como objetivos aliviar sus síntomas, reduciéndolos y haciendo que la otra persona pueda pensar con más claridad. Un aspecto fundamental en el tratamiento es conseguir una buena relación terapéutica para que el paciente confíe y vaya avanzando progresivamente. Para ello, debemos aceptar aquello que la persona nos cuente, pero siendo conscientes de que son creencias.

El tratamiento se puede basar en las siguientes líneas de intervención:

  • Terapia Cognitiva Conductual. Con ella se trabaja la modificación de las creencias delirantes y sus consecuencias emocionales y conductuales.
  • Exposición en imaginación. Cuando las ideas delirantes van asociadas a una elevada ansiedad, la exposición a estos pensamientos de forma gradual hace que disminuya la ansiedad y el paciente sea capaz de enfrentarse de una forma más óptima a sus delirios.
  • Encadenamiento de inferencias. Con esta técnica se trabajan las creencias que tiene el paciente como si fuesen verdaderas y el terapeuta haría preguntas como “que pasaría”, “en que se traduciría”, “que supondría”… Las respuestas se van encadenando formando inferencias hasta que progresivamente, el paciente identifica algunas creencias disfuncionales básicas.
  • Tratamiento psicoeducativo para los familiares con el objetivo de reducir la culpabilidad, aumentar el conocimiento de la enfermedad y desarrollar procedimientos educativos para tener un mejor manejo del paciente.
  • Entrenamiento en habilidades sociales para conseguir la integración social y la adaptación adecuada al entorno.

 

REFERENCIAS

  • Cuevas, C., Perona, S. y Martínez, MJ. (2003). Tratamiento Cognitivo-Conductual de un Paciente con Diagnóstico de Trastorno Delirante. Psicothema, 1, 120-126.
  • Cuevas-Yust, C. (2006). Terapia Cognitivo Conductual para los Delirios y Alucinaciones Resistentes a la Medicación en Pacientes Psicóticos ambulatorios. Apuntes de Psicología, 24(1), 267-292.
  • González, NC. (2014). Trastorno Delirante: ¿Es Realmente Diferente de la Esquizofrenia? [Tesis Doctoral]. Universidad Autónoma de Barcelona, Departamento de Psiquiatría, España.

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La Federación Estatal de Asociaciones de Profesionales de Atención Temprana (G.A.T) define la Atención Temprana como el conjunto de intervenciones, dirigidas a la población infantil de 0 a 6 años de edad, a la familia  y al entorno, con el objetivo de dar una respuesta lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su desarrollo o que tienen el riesgo de padecerlos. Estas intervenciones, que deben considerar la globalidad del niño, han de ser planificadas por un equipo de profesionales de orientación interdisciplinar o transdisciplinar.

Dentro de la atención infantil que trabajamos en Albanta Logopedia y Psicología tratamos o trabajamos 2 aspectos fundamentales. Por un lado el desarrollo infantil en los primeros años de edad, y por otro lado, los trastornos en el desarrollo que puedan tener los niños. Con respecto al desarrollo infantil, los objetivos que queremos conseguir son la adquisición de funciones como el control de la postura corporal, la autonomía, la comunicación, el lenguaje y la interacción social. Para ello hay que tener en cuenta que en el desarrollo infantil interactúan factores genéticos y factores ambientales ya sean de tipo biológico (estado de salud, sistema nervioso…) o de tipo psicológicos y sociales (vínculos afectivos, interacción con el entorno, cuidados, aspectos perceptivos…). Por otro lado, en los trastornos en el desarrollo la intervención tiene que poseer un carácter global, es decir, hay que tener en cuenta el momento evolutivo en el que se encuentre el niño, las necesidades del niño en todos los ámbitos, y la discapacidad que el trastorno genere. Por todo esto, en los trastornos del desarrollo hay que tener en cuenta los aspectos intrapersonales, biológicos, psicosociales y educativos de cada individuo de forma personal.

OBJETIVOS DE LA ATENCIÓN TEMPRANA.

Los objetivos generales que en Albanta tratamos en Atención Temprana son:

  • Reducir los efectos de una deficiencia o déficit sobre el conjunto global del desarrollo del niño.
  • Mejorar, en la medida de lo posible, el desarrollo evolutivo del niño.
  • Compensar o eliminar las posibles barreras que puedan aparecer y hacer que haya una adaptación favorable a las necesidades especificas.
  • Evitar o reducir la probabilidad de que aparezcan efectos o déficits secundarios que puedan estar asociados al trastorno.
  • Atender y tratar las necesidades y demandas que tenga la familia y el entorno en el que vive el niño.
  • La persona principal a la que se dirige la intervención es al niño, pero aún así, la familia supone un agente principal de intervención.

PRINCIPIOS BÁSICOS DE ATENCIÓN TEMPRANA.

Para que la atención temprana cumpla con sus objetivos, tratamos de seguirunos principios básicos:

  • Diálogo, integración y participación.
  • Interdisciplinariedad y alta cualificación profesional.
  • Coordinación.

INTERVENCIÓN EN ATENCIÓN TEMPRANA.

La intervención en atención temprana, como se hemos mencionado anteriormente, debe de ser global, por lo que ésta se divide en cuatro áreas: motora, perceptivo-cognitiva, socio-comunitaria y hábitos de autonomía. Además, los objetivos en cada una de estas áreas, se suelen dividir en intervalos de tiempo, siendo estos de 3 meses de edad cada uno hasta el primer año de vida, y posteriormente, se dividirán en 6 meses los intervalos hasta que se cumplan los 2 años. La intervención será realizada por un equipo interdisciplinar.

En el programa de intervención, siempre que sea posible la intervención deberá de realizarse en las actividades de la vida diaria del niño, ya que esto ayuda a adquirir y ampliar conocimientos a otros ámbitos de la vida del niño.

Cualquier programa de intervención pretende enriquecer el medio en el que se va a desenvolver el niño con dificultades en su desarrollo, fomentando las interacciones sociales con las personas que le rodean, por lo que el objetivo a largo plazo que se quiere conseguir es que el niño desarrolle el mayor grado de autonomía posible para que se pueda desenvolver adecuadamente en su entorno.

 

REFERENCIAS BIBIOGRÁFICAS.

  • Candel, I. (2005). Elaboración de un Programa de Atención Temprana. Revista Electrónica de Investigación Psicoeducativa, 3(3), 151-196.
  • Perera, J. (2011). Atención Temprana: Definición, Objetivos, Modelos de Intervención y Retos Planteados. Revista Síndrome de Down, 8, 140-152.
  • Federación Estatal de Asociaciones de Profesionales de Atención Temprana. Recuperado de: http://www.gat-atenciontemprana.org/

 


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Trastorno borderline: una historia al límite

“Lucía Fronteriza camina descalza por el filo de un cuchillo. Extiende los brazos en cruz y cierra los ojos, se concentra y busca un centro de gravedad que nunca encuentra. Avanza muy lentamente sabiendo que, en cualquier momento, volverá a caer. Una y otra vez.

Descender al infierno y volver a escapar. Intentar mantener el equilibrio. Ese es el reto. De hecho, en su blog está colgada la pintura de August Macke El equilibrista.

Lucía solo tiene 19 años y ya no le gusta la vida. Está de vuelta de todo. Y lo ha probado todo. Y de todo sale, sí, pero más delgada, más triste, más vacía…”

El trastorno límite de la personalidad (TLP) se caracteriza por un patrón persistente de inestabilidad que invade muchos, sino todos, los aspectos del funcionamiento del individuo, incluidos sus relaciones, su imagen personal, sus sentimientos y su conducta y la presencia de una notable impulsividad, así como el cambio frecuente y rápido de sus emociones.

Suelen tener sensaciones crónicas de vacío, conductas o gestos suicidas y comportamientos autolesivos, ira inapropiada e intensa o dificultades para controlarla, ideas paranoides transitorias o síntomas disociativos graves, y no soportan la soledad, realizando grandes esfuerzos para evitar el abandono real o imaginario (APA, 1994; Gunderson, Zanarini y Kisiel, 1991).

Actualmente, el diagnóstico del trastorno límite de personalidad (TLP) puede inducir a error, dado que presenta características comunes a otros trastornos, y en ocasiones pueden confundirse con anorexia, bulimia, depresión, toxicomanía…esto puede deberse a que estos sujetos no han sido capaces de formar un conjunto coherente e integrado de esquemas sobre sí mismos, apegándose a los demás para centrarse, es decir, al no tener una identidad bien definida y no encontrar la solución a lo que busca, se centran en buscar pistas en los demás. Por esto, cuando un paciente ingresa, suele ocurrir con frecuencia que tome como referencia al grupo de pacientes con los que se relaciona y empiece a copiar y a manifestar la sintomatología de éstos, llegando a creerla propia. Es importante realizar un diagnóstico precoz y adecuado para poder intervenir de la manera más exitosa posible y reducir en mayor medida los costes sanitarios que conlleva atender estas personas que acuden desesperadas a consulta.

Es recomendable, por lo eficaz que resulta, un tratamiento combinado de psicoterapia y fármacos para la intervención en el trastorno límite de personalidad (TLP). Respecto a la intervención farmacológica, algunos estudios han demostrado que los antidepresivos suelen pueden ser eficaces a la hora de reducir sentimientos depresivos (benzodiacepinas), y los neurolépticos (por ejemplo, haloperidol), para reducir la ansiedad, la ira, los problemas de impulsividad y los síntomas psicóticos. Por último, los anticonvulsionantes mejoran los síntomas de la depresión y el control sobre la agresión.

La intervención psicoterapéutica ha recibido numerosas aportaciones de las diversas investigaciones que han tenido como objetivo el conocer cuál resulta más adecuada para el tratamiento del trastorno límite de personalidad (TLP). Desde un enfoque cognitivo-conductual, destacaremos seguidamente algunas de ellas:

  1. La terapia cognitiva de Beck. Beck y Freeman (1990)plantean un plan de tratamiento que favorezca la alianza terapéutica, minimice la falta de adhesión al tratamiento, disminuya el pensamiento dicotómico, aborde las suposiciones básicas, aumente el control sobre las emociones, mejor el control de los impulsos y fortalezca la identidad del paciente.
  2. La terapia cognitiva centrada en los esquemas, de Young. Para Young los esquemas tempranos desadaptativos (ETDs) que caracterizan al TLP en la infancia son el temor al abandono y a la pérdida, la falta de amor, la dependencia, el no llegar a sentirse como sujeto individual, la desconfianza, la escasa autodisciplina, el temor a perder el control emocional, la culpa excesiva y la privación emocional. Desde esta terapia, estos son los esquemas que hay que identificar y cambiar.
  3. La terapia cognitivo-conductual dinámica, de Turner. La TCCD aborda el tratamiento del TLP centrándose en los componentes impulsivos-de ira del mismo. Este enfoque integra estrategias terapéuticas dinámicas para clarificar y modificar los esquemas del paciente. Enfatiza la importancia de las relaciones interpersonales en el funcionamiento humano, considerando la relación terapéutica como el principal medio para la aplicación del tratamiento. Utiliza estrategias cognitivas y conductuales para modificar las distorsiones cognitivas, clasificándolas en: estrategias que implican acción (por ejemplo uso de autorregistros), estrategias que utilizan la imaginación (exposición en imaginación) y estrategias de codificación y almacenamiento de la información (identificación y corrección de distorsiones cognitivas).
  4. La formulación clínica de caso, de Turkat. Para Turkat, los sujetos con TLP tiene un importante déficit en la solución de problemas, constituyendo su característica básica. Propone dos aspectos a considerar: tener en cuenta la naturaleza del déficit de solución de problema y que raramente el TLP permitirá al terapeuta llevar a cabo dicho tratamiento.
  5. La terapia dialéctica-conductual, de Linehan. Ha sido quizás la primera terapia cognitivo-conductual en ser evaluada empíricamente para el TLP (Linehan et al, 1991; Linehan, Heard y Armstrong, 1993) y es una de las más específicas y sistematizadas, aunque a veces pueda parecer excesivamente compleja y con demasiados procedimientos heterogéneos en la aplicación de la misma. El objetivo de la misma es reconocer y validar la vulnerabilidad emocional que presentan los pacientes y proporcionar las habilidades necesarias para la regulación de las emociones. Además, contempla el entrenamiento en habilidades para mejorar las relaciones interpersonales, el control de conductas impulsivas o que atenten contra la calidad de vida, la flexibilización de los patrones cognitivos y la mejora del sentido de la identidad personal.

Bibliografía:

Beck. A,  Freeman. A, y Davis. D et al. (1990-2004). Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad. Ediciones Paidós Ibérica, S.A. 219-248.

Caballo. V. E. (1998). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Formulación clínica, medicina conductual y trastornos de relación. Siglo XXI de España Editores, S.A. (2), 518-522.


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18 marzo, 2019 Psicologia Clínica

La fobia social se define como «un temor acusado y persistente a una o más situaciones sociales o de actuación en público en las que la persona se ve expuesta a gente desconocida o al posible escrutinio por parte de los demás. El sujeto teme actuar de alguna manera (o mostrar síntomas de ansiedad) que pueda ser humillante o embarazosa». Generalmente, los sujetos con fobia social temen que ese escrutinio sea embarazoso, humillante, les haga aparecer como tontos o sean evaluados negativamente. Esto es claramente fobia “social”, porque dichos sujetos no tienen dificultades cuando realizan las mismas tareas en privado. «La conducta se deteriora sólo cuando los demás les están observando» Además, las situaciones sociales o de actuación en público se evitan o se soportan con una ansiedad intensa, los síntomas del trastorno interfieren de manera importante con el funcionamiento del individuo en una o más áreas y/o se da un notable malestar por el hecho de padecer la fobia. Las situaciones sociales más frecuentemente temidas por los sujetos con fobia social incluyen entre otras:

  • Iniciar y/o mantener una conversación.
  • Quedar con alguien.
  • Asistir a una fiesta
  • Hacer y recibir cumplidos.
  • Asistir a reuniones o congresos.
  • Actuar ante otras personas.
  • Hablar en público.
  • Comer y/o beber en público.

El síntoma conductual más habitual de la fobia social es la evitación de las situaciones temidas. Por definición, los sujetos con fobia social temen o evitan situaciones en las que es posible la observación por parte de los demás.

 

LA EVALUACIÓN

La evaluación de la fobia social, lo mismo que de las otras fobias, debería estructurarse para considerar de forma sistemática los síntomas fisiológicos, conductuales y subjetivos y las reacciones a ellos. La gravedad de la fobia puede estimarse si nos enteramos del grado en que interfiere con la vida diaria, incluyendo la capacidad para trabajar y para llevar a cabo relaciones normales. Para la evaluación de las fobias sociales podemos servirnos de:

  • Entrevistas iniciales semi-estructurada.
  • Medidas conductuales.
  • Instrumentos de autoinforme:
  • Escala de ansiedad social, de Liebowitz (Liebowitz social anxiety scale, lsas).
  • Escala de fobia social (Social phobia scale, sps) y Escala de ansiedad ante la interacción social (Social interaction anxiety scale, sias).
  • Inventario de ansiedad y fobia social (Social phobia and anxiety inventory, spai; Turner et al., 1989).
  • Escala de ansiedad y evitación social (Social avoidance and distress scale, sad) y Temor a la evaluación negativa (Fear of negative evaluation, fne).

 

EL TRATAMIENTO

La fobia social puede ser tratada hoy día con eficacia por medio de intervenciones cognitivo-conductuales. Aunque todavía quedan muchos problemas por resolver, sí podemos señalar que la posición cognitivo-conductual plantea tratamientos empíricamente validados para la fobia social.

Tradicionalmente se ha dividido el tratamiento cognitivo-conductual de la fobia social en cuatro tipos de procedimientos: estrategias de relajación, entrenamiento en habilidades sociales, exposición y reestructuración cognitiva.

Procedimientos cognitivo-conductuales: el procedimiento más frecuentemente utilizado es la exposición, seguida por el entrenamiento en habilidades sociales y algún tipo de reestructuración cognitiva (terapia racional-emotiva, terapia cognitiva de Beck, entrenamiento en autoinstrucciones), la desensibilización sistemática y alguna clase de relajación.

El entrenamiento en habilidades sociales: es un grupo de técnicas que intenta enseñar conductas interpersonales apropiadas con el fin de mejorar la competencia interpersonal de los individuos en clases específicas de situaciones sociales. Su aplicación al tratamiento de la fobia social se basa en la idea de que las personas con fobia social carecen de las habilidades sociales adecuadas, tanto verbales como no verbales.

Estrategias de relajación: esta estrategia aplicada a la fobia social se basa en la noción de que estas técnicas proporcionarán al paciente medios para afrontar la ansiedad. La exposición a las situaciones temidas de la vida real se ha aceptado desde hace tiempo como un componente básico para la reducción eficaz del miedo y su objetivo es extinguir la respuesta condicionada de temor (RC) ante los estímulos (o situaciones sociales) condicionados (EC) al exponer repetidamente a los sujetos a estas situaciones condicionadas sin que ocurra un estímulo aversivo incondicionado (EI).

En la actualidad surgen nuevas vías para el tratamiento de la fobia social, un ejemplo lo encontramos en la implementación de la Realidad Virtual para el tratamiento de diversos trastornos, este tratamiento junto a otros pertenece a las terapias de tercera generación o tercera ola.

Por ejemplo, para la fobia de hablar en público, con la RV se pretende recrear un entorno virtual parecido a un aula o auditorio, donde puede llevarse a cabo una conferencia delante de un grupo de personas virtuales (avatares). Dichos avatares pueden presentar diferentes tipos de comportamientos y actitudes, intentando elicitar ansiedad en la persona que debe hablar ante ellos.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

American Psychiatric Association., Kupfer, D. J., Regier, D. A., Arango López, C., Ayuso-Mateos, J. L., Vieta Pascual, E., & Bagney Lifante, A. (2014). DSM5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5a ed.).

Caballo, V. E., Andrés, V., & Bas, F. (1997). Fobia social. Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos, 1, 25-87.

García-García, E. S., Rosa-Alcázar, A. I., & Olivares-Olivares, P. J. (2011). Terapia de exposición mediante realidad virtual e internet en el trastorno de ansiedad/fobia social: Una revisión cualitativa. Terapia psicológica, 29(2), 233-243.

Rodríguez, J. O. (2009). Evaluación y tratamiento de la fobia social en población infanto-juvenil de los países de habla española y portuguesa. Anuario de psicología/The UB Journal of psychology, 40(1), 7-21.


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29 enero, 2019 Psicologia Clínica

Este trastorno de personalidad se caracteriza por un patrón general de excesiva emotividad, una búsqueda de atención que comienza al principio de la edad adulta y que se da en diversos contextos, como lo indican 5 o más de los siguientes puntos:

» No se siente cómodo en las situaciones en las que no es el centro de atención.

» Interacciona con los demás suele caracterizarse por una conducta sexualmente seductora o    provocadora.

» Expresión emocional superficial y oscilante.

» Utilización permanentemente del aspecto físico para llamar la atención sobre sí mismo.

» Modo de hablar subjetiva y carente de matices.

» Tendencia a la autodramatización, teatralidad y exagerada expresión emocional.

» Sugestionable, influenciable por los demás o por las circunstancias.

» Considera sus relaciones más íntimas de lo que son realmente.

 

EVALUACIÓN DEL TRASTORNO DE PERSONALIDAD

Los trastornos de personalidad se asocian a diferentes dificultades en emociones, conductas y pensamientos, así como en las relaciones sociales y en el funcionamiento diario, por lo que debemos evaluar para conocer la afectación que está produciendo y poder acabar con las conexiones que están manteniendo la dificultad.

Por tanto, debemos realizar una evaluación global de todos los aspectos mencionados:

» Biológico: revisión médica, analítica general y vitamínico, hormonal, exploración de la medicación.

» Condiciones médicas, enfermedades.

» Historia biográfica.

» Hábitos de vida.

» Creencias: mitos o ideas sobre el mismo, actitud hacia el mismo e incluso actitud de las familias de origen (ideas, conductas, comentarios…).

» Circunstancias de vida: trabajo, pareja, hijos, amigos, economía, etc.

» Factores psicológicos: ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima, evaluar como factores de inicio o de mantenimiento.

» Soluciones intentadas.

» Descripción subjetiva de lo que le ocurre, de su vivencia.

» Antecedentes y consecuentes: qué factores anteceden y han influido y qué factores posteriores ha provocado a corto plazo y largo plazo.

» Consumo de sustancias y/o alcohol.

» Adaptación social, escolar, laboral, etc.

Otros temas importantes a evaluar son:

  • Valorar la actividad diaria de la persona.
  • Habilidades hacer frente.
  • Habilidades sociales.
  • Activación psicofisiológica.
  • Conductas autolesivas.
  • Sensaciones en relación a conductas sociales y reacciones y pensamientos sobre las demás personas.
  • Recoger información de la familia (contrastar).

 

INTERVENCIÓN EN TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que cuando un paciente acude a consulta, lo primordial es garantizar su salud, si existe un riesgo para su vida o autolesiones severas, recomendamos derivar para un ingreso hospitalario.

En las principales técnicas de intervención por trastornos se buscan los siguientes objetivos:

» Lograr la desaparición o disminución de todas aquellas conductas problema que dificultan o impiden un adecuado funcionamiento en su medio ambiente social.

» Mejorar la repercusión emocional o trastornos del estado de ánimo asociados.

» Distorsiones cognitivas o esquemas cognitivos nucleares (Beck y Freeeman., 1995): Deberemos intervenir sobre los esquemas rígidos, inflexibles, sobreaprendidos, hiperactivos y sobre todo desadaptativos y resistentes a los cambios. Estos esquemas pueden encontrarse en el origen de pautas de conducta disfuncionales. Al comienzo pasarán inadvertidos por la persona, pero con entrenamiento aumenta la capacidad de darse cuenta y de modificarlos.

 

Tratamiento específico para el trastorno de personalidad histriónico

» Terapia cognitivo conductual: entre sus objetivos está el de modificar los esquemas disfuncionales de las personas que tienen este trastorno («no me hacen caso»), así como una modificación de la conducta asociada (trabajo fomento empatía, habilidades comunicación, regulación emocional, autocontrol conductas seductoras).


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29 enero, 2019 Psicologia Clínica

Este trastorno se caracteriza por un patrón general de preocupación por el orden, perfeccionismo, control mental e interpersonal, a expensas de la flexibilidad, espontaneidad, eficacia, que empieza al comienzo de la edad adulta y se produce en diversos contextos, como lo indican 4 o más de los siguientes ítems.

» Preocupación por detalles, normas, listas, orden, organización, horarios, hasta el punto de perder de vista el objetivo nuclear de la actividad.

» Perfeccionismo que interfiere con la finalización de las tareas. Por ejemplo, la no finalización de un proyecto porque no cumple sus auto-exigencias estrictas.

» Dedicación excesiva al trabajo y a la productividad con exclusión de las actividades de ocio y las amistades (no se puede atribuir a necesidades económicas).

» Excesiva terquedad escrupulosidad e inflexibilidad en temas de moral, ética o valores (no atribuible a la cultura o la religión).

» Incapacidad para tirar objetos gastados o inservibles, incluso cuando no poseen un valor sentimental.

» Reacio a delegar tareas o trabajos en otros, a no ser que estos se sometan de forma exacta a su forma de hacer las cosas.

» Adopta un estilo avaro en los gastos para él y para los demás: el dinero es considerado algo a acumular con vistas a catástrofes futuras.

» Muestra rigidez y obstinación.

 

EVALUACIÓN DEL TRASTORNO DE PERSONALIDAD

Debemos realizar una evaluación global de todos los aspectos mencionados:

» Biológico: revisión médica, analítica general y vitamínico, hormonal, exploración de la medicación.

» Condiciones médicas, enfermedades.

» Historia biográfica.

» Hábitos de vida.

» Creencias: mitos o ideas sobre el mismo, actitud hacia el mismo e incluso actitud de las familias de origen (ideas, conductas, comentarios…).

» Circunstancias de vida: trabajo, pareja, hijos, amigos, economía, etc.

» Factores psicológicos: ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima, evaluar como factores de inicio o de mantenimiento.

» Soluciones intentadas.

» Descripción subjetiva de lo que le ocurre, de su vivencia.

» Antecedentes y consecuentes: qué factores anteceden y han influido y qué factores posteriores ha provocado a corto plazo y largo plazo.

» Consumo de sustancias y/o alcohol.

» Adaptación social, escolar, laboral, etc.

Otros temas importantes a evaluar son:

  • Valorar la actividad diaria de la persona.
  • Habilidades hacer frente.
  • Habilidades sociales.
  • Activación psicofisiológica.
  • Conductas autolesivas.
  • Sensaciones en relación a conductas sociales y reacciones y pensamientos sobre las demás personas.
  • Recoger información de la familia (contrastar).

 

INTERVENCIÓN EN TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Los tratamientos de personalidad se encuentran bien establecidos y han probado su eficacia (Echeburua et al., 1999; Romero et al., 2001). Sin embargo, algunos autores señalan que la TCC es más eficaz en el trastorno límite, en el trastorno por evitación y en el trastorno dependiente, siendo menos eficaz en el esquizoide, el antisocial y el narcisista (Caballo, 2001).

Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que cuando un paciente acude a consulta, lo primordial es garantizar su salud, si existe un riesgo para su vida o autolesiones severas, recomendamos derivar para un ingreso hospitalario.

En las principales técnicas de intervención por trastornos se buscan los siguientes objetivos:

» Lograr la desaparición o disminución de todas aquellas conductas problema que dificultan o impiden un adecuado funcionamiento en su medio ambiente social.

» Mejorar la repercusión emocional o trastornos del estado de ánimo asociados.

» Distorsiones cognitivas o esquemas cognitivos nucleares (Beck y Freeeman., 1995): Deberemos intervenir sobre los esquemas rígidos, inflexibles, sobreaprendidos, hiperactivos y sobre todo desadaptativos y resistentes a los cambios. Estos esquemas pueden encontrarse en el origen de pautas de conducta disfuncionales. Al comienzo pasarán inadvertidos por la persona, pero con entrenamiento aumenta la capacidad de darse cuenta y de modificarlos.

 

Tratamiento específico para trastorno de personalidad obsesivo compulsivo

Terapia cognitivo conductual: busca modificar los esquemas disfuncionales de las personas que tienen este trastorno («debo hacerlo de tal forma», «no puedo…hasta que…», «si no lo hago…pasará…»), así como una modificación de la conducta asociada (aumento de la empatía y de la expresividad emocional, clarificación objetivos, toma de decisiones, eliminar del temor a cometer errores, acomodación de la realidad a las expectativas, entrenamiento en solución de problemas, programa de actividades).


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28 enero, 2019 Psicologia Clínica

 

 

Los trastornos de personalidad se tratan de uno de los temas más complicados a la hora de trabajar en psicoterapia y de los que es fundamental hacer un buen diagnóstico y comprender la afectación de la vida cotidiana. El trastorno límite, dentro de los trastornos de personalidad, es el que más atención ha recibido en cuanto a los tratamientos estructurados. No obstante, todos los trastornos de personalidad son importantes y hay que detectarlos y tratarlos lo más precozmente, ya que se producen desde edades muy tempranas y la persona afectada suele tener importantes repercusiones en su funcionalidad y adaptabilidad, por ello debemos trabajar desde una perspectiva integral.

Los rasgos de personalidad son patrones persistentes en la forma de percibir, relacionarse y pensar acerca del entorno, además de sobre uno mismo, que se manifiestan en diferentes contextos sociales y personales.

Solo constituirán un trastorno de personalidad cuando los rasgos de personalidad sean desadaptativos, inflexibles y que se mantienen a lo largo del tiempo, produciendo un deterioro funcional significativo y/o un malestar subjetivo.

El DSM-5 añade una serie de modificaciones con respecto a los anteriores sistemas clasificatorios:

» Concepto trastorno personalidad: el DSM-5 (Apa, 2013), añade la idea de «fracaso en la adaptación» desde la idea de deterioro en la identidad propia y/o fracaso en las relaciones interpersonales. Define trastorno de personalidad como un patrón de comportamientos y experiencias internas, generalizado, estable y que se produce desde la adolescencia.

No incluye los trastornos de personalidad en un eje diferenciado al resto de trastornos mentales.

» Tiene en cuenta la funcionalidad de la persona.

Los trastornos de personalidad tradicionalmente se han clasificado por medio de clúster o categorías. Sin embargo, se ha visto la ausencia de validez empírica que tiene este sistema clasificatorio. No obstante, a continuación, señalaremos la organización en grupos o clúster, ya que es importante conocer la nomenclatura tradicional y la forma de organizar cada trastorno, para poder ver la evolución que ha sufrido.

El DSM-5 (Apa, 2013) establece la siguiente clasificación:

» Trastornos de la personalidad: Grupo A. o Trastorno de la personalidad paranoide.

  • Trastorno de la personalidad esquizoide.
  • Trastorno de la personalidad esquizotípica.

» Trastornos de la personalidad: Grupo B. o Trastorno de la personalidad antisocial.

  • Trastorno de la personalidad límite.
  • Trastorno de la personalidad histriónica.
  • Trastorno de la personalidad narcisista.

» Trastornos de la personalidad: Grupo C. o Trastorno de la personalidad evitativa.

  • Trastorno de la personalidad dependiente.
  • Trastorno de la personalidad obsesivo-compulsiva.

» Otros trastornos de la personalidad. o Cambio de la personalidad debido a otra afección médica. Especificar si: tipo lábil, tipo desinhibido, tipo agresivo, tipo apático, tipo paranoide, otro tipo (tipo combinado y tipo no especificado).

  • Otro trastorno de la personalidad especificado.
  • Trastorno de la personalidad no especificado.

 

EVALUACIÓN DE LOS TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Los trastornos de personalidad se asocian a diferentes dificultades en emociones, conductas y pensamientos, así como en las relaciones sociales y en el funcionamiento diario, por lo que debemos evaluar para conocer la afectación que está produciendo y poder acabar con las conexiones que están manteniendo la dificultad.

Por tanto, debemos realizar una evaluación global de todos los aspectos mencionados:

» Biológico: revisión médica, analítica general y vitamínico, hormonal, exploración de la medicación.

» Condiciones médicas, enfermedades.

» Historia biográfica.

» Hábitos de vida.

» Creencias: mitos o ideas sobre el mismo, actitud hacia el mismo e incluso actitud de las familias de origen (ideas, conductas, comentarios…).

» Circunstancias de vida: trabajo, pareja, hijos, amigos, economía, etc.

» Factores psicológicos: ansiedad, estrés, depresión, baja autoestima, evaluar como factores de inicio o de mantenimiento.

» Soluciones intentadas.

» Descripción subjetiva de lo que le ocurre, de su vivencia.

» Antecedentes y consecuentes: qué factores anteceden y han influido y qué factores posteriores ha provocado a corto plazo y largo plazo.

» Consumo de sustancias y/o alcohol.

» Adaptación social, escolar, laboral, etc.

Veamos los instrumentos de evaluación trastornos de personalidad:

» Cuestionario Clínico Multiaxial de Millon tres versiones (MCMI-I, MCMI-II y MCMI-III; Millon, 1983, 1987; Millon, Millon y Davis, 1994): el MCMI-III consta de 175 ítems que valora trastornos clínicos de personalidad. Obtienen puntuaciones distribuidas en 11 patrones clínicos de personalidad: esquizoide, evitativo, depresivo, dependiente, histriónico, narcisista, antisocial, pasivo-agresivo, autodestructiva y otros 3 rasgos patológicos: esquizotípico, paranoide y límite.

Consta de 4 índices que permiten evaluar la validez del protocolo y 24 escalas clínicas agrupadas de acuerdo con el nivel de gravedad: Patrones clínicos de personalidad, Patología grave de la personalidad, Síndromes clínicos y Síndromes clínicos graves.

» Inventario de personalidad multifásico de Minnesota MMPI-II (Hathaway y McKinley, 1943): consta de 567 ítems. Tiene 3 escalas de validez: mentira (tendencia a mostrarse moral y culturalmente favorable), incoherencia (tendencia a mostrar actitudes y conductas desfavorables para sí mismo), corrección (tendencia a negar o admitir determinadas conductas).

10 escalas: hipocondría, depresión, histeria, desviación psicopática, masculinidad-feminidad, paranoia, psicastenia, esquizofrenia, hipomanía, introversión social.

Escalas de contenido: ansiedad, miedos, obsesividad, depresión, preocupaciones por la salud, pensamiento extravagante, hostilidad, cinismo, conductas antisociales, comportamiento tipo A, baja autoestima, malestar social, problemas familiares, interferencia laboral, indicadores negativos de tratamiento.

» Inventario de personalidad de Eysenck EPQ (Eysenck, 1964): compuesto por 57 ítems con posibilidad de respuesta sí/no. Está compuesto por dos formas:

A: Extroversión versus introversión.

  1. Neuroticismo versus control.

Dando lugar a diferentes tipos de personalidad:

  • Colérico.
  • Melancólico.
  • Flemático.
  • Sanguíneo.

Examen Internacional de los Trastornos de la Personalidad (I.P.D.E) (Loranger et al., 1987): existen dos versiones de la entrevista. En el módulo DSM-4 encontramos 99 ítems, con un cuestionario de 77 ítems.

Otros temas importantes a evaluar son:

  • Valorar la actividad diaria de la persona.
  • Habilidades hacer frente.
  • Habilidades sociales.
  • Activación psicofisiológica.
  • Conductas autolesivas.
  • Sensaciones en relación a conductas sociales y reacciones y pensamientos sobre las demás personas.
  • Recoger información de la familia (contrastar).

 

INTERVENCIÓN EN TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Los tratamientos de personalidad se encuentran bien establecidos y han probado su eficacia (Echeburua et al., 1999; Romero et al., 2001). Sin embargo, algunos autores señalan que la TCC es más eficaz en el trastorno límite, en el trastorno por evitación y en el trastorno dependiente, siendo menos eficaz en el esquizoide, el antisocial y el narcisista (Caballo, 2001).

Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que cuando un paciente acude a consulta, lo primordial es garantizar su salud, si existe un riesgo para su vida o autolesiones severas, recomendamos derivar para un ingreso hospitalario.

En las principales técnicas de intervención por trastornos se buscan los siguientes objetivos:

» Lograr la desaparición o disminución de todas aquellas conductas problema que dificultan o impiden un adecuado funcionamiento en su medio ambiente social.

» Mejorar la repercusión emocional o trastornos del estado de ánimo asociados.

» Distorsiones cognitivas o esquemas cognitivos nucleares (Beck y Freeeman., 1995): Deberemos intervenir sobre los esquemas rígidos, inflexibles, sobreaprendidos, hiperactivos y sobre todo desadaptativos y resistentes a los cambios. Estos esquemas pueden encontrarse en el origen de pautas de conducta disfuncionales. Al comienzo pasarán inadvertidos por la persona, pero con entrenamiento aumenta la capacidad de darse cuenta y de modificarlos.

 

Bibliografía

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.).Washington, DC: APA.

Echeburua, E. y Corral, P. (1999). Avances en el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos de personalidad. Análisis y Modificación de conducta.

Beck, A. y Freeman, A. (1995). Terapia cognitiva de los trastornos de la personalidad. Barcelona: Paidós.

Romero, E.Q., y Pérez, J.M.E. (2001). Tratamientos psicológicos eficaces para los trastornos de personalidad. Psicothema.


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10 diciembre, 2018 Psicologia Clínica

TRASTORNO DE ANSIEDAD POR SEPARACIÓN

Es un trastorno de ansiedad que se presenta en general en niños y adolescentes, caracterizado por un ansiedad excesiva cuando no están con las principales personas a quienes están apegados, como los padres, los cuidadores o la pareja cuando es el caso, llegando a ser incapaces de quedarse solos, ir a la escuela o a algún otro lugar sin compañía. Estos chicos buscan estar siempre cerca de sus padres o cuidadores por miedo a la separación, pues temen que ocurra algo catastrófico como la muerte, un secuestro o un accidente grave, temas de los cuales frecuentemente presentan pesadillas.

Aunque en el desarrollo normal estas características pueden aparecer, inician alrededor de los 7 meses de edad, alcanzan su mayor intensidad después del primer año de vida y van disminuyendo alrededor de los 2 años y medio de edad. Cuando ocurre después de esta etapa se considera anormal.

A continuación se describen los criterios diagnósticos del DSM-5:

  • Miedo o ansiedad excesiva e inapropiada para el nivel de desarrollo del individuo, concerniente a su separación de aquellas personas por las que siente apego. Se pone de manifiesto por al menos tres de las siguientes circunstancias:
    • Malestar excesivo y recurrente cuando se prevé o se vive una separación del hogar o de las figuras de mayor apego.
    • Preocupación excesiva y persistente por la posible pérdida de las figuras de mayor apego o de que estas puedan sufrir un posible daño, como una enfermedad, calamidades o muerte.
    • Preocupación excesiva y persistente por la posibilidad de que un acontecimiento adverso (por ejemplo, perderse, ser raptado, tener un accidente, enfermar…) cause la separación de una figura de gran apego.
    • Resistencia o rechazo persistente a salir lejos de casa, a la escuela, al trabajo o a otro lugar por miedo a la separación.
    • Miedo excesivo y persistente o resistencia a estar solo o sin las figuras de mayor apego en casa o en otros lugares.
    • Resistencia o rechazo persistente a dormir fuera de casa o a pasar la noche sin estar cerca de una figura de gran apego.
    • Pesadillas repetidas sobre el tema de la separación.
    • Quejas repetidas de síntomas físicos (por ejemplo, dolor de cabeza, dolor de estómago, náuseas o vómitos) cuando se produce o se prevé la separación de las figuras de mayor apego.
  • El miedo, la ansiedad o la evitación es persistente dura al menos cuatro semanas en niños y adolescentes y típicamente seis o más meses en adultos.
  • La alteración causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, académico, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
  • La alteración no se explica mejor por otro trastorno mental.

Tratamiento

El tratamiento de los trastornos de ansiedad en niños y adolescentes suele administrarse a través de paquetes de intervención cognitivo-conductual; esta estrategia ha demostrado validez empírica. Sin embargo, la intervención deberá adaptarse al nivel de desarrollo cognitivo del niño y a sus características individuales. La familia será otro bastón importante dentro de la intervención psicológica.

Los paquetes de intervención cognitivo-conductual suelen incluir los siguientes componentes:

  • Entrenamiento en relajación
  • Exposición progresiva hacia los estímulos o situaciones estresantes (desensibilización sistemática, exposición, implosión…).
  • Modelado y entrenamiento en habilidades sociales.
  • Técnicas de condicionamiento operante.
  • Reestructuración cognitiva.
  • Estrategias de resolución de problemas.

Con respecto de las técnicas de intervención conductual, se describen la continuación las más utilizadas en niños y adolescentes:

La desensibilización sistemática consiste en exponer al sujeto ante la situación que le crea la ansiedad. Se hace de forma progresiva, de tal manera que al principio se le hace imaginar la situación o estímulo para llegar a exponerlo ante él. Junto con esta exposición se le aplica otro estímulo positivo para que asocie dicha situación a algo bueno.

Las técnicas de exposición consisten en enfrentar al sujeto de forma prolongada ante el estímulo o situación que le crea la ansiedad para que se produzca una respuesta de habituación. Por otro lado, el modelado se lleva a cabo siguiendo el procedimiento que se describe a continuación: al sujeto que sufre la ansiedad se le enseña de manera real, a través de vídeos, de dibujos o incluso de manera imaginada, cómo otras personas se enfrentan positivamente al estímulo o a la situación que le crea la ansiedad. De esta manera se dará un aprendizaje positivo de enfrentamiento.

Las técnicas de manejo de contingencias consisten en la entrega al sujeto de refuerzos positivos cuando se le expone ante el estímulo o la situación que le crea la ansiedad, los cuales se le retiran cuando no accede a exponerse.

Por último, las técnicas de autocontrol consisten en enseñar al sujeto algunas estrategias para enfrentarse de forma positiva a las situaciones que le crean ansiedad controlando las respuestas fisiológicas que le provoca.

En los casos en los que la evitación forme parte de los factores de mantenimiento del trastorno se incluirán técnicas de exposición. Será necesario graduar la exposición a la ansiedad para evitar la sensibilización ante el estímulo y no su habitación.

Por último, el establecimiento de un vínculo terapéutico seguro es una de las principales garantías de éxito de la terapia en trastornos de ansiedad, dadas las características de vulnerabilidad de los niños y adolescentes con este tipo de trastornos. Es también de utilidad aplicar otro tipo de estrategias, como técnicas proyectivas o el uso del juego simbólico, sobre todo en niños que no tienen un buen desarrollo del lenguaje.


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2 diciembre, 2018 Sin categoría

Trastorno de Pánico con o sin Agorafobia:  Criterios diagnósticos según DSM-V y tratamientos basados en la evidencia empírica (TBE).

 

La característica principal de los Trastornos de Pánico (TP) es la aparición de crisis de angustia o ataques de pánico recurrentes. A continuación, se explicarán las principales características del ataque de pánico, la agorafobia y el trastorno de pánico tomando como referencia las aportaciones de la última versión del Manual Diagnostico y Estadístico de los trastornos mentales, comúnmente conocido como DSM-V.

El Ataque de Pánico (AP) según el DSM-V se caracteriza por la presencia temporal o aislada de miedo o de malestar intenso, acompañado al menos de cuatro de los siguientes síntomas físicos y cognitivos: 1) Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca; 2) Sudoración; 3) Temblor o sacudidas; 4) Sensación de dificultad para respirar o de asfixia; 5) Sensación de ahogo; 6) Dolor o molestias en el tórax; 7) Náuseas o malestar abdominal; 8) Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo; 9) Escalofríos o sensación de calor; 10) Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueo); 11) Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo); 12) Miedo a perder el control o de “volverse loco”; 13) Miedo a morir.

Los Ataques de Pánico (AP) se pueden producir en el contexto de cualquier trastorno de ansiedad, así como en otros trastornos mentales y en algunas afecciones médicas. Por ello que es necesario anotarlo como un especificador. Por el contrario, el diagnóstico del Trastorno de Pánico no se utiliza como especificador ya que la presencia de un ataque de pánico esta englobada en los criterios para el trastorno.

Siguiendo con las consideraciones del DSM-V en torno al Ataque de Pánico (AP) hay que mencionar que este está definido como: la aparición súbita de miedo intenso o de malestar intenso que alcanza su máxima expresión en minutos y durante ese tiempo se producen al menos 4 de los síntomas mencionados en párrafos superiores. Además, añade la nota de que “La aparición súbita se puede producir desde un estado de calma o desde un estado de ansiedad”. Otra novedad de DSM-V con respecto al anterior manual es que tiene una mayor consideración sobre los aspectos culturales.

Criterios Diagnósticos para el especificador de Ataque de Pánico:

Nota: Los síntomas se presentan con el propósito de identificar un ataque de pánico. El ataque de pánico no es un trastorno mental y no se puede codificar. Los ataques de pánico se pueden producir en el contexto de cualquier trastorno de ansiedad, así como en otros trastornos mentales y en algunas afecciones médicas. Cuando se identifica la presencia de un ataque de pánico, se ha de anotar como un especificador (p.ej. “trastornos de estrés postraumático con ataque de pánico”). En el Trastorno de pánico la presencia de un ataque de pánico está contenida en los criterios para el trastorno y el ataque de pánico no se utiliza como un especificador.

La aparición súbita de miedo intenso o de malestar intenso que alcanza su máxima expresión en minutos y durante este tiempo se producen cuatro (o más) de los síntomas siguientes:

Nota: la aparición súbita se puede producir desde un estado de calma o desde un estado de ansiedad.

  1. Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardiaca.
  2. Sudoración.
  3. Temblor o sacudidas.
  4. Sensación de dificultad para respirar o de asfixia.
  5. Sensación de ahogo.
  6. Dolor o molestias en el tórax.
  7. Náuseas o malestar abdominal.
  8. Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
  9. Escalofríos o sensación de calor.
  10. Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueo).
  11. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo).
  12. Miedo a perder el control o a “volverse loco.”
  13. Miedo a morir.

Nota: se pueden observar síntomas específicos de la cultura. Estos síntomas no se cuentan como uno de los cuatro síntomas requeridos.

Por su parte la Agorafobia es otro trastorno que tradicionalmente ha estado muy relacionado con el Trastorno de Pánico (TP). Este trastorno se caracteriza por la ocurrencia de ansiedad al encontrarse en situaciones en la que escapar resulta muy difícil o podría no disponer de ayuda si aparecieran los síntomas del Trastorno de Pánico. Una novedad del DSM-V es que la agorafobia se ha eliminado como síndrome y se ha establecido como trastorno.

 

Criterios Diagnósticos para la Agorafobia:

  1. Miedo o ansiedad intensa acerca de dos (o más) de las cinco situaciones siguientes:
  2. Uso del transporte público (p. ej., automóviles, autobuses, trenes, barcos, aviones).
  3. Estar en espacios abiertos (p. ej., zonas de estacionamiento, mercados, puentes).
  4. Estar en sitios cerrados (p. ej., tiendas, teatros, cines).
  5. Hacer cola o estar en medio de una multitud.
  6. Estar fuera de casa solo.
  7. El individuo teme o evita estas situaciones debido a la idea de que escapar podría ser difícil o podría no disponer de ayuda si aparecen síntomas tipo pánico u otros síntomas incapacitantes o embarazosos (p. ej., miedo a caerse en las personas de edad avanzada; miedo a la incontinencia).
  8. Las situaciones agorafóbicas casi siempre provocan miedo o ansiedad.
  9. Las situaciones agorafóbicas se evitan activamente, requieren la presencia de un acompañante o se resisten con miedo o ansiedad intensa.
  10. El miedo o la ansiedad es desproporcionado al peligro real que plantean las situaciones agorafóbicas y al contexto sociocultural.
  11. El miedo, la ansiedad o la evitación es continuo, y dura típicamente seis o más meses.
  12. El miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.
  13. Si existe otra afección médica (p. ej., enfermedad intestinal inflamatoria, enfermedad de Parkinson), el miedo, la ansiedad o la evitación es claramente excesiva.
  14. El miedo, la ansiedad o la evitación no se explica mejor por los síntomas de otro trastorno mental, por ejemplo, los síntomas no se limitan a la fobia específica, a la situación; no implican únicamente situaciones sociales (como en el trastorno de ansiedad social) y no están exclusivamente relacionados con las obsesiones (como en el trastorno obsesivo compulsivo), defectos o imperfecciones percibidos en el aspecto físico (como en el trastorno dismórfico corporal), recuerdo de sucesos traumáticos (como en el trastorno de estrés postraumático) o miedo a la separación (como en el trastorno de ansiedad por separación).

Nota: se diagnostica agorafobia independientemente de la presencia de trastorno de pánico. Si la presentación en un individuo cumple los criterios para el trastorno de pánico y agorafobia, se asignarán ambos diagnósticos.

Ambos trastornos no están relacionados en el DSM-V como ocurría en el DSM-IV TR, sino que son dos diagnósticos distintos, con criterios separados. Este cambio pone de manifiesto que muchas personas con agorafobia no tienen síntomas de pánico. Por lo que la agorafobia ha quedado como un trastorno que puede o no ser comórbido con el Trastorno de Pánico (TP). En los nuevos criterios del DSM-V aparece una nota que plantea que, si una persona cumple los criterios para el trastorno de pánico y agorafobia, se asignaran los dos diagnósticos diferenciados.

Si nos centramos en el Trastorno de Pánico (TP), tal como hemos comentado unas líneas más arriba, en el DSM-5 desaparecen los diagnósticos de TP con agorafobia y TP sin agorafobia.

 

Criterios Diagnósticos del Trastorno de Pánico:

  1. Ataques de pánico imprevistos recurrentes. Un ataque de pánico es la aparición súbita de miedo intenso o de malestar intenso que alcanza su máxima expresión en minutos y durante este tiempo se producen cuatro (o más) de los síntomas siguientes:

Nota: La aparición súbita se puede producir desde un estado de calma o desde un estado de ansiedad.

  1. Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardiaca.
  2. Sudoración.
  3. Temblor o sacudidas.
  4. Sensación de dificultad para respirar o de asfixia.
  5. Sensación de ahogo.
  6. Dolor o molestias en el tórax.
  7. Náuseas o malestar abdominal.
  8. Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
  9. Escalofríos o sensación de calor.
  10. Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueo).
  11. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo).
  12. Miedo a perder el control o de “volverse loco.”
  13. Miedo a morir.
  14. Al menos a uno de los ataques le ha seguido un mes (o más) de uno o los dos hechos siguientes:
  15. Inquietud o preocupación continua acerca de otros ataques de pánico o de sus consecuencias (p. ej., pérdida de control, tener un ataque de corazón, “volverse loco”).
  16. Un cambio significativo de mala adaptación en el comportamiento relacionado con los ataques (p. ej., comportamientos destinados a evitar los ataques de pánico, como evitación del ejercicio o de las situaciones no familiares).
  17. La alteración no se puede atribuir a los efectos fisiológicos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a otra afección médica (p. ej., hipertiroidismo, trastornos cardiopulmonares).
  18. La alteración no se explica mejor por otro trastorno mental (p. ej., los ataques de pánico no se producen únicamente en respuesta a situaciones sociales temidas, como en el trastorno de ansiedad social; en repuesta a objetos o situaciones fóbicas concretos, como en la fobia específica; en respuesta a obsesiones, como en el trastorno obsesivo-compulsivo; en respuesta a recuerdos de sucesos traumáticos, como en el trastorno de estrés postraumático; o en respuesta a la separación de figuras de apego, como en el trastorno de ansiedad por separación).

 

Tratamientos basados en la evidencia empírica (TBE) para este trastorno:

La mayor evidencia empírica de la que disponemos en cuanto a tratamientos para el Trastorno de Pánico es la Terapia Cognitivo Conductual (TCC), además hay otras formas de psicoterapia como la Terapia Psicodinámica, Terapia de Apoyo, Psicoeducación y enfoques basados en Mindfulness. Además, contamos con varios protocolos diseñados específicamente para el TP, como el Programa de Tratamiento del Control del Pánico (TCP) del grupo de Barlow y el Programa de Terapia Cognitiva (TC) del grupo de Clark, ambos están validados empíricamente por la American Psychological Association.

Sin entrar en demasiado detalle, de forma general se podrá trabajar distintos aspectos, como, por ejemplo:

  • Llevar a cabo una buena psicoeducación, donde se abordarán aspectos tales como en que consiste el Trastorno de Pánico y Trastorno de Agorafobia junto con los Ataques de Pánico, explicación sobre los síntomas fisiológicos que el paciente experimenta, etc.
  • Relajación muscular, invitar al paciente a comprender la importancia de llevar a cabo una buena relajación muscular, entrenar al paciente en los ejercicios requeridos para llevar a término dicha relajación, etc.
  • Respiración antipánico, explicarle el sentido de la respiración antipánico y entrenamiento de la misma para que el paciente pueda ponerla en práctica antes un posible ataque de pánico.
  • Intervención cognitiva, se trabaja con los pensamientos del paciente, pensamientos anticipatorios al ataque de pánico, pensamientos rumiativos, etc.
  • Exposición interoceptiva, en este paso se trabaja con el paciente la exposición a los síntomas que normalmente experimenta ante un ataque de pánico tales como sudoración, aumento del ritmo cardiaco, sensación de mareo, de ahogo. El paciente se expone mediante unos ejercicios llevados a cabo en consulta que provocan las mismas sensaciones que las que el paciente tiene cuando manifiesta tener un ataque de pánico.
  • Exposición a situaciones agorafóbicas, en este caso se expondría al paciente a situaciones o lugares que le provoque miedo, como pueden ser ir en un trasporte público (autobús o metro), hacer cola en un supermercado, los espacios abiertos, los espacios cerrados.

 

Referencias Bibliográficas

American Psychiatric Association., Kupfer, D. J., Regier, D. A., Arango López, C., Ayuso-Mateos, J. L., Vieta Pascual, E., & Bagney Lifante, A. (2014). DSM-5: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5a ed.).

Barlow, D. H., & Cerny, J. A. (1988). Psychological treatment of panic. Guilford Press.

Barlow, D. H. (2004). Psychological treatments. American psychologist, 59(9), 869.

Barlow, D. H. (2013). Anxiety and its disorders: The nature and treatment of anxiety and panic. Guilford Publications.

López, A. B. (2001). Tratamientos psicológicos eficaces para la agorafobia. Psicothema, 13(3), 453-464.


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